sábado, 25 de marzo de 2017

Luis Tulio Siburu-Argentina/Marzo de 2017





Frente a la página en blanco 

Pienso en mis padres, los abuelos, el amigo de la infancia, el maestro de la primaria, la profesora de Lógica del bachillerato que me mandó a marzo, la pendeja del quinto que estaba rebien, el gol de chilena en el barrio contra barrio, el jefe de personal que insistía en la primer entrevista de trabajo que lo importante era la experiencia y no el diplomita, el teniente que rompía las pelotas con el cuerpo a tierra y – muchos años más tarde - como me partió la cabeza en el 82 la película The Wall con Pink Floyd, que enloquecía a mis hijos y un día me puse a mirar sólo porque quería entender cuál era la magia que los metía en otro mundo. Pucha si hay temas para empezar a escribir algo en este crepúsculo silencioso… y las letras no caen, las oraciones no desfilan, el segundo renglón queda lejísimo, la imaginación se ha ido a la reputamadre y no vuelve. Los hombros se van para adelante, como empujando hacia la pantalla de la compu un pensamiento de Hemingway, o un verso de Carriego…o al menos una frase de Dolina o un chiste de Tato..a esta altura cualquier cosa viene bien. Con tal que la turra página en blanco deje de mirarme cagándose de risa…
Apago el velador, las teclas quedan en la oscuridad, le digo a Lucy que voy a dar una vuelta y el fresco de la calle me recibe sonriendo. Camino, camino, como si quisiera bajar kilos pero en realidad quiero subir ideas.
Y de pronto el milagro. Me para un chico piel y huesos de seis, siete años, que sé yo, con melena sin peine, chomba sin plancha, panza sin merienda, zapatillas sin cordones y manos sin jabón. Me pide que lo ayude a cruzar la calle. Porque ve muy poco, susurra. Porque tiene miedo a los coches, explica. Porque no hay otro en la calle, comenta. Pienso pobrecito, que tiene una diabetes mucho más jodida que la mía.
En cinco segundos lo cruzo. En seis minutos estoy en casa. En siete saltos subo la escalera. En ocho minutos tengo una historia. A las nueve de la noche me doy cuenta que no hay que mirar tanto para adentro al pensar una historia de diez. La vida también transita por fuera

1 comentario:

Marcos Robledo dijo...

Pense que trataba de algo cultura invitando a certamenes literarios, pero leyendo esto es patetica la calidad literaria que promueven!!