sábado, 21 de marzo de 2026

Marisol Ojeda-Puerto Rico/Marzo 2026


 

Carta a la mujer que tuvo que irse para no perderse

No te fuiste porque dejaste de amar.

Te fuiste porque amar así

te estaba borrando.

Irte abruptamente no fue perder el amor.

Fue elegir entre quedarte

o desaparecer.

Y tu cuerpo lo supo antes que tu mente,

porque cuando el alma se asfixia

no hay piel que aguante.

No fue una decisión pensada.

Fue supervivencia.

Pura y dura.

Amar tan fuerte y aun así irte

no te hace fría.

Te hace valiente.

Aunque te llamen exagerada,

aunque nadie vea

todo lo que aguantaste.

Lo más cabrón no fue irte.

Fue hacer duelo

de alguien que sigue vivo.

Llorar a quien respira

pero no te elige.

Mirarte al espejo

con el teléfono en la mano,

esperando un mensaje

que nunca llegó.

Eso también es muerte.

Lenta,

silenciosa,

y jodida.

No te fuiste sin amor.

Te fuiste con rabia,

con el corazón lleno

y el alma cansada de esperar.

Te fuiste porque quedarte

te estaba matando despacio

y nadie llegaba a salvarte.

Te salvaste a ti.

Y eso,

aunque duela como el carajo,

es

muerte en vida.

No hay comentarios: