sábado, 20 de marzo de 2021

Jorge Etcheverry-Argentina/Marzo de 2021


 

El falso profeta





                                                                       I

 

Cada año era como otra gota que caía sobre mi cabeza. Eso dijo antes de entender las palabras del mentado profeta. Proferidas como cintas de colores, como confeti que cae desde balcones en carnaval.

Disfrazado con ropa heterogénea y barata, como la de los millones de jóvenes a quienes pretendía llegar. El así llamado profeta (no por su propia elección pero paladeando el término) se puso una piel de oveja  para acercarse y ser creído y querido por esos jóvenes a la vera y posteriores a todas las religiones, a todos los ismos, que se aglomeraban en los malles o sus cercanías. 

Es que la urbe crecía y crecía pese a la oscura resistencia en su entraña o periferia. Sin importar las invocaciones a dioses, las autoinmolaciones que a veces asolaban los paseos públicos, la megaciudad se tragaba otro poblado, acogía en sus barriadas a otra horda de recién llegados que a poco andar ya no se distinguían del resto si no fuera por un cierto acento, una reliquia familiar cuyo mismo origen se tornaba borroso

La preparación de la cubierta del profeta (falso) duró un tiempo tan largo como incalculable. En una dura decisión para salvaguardar su ancestro que desaparecía, sus tradiciones moribundas, esa tribu o secta que lo originara optó por abolir el execrable calendario para volver a orientarse por el ciclo de las estaciones

Eso no les impedía la compra de armas de todo calibre de preferencia portátiles y de fácil uso empero igualadas o superadas por las de otras tribus que también las recibían—o ligeramente diferentes. Los ex países se desglosaban en variadas regiones de bordes tenues delimitados por los ires y venires que se sembraban de anécdotas sangrientas, de ignotas flores rojas de batallas y escaramuzas

Los mercaderes de armas mantenían el perfil más desdibujado posible en sus tratos con todos los poderes—políticos y adquisitivos, desde imperios a jefes locales con acceso a recursos—en vastas complicadas cadenas comerciales. Los sacerdotes y ancianos de las diversas tribus y sectas urgían a sus vasallos a reproducirse para contar con nuevas huestes para las guerras del futuro. O Acaso la misma guerra que seguía su curso desigual al correr de las décadas

Pero eso no entraba en los cálculos de la obsesión del falso profeta que como una flor roja de pétalos carnosos le comía la vida mental desde la temprana adolescencia

 

 

 

II

Otra cosa sería si alguien me viera a mí desde la vereda del frente. Otra cosa yo mismo cuando me salgo al encuentro en escaparates, desde espejos,  desde ventanas súbitas que reflejan sin permiso

Una figura delgada de edad indefinible. De más cerca un rostro magro, sin las gafas negras los ojos oscuros, la frente medio saliente, las cejas ya blancas que se hirsutan un poco y muestran el corte de unas tijeras baratas—ya no estamos para muchas pretensiones

 

Tengo que mencionar ropa en tono oscuro de preferencia el negro, más bien ajustadas, el paso más bien rápido

 

El falso profeta se caracteriza en cambio por la ropa clara, de tonos pastel, más bien holgada, los músculos un poco salientes como tanto joven esteróidico. Una cara abierta de rasgos un poco acentuados, que se ofrece al mundo

 

Con paso rápido, como animal de presa desatado en las calles, entra en cafés con su computadora o su tableta portátil, con ojos predadores estima su efecto en las jóvenes que toman café y estudian y se ostentan desde las mesas, los sillones. Su disfraz lo mimetiza en ese círculo normal y a la moda. Breve es el examen que aprueba la marca de sus zapatillas, el corte de su pelo, el logo de su polera. Esas mentes y ojos nacientes lo aceptan como uno de ellos. El jubilado que lee el diario solo levanta un segundo sus casi desdeñosos ojos azules  y su mirada resbala apenas con tedio sobre esa imagen que pasa, una de tantas

 

Al tiempo que las fotos tomadas vía satélite sin que sepan los afectados, esas diminutas sombras que parecen danzar enarbolando fusiles en la meseta gélida a muchos kilómetros del poblado más cercano—alrededor de las cabezas cercenadas, los cuerpos con miembros doblados en imposibles ángulos esparcidos sobre la tierra—ahora encienden un fuego donde parece que asan a un enemigo capturado. 

 

La resolución del video que pasa casi directamente a las redes noticiosas más grandes, con más audiencia en la hora de mayor sintonía, permite incluso ver el blanco del ojo y de los dientes de las figuras ahora casi al alcance de la mano cuando la gente se toma su café—el primero—mientras ve las noticias en la mañana

 

Simbólicos pájaros de todos los colores del arcoíris, otros infrarrojos, ultravioletas o de gamas de colores nunca vistas por humanos pero que por ejemplo sí perciben los insectos

Quieren ser desplegados sobre páginas sobre todo electrónicas para desde allí sobrevolar los hechos capitales o no que como una cinta sin fin se suceden uno tras otro no tan sólo desde los medios y pantallas más oficiales sino por la red intangible pero tupida que comunica entre ellos a quienes portan estos aparatos de funcionalidad múltiple que ahora están al alcance de casi cualquier bolsillo

Desde el inconsciente de los hombres (y las mujeres) a la postre y en definitiva y aunque se pretenda y piense lo contrario

 

Se han levantado siempre pájaros/aves que copian a sus homólogos y análogos concretamente alados que surcan esa atmósfera, cercanos al cielo que es abierto y en el peor de los casos vacío, pero carente de esas pulsiones de la carne que rodea al inconsciente—genético, ancestral colectivo— lo que se quiera que dé más plata y publicaciones

 

Entonces se dice en las publicaciones revisadas por colegas (en inglés peers) que esos símbolos quieren decir algo, apuntan hacia algo, refieren a algo—siempre respecto a la vida concreta que se desarrolla afuera en esa carne ciega, en las calles y plazas de las sociedades, bajo la forma humana

La adicción se cernía sobre el profeta (falso entre los otros por su necesidad de disfrazarse) y sobre mis propias entrañas, mi cabeza cuando elucubraba, mi cuerpo cuando me movía inmerso en la rutina cotidiana—siempre igual a sí misma no importa dónde. Puedo mencionar al alcohol, los cigarrillos en mi caso

 

En algún momento la cosa llegaba un poco a mayores. Ni siquiera debo mencionar el sexo, resquicios de una temprana educación cristiana lo prohíben

Ni tampoco los sueños y ensueños a que solía entregarme y que no tematiza casi ninguna literatura

Me pregunto quizás un poco retóricamente sobre los sueños y ensueños a que se entregaba (y se entrega) el falso profeta

 

 


III

 

Invernando en el confinamiento artificial pero bastante vivible que el Hemisferio Norte Desarrollado proporciona a gran parte de sus habitantes durante los días gélidos de los extremos inviernos aún no conjurados por el Progreso, la Tecnología, la doma y usufructo de la Naturaleza por los que bregaban, rezaban y sudaban los cristianos protestantes de todos los pelajes y más aún aquellos provenientes de sectas, profetas, escisiones, cenáculos y confraternidades de origen calvinista que veían en todo signo del éxito personal (material y monetario) una huella del dedo benévolo de la Divinidad. Todo como una bandada de pájaros ambiguos el eco de cuyo graznido percibimos a la distancia. Pero a lo que iba, el falso profeta  estaba biding his time como se dice por aquí—inadvertidamente estoy señalando cosas que lamentaré más  tarde, que mis persecutores sabrán aprovechar, por ejemplo esta confesión involuntaria de mi ajenidad y arribo tardío a ciertos parajes

 

Haciendo tiempo como decimos nosotros en el Otro Hemisferio, preparando sus armas psicológicas, su discurso engañador, asimilando más aún a este medio su aspecto común y corriente de joven de apariencia imprecisa pero agradable y franca, con el que uno se podría topar sentado en un bus o en el metro, trabajando en un MacDonald’s o un Harvey’s o en la sucursal de su barrio del banco cuando va a pagar una cuenta. Bastándole y sobrándole para los menesteres del Diario Vivir los fondos a que nos referíamos antes, recolectados en variadas partes del mundo por manos maldecidas y abundantes en parajes sumamente reluctantes a toda imaginación occidental, incluso la nuestra que por otro lado no carece de límites ni mucho menos y que pese a lo que pudiera parecer nos hace guiños traicioneros revelándonos como invento, quimera, delirio o falsa memoria esos contenidos tan anecdóticos como vastos en los que basábamos nuestra próxima movida

 

Que se derrumba entonces como castillo de naipes o las piezas de ajedrez que vuelan por los aires junto con el tablero gracias al palmotazo irritado y súbito del mal perdedor

 

Pájaros oscuros y salvajes eran los que se agolpaban frente a su ventana o parecían anidar en los recovecos de concreto y hielo  que proporcionaba el alero del techo—porque el Falso Profeta también tiene a su haber un cierto comando o alianza o pertenencia con una parte de ese todo (o a lo mejor nos parece) de la naturaleza que según las visiones maniqueas desde los Neandertal a estos días tendría dos caras, pero de la misma moneda, entonces él sería el sello y yo y nosotros la cara, o el revés y el derecho, concepción que obviamente no podemos aceptar

 

 

 

 

 

IV

Pero el Falso Profeta y su incansable incalculable enemigo—así calificado porque él mismo quería creer que su persona social, cultural y ética encarnaba por así decir la inmensa mayoría de las personas individuales que conformaban las muchedumbres humanas encaminadas hacia su supervivencia bajo condiciones todavía humanas y en un pacto de equilibrio con la naturaleza y el resto del universo

 

No se lo puede culpar y yo menos que nadie, ya que en el fondo más o menos aislado en su tarea, bastante imprecisa por lo demás y que vagamente se enmarcaba—quería creer—en una concepción a la postre maniquea del bien que lucha con el mal—creo que ya he hablado de esto—común a todos los mitos y religiones, las interpretaciones históricas, incluso las más materialistas y científicas

Y es que el Falso Profeta posiblemente se hacía las mismas ilusiones—desde su lado de la cancha—como centro delantero y arquero de su equipo también esperaba que se pudieran meter más goles. Para él también las camisetas de sus jugadores eran blancas o del color que sea que en su cultura simboliza la pureza y las de los otros negras o desprovistas de color, forma o  características reconocibles, en otras palabras la Nada, pero eso sería más bien fruto de una mente que se formó en un medio bastante sofisticado, digamos en un país de la Europa Occidental o en la universidad de alguna urbe latinoamericana, preferentemente del Cono Sur

 

 

 

V

Dime cuenta entonces que estaba desbrujuleado, que por seguir de la mejor manera posible mis impulsos, llevando por esa noción en la que esa cosa de la vitalidad, de los instintos, de obedecer a eso que se llama el inconsciente que nos penaba antes cuando la razón era ama y señora me lancé a escribir y a vivir en consonancia, una cierta cosa, en realidad no existía la vanguardia, no había existido nunca, se trataba de poder captar lo que estaba latiendo en los tropismos de todo un género, una especie, que ahora parecía que por fin se estaba encaminando a su extinción. Es que con un poqueque de masoquismo caído, con un ojo siempre puesto en la fuente de los morlacos, las menciones en artículos, las críticas donde convenía , pero al mismo tiempo haciendo sus numeritos, tomando, botándose a la bohemia para hacerse atractivos, los poetas estaban con el ojo al charqui para ver que podían sacar de todo esto

 

A eso no me ayudaba mi capacidad de meterme en toda clase de líos, ya sea de mujeres—debo reconocer que soy positivamente hetero—políticos, incluso cargando fierros cuando se suponía que había que cargarlos—y salir más o menos indemne hasta la otra vuelta, mientras mis coetáneos con menos dotes genéticas y un poco más lentos de sesera, o más vivarachos terminaban ya sea en la tumba o en las academias, con un buen pasar y con los galardones de las pasadas aventurillas para engalanar sus currículum

 

Llegado a la edad en que ya se avizora la mina definitiva, la muerte que se sigue representando a la femenina, con vestido largo y negro, delgadita decidí que había que buscar la madre del cordero, total los otros ya se estaban jubilando de las pegas y ya no podían tirar como antes, tomar como antes, incluso comer como antes se convertían en otros viejos como los otros más dejados de la mano de dios, con las mismas limitaciones y trataban de que les reconocieran el bolichito que se habían armado, los despelotes en que se habían metido, para ver si se les concedía un lugarcito en los libros de historia.

 

Algunos rememoraban con ternura, con lágrimas en los ojos, las andanzas juveniles y parecían querer decir que eran los mismos de antes, de los años bravos, pero no nos convencían y no se convencían ellos tampoco, pero nosotros, por nuestra parte y a medida de nuestras limitaciones, estábamos en las mismas

 

 

 

 

VI

El horror que se despliega se expresa con una sintaxis de crucifixiones decapitaciones. Se llena de tierra lentamente la boca de los enterrados vivos. Todo un hemisferio se apresta a decorar su versión de la economía de mercado con las babas sangrientas de una boa que a lo mejor se agazapa en lo que se llamaba inconsciente colectivo. La mueca sardónica del dios de turno bebe torrentes de sangre mientras sus sacerdotes recitan los mantras sagrados ebrios de la exaltación del aniquilamiento. Esas eran las para reflexiones que me agitaban la mente cuando minuciosamente y al nivel de mis escasas posibilidades reconstruía los pasos del falso profeta. Los sueños inconfesados de millones de personas normales se alimentaban en las fogatas humanas. El sangramiento de una mujer cuya sangre era recogida en un balde. Las ejecuciones colectivas de los narcos se aliaban con las inmolaciones rituales bajo el palio de la conciencia del espectador semiadormecido con la vista fija en su tableta.

 

 

 

VII

Así como otros obsesionados barajaban esas y otras imágenes similares como un juego de naipes que implicara su perdición irremediable ante la imposibilidad de aliviar ningún detalle, aminorar ningún exceso—o practicaban la negación de la realidad factual de estos elementos que se atribuían entonces a las maquinaciones enemigas que cuentan con la prensa y los medios y proceden a la composición y de fotos y videos alteración de medios visuales

 

 

 

VIII

Faltándome el financiamiento rastreable y el oculto del falso profeta, abandonado por ex partidarios en su mayor parte por problemas de vejez, enfermedad o falta de interés, me dejaba caer a eso de las doce a un mall nuevo que hicieron hace poco donde comía muestras de pan, chips, galletas, y cubitos de frutas como piña y sandía, incluso torrejas de diversos tipos de salchicha o chorizo o minialbóndiga (meat balls). A unas doce cuadras hay un supermercado donde pude degustar espárragos envueltos en tocino, un par de camarones en una salsa, un guiso de salmón. Pero eso está vedado para el tipo o la mujer de la calle de corriente principal (mainstream), con sus prendan que no armonizan, su mirada extraviada—muchos de ellos enfermos mentales lanzados a las calles para que el sistema ahorre en internación y tratamiento. Con (casi) remordimiento me dirijo a un café para pensar o anotar los próximos pasos a seguir en esta impenitente cruzada, nombre que adopto del lenguaje común dejando afuera las connotaciones religiosas

 

Los pájaros se levantan desde el cauce de ríos medio congelados que atraviesan esta conglomeración urbana, no por designio arquitectónico sino por la testarudez de la niña esta, la natura y esbozan sus círculos que para un espectador son casuales, pero que encierran en esas máquinas aparentemente endebles—sino cómo se pueden remontar así, como si tal cosa—pero diseñadas con una obsesiva minuciosidad. Eso si uno fuera de ese lote que cree que algún dios allá arriba diseño y armó todo este asunto. Pero no es el caso nuestro

 

Nuestros antepasados prevascos cuyo reconocimiento como el pueblo originario de Europa causaría dolores de cabeza a investigadores, centros universitarios, think tanks en la Comunidad Europea, Norteamérica, etc. llamaban a esa niña a que nos referíamos Mari, en un pobre ejemplo de adoptar un nombre de la lengua de los conquistadores godos, para ver si los dejaban tranquilos. Pero no somos antropólogos ni etnólogos ni estamos adscritos a una universidad. Dios (que no existe) nos libre

 

 

 

 

                                                                              IX

Pero sin que lo supiera el falso profeta, formado y perfeccionado en planteles educaciones de lo más granado y caro del occidente—aquí ya no sabemos si se está hablando de la misma persona. Muchas incidencias que incluso se oponen, para una vida tan corta—

Un enjambre tan nebuloso como vasto, abejas parece, entontecidas se lanzan contra los cristales de los edificios nuevos de cristal parece, porque reflejan o más bien son parte

Del cielo que se encapota súbito, como parece que siempre sucede en estas latitudes que todavía nos son extrañas

 

Que se encabritan como yeguas en celo—incólumes y persistentes—la marca de la (así llamada) civilización no podrá nunca amansarlas

 

Aunque borre y tape los paisajes—así las abejas se lanzan ciegas y embadurnan los cristales al reventar contra ellos—su brújula instintiva indicando flores que ya no existen

 

Así, sin que lo supiera, lanzado como otra abeja u otro animal pese a la cuidada musculatura que se arquea en la polera con un logo reconocible y reconocido, arquea las addidas el fuerte empeine, los muslos, pantorrillas y glúteos bajo los pantalones fit con cada paso elástico

 

Entrando saliendo del mal del café mientras guarda su tableta y atrae las miradas de las niñas, de las señoras jóvenes

 

Pero se pueden entregar algunas precisiones: 

 

1) Entre los malls que hay en la ciudad el mejor para gente como uno es el de Billings Bridge, en cuya cafetería se pueden ver viejos eslavos jugando a las cartas y al ajedrez, a somalíes hablando y gesticulando, que a veces asustan al paseante casual que no sabe que no están peleando sino que es su estilo de hablar

 

2) La mesa a la que se sientan ciertos personeros para dividirse lo que queda del mundo es larga, los comensales son numerosos. Uno de los discípulos renegados afirma que no se trata de 12, sino de 12 x 12, 144. No vamos a disputar sobre cosas de números, puede que sean hasta 666. Las insignias, distintivos, símbolos de los que atienden el banquete son variados, y uno podría decir, incluso opuestos. El estudioso o el interesado (no soy ni uno ni otro) podrá reconocer algunos emblemas milenarios entre algunos muy nuevos. Tampoco queda claro quién hizo, o envió, las invitaciones, o si se autoconvocaron. O cómo.

 

Ellos a medias han llegado a creer lo que dicen las teorías conspirativas que proclaman gran parte de la edípica izquierda anglosajona: una conspiración de estadistas, magnates y empresarios que se dividen el mundo—que inventan guerras y ocupaciones—financian y entrenan movimientos y grupos. Desconfiados escudriñan las expresiones de los otros asistentes. Al menos eso es lo que quisiéramos creer. Por doctrina sin embargo sabemos que esta imagen oculta una pavorosa dialéctica sin sujeto

 

 

 

X

Los humores recorrían las venas y arterias, impregnaban los tejidos de este protagonista, incluso su cerebro mismo. Su piel respondía a las variaciones de la humedad ambiente y llevaba ese mensaje a las terminaciones nerviosas ellas mismas viscosas hasta el instante y lugar mismo de la sinapsis con otras como ellas, donde por un instante florecía la energía eléctrica, pura y seca, luminosa, antes de perderse otra vez en ese miasma acuoso que identificaba ese ser con la otra infinidad de la vida a la postre marítima. Un científico premunido de todos los adelantos y avances de la ciencia en un laboratorio intocado por las múltiples guerras debido a su auspicio por un consorcio de las mismas corporaciones que financiaban el armamento de las facciones en luchan y que a través de intermediarios les vendían productos de diversa sofisticación y poder de fuego infirió que ese momento electrónico era el que señalaba el nacimiento del espíritu

En otro extremo del planeta el artista urbano no concilia el sueño pese a dos masturbaciones, la lectura de viejos comics, dos cigarrillos y unas uvas, ¿es acaso el despeñadero de la historia contemporánea que en las pantallas, la chica y la grande, se desbarranca en multitudes sin fin de fanáticos que enceguecidos por la religión de desmiembran, crucifican  y decapitan entre sí, avizorando allá en lo alto multitudes de vírgenes, ríos de miel y leche? ¿O simplemente que decide que el único libro que lo puede entretener o divertir es ése que tendrá que escribir él mismo, pero que nunca podrá publicar?

 

 

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