domingo, 15 de diciembre de 2013

Daniel Calderón A.-Chile/Diciembre de 2013



EL HELADERO (Oficios)

Corría el mes de Junio  de 1962, en pleno Mundial de Fútbol, pasado el mediodía, de uno cualquiera de la semana. Oscarín un mozo estudiante, de doce años de edad, se descolgaba de uno de los tantos cerros del Gran Valparaíso, en dirección al plan, precisamente en las    inmediaciones de la Plaza  Echaurren, donde  a pocos metros se encontraba la calle Clave y la vetusta Sede del Ejército de Salvación o “El burro” para otros, ocupando  el segundo y tercer piso En su primer nivel, se encontraban  las instalaciones de la popular y reconocida  Heladería “La Llapa”, de propiedad de un respetado empresario, de nombre Queruín Leal.
    Oscarín, fue recibido por Don Pedro,  encargado de Personal y Heladeros, después de sonreírle y saludarlo cortésmente, le dijo: - ¡! Muchacho,   hoy ocuparás el termo  número dos, hasta nueva orden!!- Agregando -!!El día esta bueno para vender!!...¿Cuantos helados quieres?... El niño pensó…”El día está caluroso, unos veinte grados, además, hoy debuta nuestra Selección de Fútbol contra Suiza, me voy a arriesgar”. Sacó cuentas mentalmente y respondió: -Veinticinco de agua, treinta de leche con vainilla y cuarenta chocolitos. (Estaban   de moda, eran los de más salida). Enseguida le entregaron el pedido en dos bandejas plásticas.  Contó la mercadería y dio su conformidad.  Con orgullo aproximó, el termo de madera y terciado, color amarillo en los costados, con la publicidad en letras rojas, en forma ovalada   “Heladería La Llapa” y,  en la parte baja derecha, con letra manuscrita: “Queruín Leal”. La caja (termo) medía unos sesenta centímetros  de alto,  por medio metro de ancho y  el fondo, unos treinta y cinco centímetros. Ubicó con orden y prolijidad los helados, se despidió y salió en dirección al Muelle Prat.
Caminó por la calle Serrano, luego la Plaza Sotomayor, y en medio de esta, en forma automática y casi sin pensarlo, apareció su primer grito publicitario:-¡¡Helado, heladito,  chocolito, cremino, heladitoooo!!-Terminó su pregón con cero reacción de los transeúntes, parecía que no lo escuchaban,  porque nada se alteró.  Continuó su camino, en dirección al Muelle como lo había pensado. Hizo otros pregones ofreciendo su mercadería, con cero resultados. Se notaba poco movimiento, escasa gente y lanchas de pasajeros, pero lo que más se notaba era una fuerte competencia, había muchos heladeros en lugar.
Inmediatamente decidió: - “Mejor me voy para el Cerro Cordillera, allí tengo varios clientes. Además, estoy en el horario del Partido, y si gana Chile a Suiza,  de seguro cambiará mi suerte”. - Caminó hacia calle Blanco, paró  un bus y, subió por la puerta trasera ubicándose en la última butaca. Luego  aprovechó un momento para pagar el pasaje.  De regreso a su asiento, fue interceptado por una  dama acompañada con dos niños. Le preguntó: -¡! Te quedan helados!! - Si, Sí cómo no, señora, de cuáles? Chocolito, cremino, de agua, leche y vainilla. - Dame dos de leche y un chocolito pero que estén duritos. - ¿Cuánto es? -Bala para las matemáticas. - Cincuenta escudos. - Se  pagó y selló la primera venta, es la que cuesta, pensó.
La entrega elevó, en cierto modo, el ánimo del  estudiante trabajador que, sin darse cuenta había llegado a su destino,  la Población Marina Mercante, comunicada con calle Cañería, ésta con sus ondulaciones en forma de cinturón, recorre y abraza todo el cerro Cordillera,  la sede de su negocio, nació allí, y muchas cosas más. Sin darse cuenta, pasó la misteriosa y siniestra casa del “Lacho de la burra”. Todos los lugareños saben que, al caer la noche, el sector se torna satánico y todo puede ocurrir.  Nuestro personaje, siguió y siguió caminando, gritando sus congelados, con algunos gallitos incluidos, haciendo reír a los que lo escuchaban, especialmente a los niños: ¡! Helado, heladitoooo, chocolitooo, creminooo, heladitoooo!!- Aún  no había reacción de los  clientes. ¿Estaré muy desafinado en mis gritos? ¿He mantenido los precios?¿Trato bien a mi clientela? Lo  real,  el negocio no funcionaba y cuando uno tiene esa sensación, parece que el termo se pone más pesado.  No había excusas, había que seguir, los helados tienen su tiempo, se derriten y se transforman en pérdidas.
Continuó su  marcha, llegó a la altura de la calle Uno de la población Simón Bolívar. Decidió descansar al lado de un poste de alumbrado y se  sentó sobre la caja - porqué no decirlo - lo invadía el pesimismo.  Pasaron unos minutos, sus pensamientos no tenían ninguna importancia. Estaba en eso, cuando se sitió  un gran estruendo, acompañado de un relato deportivo. : ¡!Gol...Gool...Goool…Gooool….Goooooool… chilenoooooo…Leooonel Saaanchez, autoooor de la conquistaaaaaa¡¡. Se había olvidado que jugaba Chile contra Suiza, el primer partido  por el Mundial de Fútbol, que al poco  rato terminó, con un gran triunfo de nuestra oncena.             
La gente comenzó a salir de sus casas, especialmente niños, en su mayoría  conocidos del heladero. En ese momento se asociaron el calor y la victoria, lo que hizo subir considerablemente las ventas.  La cara de Oscarín se llenó con una gran sonrisa. Siguió avanzando, no había necesidad de gritar, los helados se vendían solos, era obvio.  El termo  estaba más liviano. Lo revisó. Hizo su primer cómputo: - Qué alegría, quedaban diez helados.-Continuaba caminando, alegre, vendiendo y caminando con   ritmo cumbiambero, hasta que llegó a su querida cancha “La sopera”, donde se desarrollaba una reñida pichanga de fútbol. Como de costumbre, sus amigos lo invitaron a participar. No se hizo de rogar, total  le quedaban dos helados. La ganancia estaba asegurada, descargó de sus hombros, la caja. - ¡!Que alivio¡¡. “Pichangueó” y  se divirtió hasta quedar extenuado. Terminó el mach con la boca seca y, se comió un helado y el otro que  quedaba, se lo dio a su gran amigo “Periquín”. Éste, como  siempre le dijo:- “Amigo, yo cargo la caja, seguro que estás cansado y esos zapatos de plástico, chirriando de jugo” - y lo acompañó a la fábrica a entregar el  termo.
  

1 comentario:

Rolando Aguilera dijo...

Interesante el relato pero comete un error garrafal: dice que corría el mes de Junio y ese día día jugaba su primer partido la selección chilena en el campeonato mundial de fútbol de 1962. La realidad es que Chile jugó su primer partido el día 30 de Mayo.
El relato es ágil pero tiene algunos errores de redacción.
Espero que siga escribiendo y mejorando.