jueves, 17 de febrero de 2022

Eduardo Magoo Nico/Febrero de 2022

Foto: Alejandro Pi-hué

 


 

Ordalía

 

 

 

 

Quien adolece de alguna enfermedad

 

O anomalía

 

Ve la entera humanidad

 

Como un sólo cuerpo doliente

 

Y siente cada célula de su cuerpo

 

Tendiendo hacia una inopinada felicidad

 

Cree que a aquella humanidad

 

Y a ésta felicidad

 

Lo empuja

 

Un destino particular

 

 

 

No conocerá en verdad jamás

 

Su verdadera identidad

 

Sino una interpretación

 

Cómica

 

Histriónica

 

Satírica

 

De sus desventuras

 

Y rechazará siempre toda evidencia

 

De la profunda tragedia

 

Que se cela en ella

 

 

 

Dentro suyo una idea exaltada

 

De rebelión

 

Lo lleva al centro del ciclón

 

Al corazón lacerado de la existencia

 

En el que la luz del día

 

Entra poco y mal

 

 

 

Unas pocas ranuras

 

Que se abren hacia el exterior

 

Portan junto al poco oxígeno

 

Ciertos olores cáusticos

 

Tremendamente penetrantes

 

Que se pegan a las mucosas

 

Impregnan la saliva

 

Contaminan continuamente el gusto

 

E invaden con cada respiro sus pulmones

 

 

 

Ve relámpagos

 

Oye agudos silbidos

 

Y es recorrido

 

A lo largo de todos los canales de su voluntad

 

De resueltas intenciones

 

Contrarias a la Idea

 

En la que se ha formado

 

 

 

¡Escapemos de una vez de aquí!

 

¡Incendiemos las fábricas, los autos, los bancos!

 

¡Destruyamos las máquinas!

 

¡Al paredón los milicos!

 

¡Muerte  a los patrones y a los capataces!

 

 

 

Una certeza física

 

Casi un grito de sus vísceras

 

Lo advierte

 

De que ninguna voluntad moral

 

Le habría servido

 

Para frenar ese estímulo imperioso

 

¡Vomitar!

 

 

 

Aquel maldito vómito de cada tarde

 

Cuando regresa del trabajo

 

Se manifestaba tempranamente

 

En el umbral de su puerta

 

Toda vez que intentaba subir a su habitación

 

Y no lograba avanzar un paso

 

¡Hasta las constelaciones se detendrían

 

Ante semejante marasmo!

 

 

 

Yo evitaba mirarlo

 

En esos momentos

 

Por la piedad que me producía...

 

-No hagas caso a lo que digo

 

Me repetía ante cada exabrupto

 

-Vos sos demasiado inocente para entenderlo

 

¡La felicidad no pertenece a nuestro mundo!

 

¡Es un invento de los ricos!

 

 

 

A pesar de todo

 

Desde muy chico yo siempre he deseado ser feliz

 

Algunos días, en mi primera juventud

 

Me sentía invadido a tal punto

 

Por este sentimiento

 

Que me ponía a correr a brazos abiertos, gritando:

 

¡Es demasiado!

 

¡Es demasiado!

 

¡No puedo tenerlo todo para mí!

 

 

 

Ahora en el barrio

 

Me llaman Marzo

 

(Vaya uno a saber por qué...)

 

Y vos, como las flores que se abren

 

Al primer sol de primavera

 

Te presentaste a mí

 

En un Domingo de Gala

 

Que vuelve a mí cada tanto

 

Como una sombra luminosa

 

Entre torpes pinceladas de color

 

 

 

Un signo de reconocimiento

 

Irradiaba tu cuerpo

 

¿Pero cómo explicarlo?

 

No existe un código que explique

 

El deseo que convoca a los eternos enamorados

 

En torno a una muchacha

 

Distinguiéndola de las otras

 

 

 

Algo así como el favor tribal

 

Que consagra a los nacidos “raros”

 

Por vivir apartados en su propio sueño

 

Y acosados por visiones

 

De las que nunca, o rara vez

 

Despertarán

 

 

 

Ella siempre aceptó con humildad

 

Esa marca

 

(Hay quien la espera

 

Hay quien la presiente

 

Hay quien la precede

 

Hay quien la rechaza)

 

Un signo

 

Un punto de luz entre las sombras

 

Que la distingue de todos los demás

 

 

 

Quien ha muerto

 

Yace y reposa

 

Y el que a pesar suyo sigue viviendo

 

Trata de darse algo de paz

 

 

 

Hay un Marzo en mí que busca la guerra

 

Y un Marzo obediente

 

De ojos contenidos y sanguinolientos

 

En ocasiones una verdadera espada incandescente

 

A veces una feroz parodia

 

Otras

 

Un simple amante de la historia y de la humanidad

 

Y siempre un orden metódico

 

Para predisponer el campo

 

A la batalla

 

 

 

Se han inventado en estos años

 

Nuevos nombres

 

Para la vieja industria del exterminio

 

Denominaciones sofisticadas

 

Para las más brutales erupciones de ignominia

 

Demencia

 

E imbecilidad

 

Propias de nuestro tiempo

 

(El de la degeneración burguesa)

 

Un retroceso conciente y perfectamente planificado

 

A la barbarie...

 

 

 

Esta masa

 

Esta pobre materia de fatiga

 

Y de servicios

 

Ha de volverse inerte

 

(Pasta para hacer fideos)

 

O simplemente será desintegrada

 

Como harina (casi impalpable)

 

Que bien puede ser lanzada al viento

 

Con un gesto divertidamente perverso

 

Sin que a nadie le incomode...

 

¡Como en un patético y cada vez más miserable Carnaval!

 

 

 

¿Campos de concentración?

 

¿Bombardeos masivos y/o telecomandados?

 

¿Guerra bactereológica?

 

Ese es el concepto

 

Llámelo como quiera

 

Si no quiere llamar a este estado de cosas:

 

Barbarie

 

 

 

“¿Acaso Usted piensa que será harina de otro costal?”

 

¡Habría que poner estos carteles

 

En los portones de las fábricas

 

De las iglesias

 

De los ministerios

 

De las oficinas

 

Y de los bancos!

 

 

 

En su soliloquio

 

La voz se le hacía a Marzo más rauca

 

Mientras en él retornaba

 

Menos frecuente

 

Y discontinua

 

La necesidad de gritar

 

Gritar como en una asamblea

 

O un comicio

 

 

 

Tal vez viendo por la ventana de su cuarto

 

(En este marzo de cuarentena)

 

Una bella mañana de primavera

 

Pensó en escaparse una vez más con su Lady

 

(La perrita que fuera su segunda madre

 

Y su novia de la infancia)

 

Al “bosque encantado”

 

 

 

Pasaron frente a él

 

A una velocidad increíble

 

Muchas escenas de su vida

 

Y muchos fragmentos

 

De la historia humana...

 

La sonrisa que asomaba en el rostro

 

No era demasiado diversa

 

De esa sonrisa de quietud

 

Y de ingeniosa inocencia

 

Que le sobrevenía

 

Después de cada ataque epiléptico

 

“Si fuera posible: morir temprano y sin dejar olor”

 

Fue lo último que dejó escrito

 

(Pulcramente) en su cuaderno

 

Ahora sucio, borroneado y maltrecho.

 

 

 

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