martes, 23 de abril de 2019

Élida Rosales-Argentina/Abril de 2019



El Ramo

24 de diciembre, 1999. San Isidro. Camino Real.
Doce cubiertos sobre una mesa espléndida. Mantel de encaje con centro de flores y colgando de la araña un multicolor ramo de globos que parecían romper al   techo en su ascenso.
La abuela dijo:  escriban cada uno de ustedes, su deseos  y  no  olviden  atarlos  a  los   hilos   que  caen   sobre las  flores .
 Siempre   recuerdo esas copas y las comidas que ella preparaba. Sentados mis hermanos jóvenes y sonrientes comían las  exquisiteces
Ella   agregó a sus palabras, el de  Ignacio    como   es chiquito , lo escribo yo,  lo escribo yo Repitió.  
Alicia pidió:  Salud
Carlos:   Fortuna
Alejandro: Paz
Lilia:  Trabajo
Luis:  Amor
Heriberto: Sabiduría
Ignacio??? (tenía 3  años)

Llegó  la media noche y con nuestras copas, brindamos  por la abuela  y ,para que se cumplan todos los deseos.
El   jardín   nos recibió    con perfumes de jazmines   y  el cielo  limpio de nubes ,  pleno de  cadenas doradas  con  temblorosos  diamantes
Uno  a  uno fuimos  soltando los globos, algunos  se pincharon con las espinosas hojas de la araucaria y otros  se perdieron  en la cercanía de la luna
Quedó    solo un globo con   un  rojo papelito ,  atrapado en  la  enredadera  del  fondo . Hoy,  recuerdo que mi papá   ,rápido y fuerte   proclamó :  lo traeré de vuelta para que la abuela lo ate más fuerte.
La  tan  querida   y  sonriente   Azucena , (así  se llamaba  mi abuela)   exclamó; no olviden a este deseo  , los acompañará  siempre que   ustedes quieran.
¿Saben qué estaba escrito?    una palabra con mayúscula: ¡LA  ESPERANZA!
En   noches de luna llena, iluminando  el   camino  , veo  todavía la  sombra  de mi  querido globo  rojo.

Globo  solo
Sueño   rueda
nada queda
limpio  cielo
puro vuelo

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