Carta a la mujer que tuvo que irse para no perderse
No te fuiste porque dejaste de amar.
Te fuiste porque amar así
te estaba borrando.
Irte abruptamente no fue perder el amor.
Fue elegir entre quedarte
o desaparecer.
Y tu cuerpo lo supo antes que tu mente,
porque cuando el alma se asfixia
no hay piel que aguante.
No fue una decisión pensada.
Fue supervivencia.
Pura y dura.
Amar tan fuerte y aun así irte
no te hace fría.
Te hace valiente.
Aunque te llamen exagerada,
aunque nadie vea
todo lo que aguantaste.
Lo más cabrón no fue irte.
Fue hacer duelo
de alguien que sigue vivo.
Llorar a quien respira
pero no te elige.
Mirarte al espejo
con el teléfono en la mano,
esperando un mensaje
que nunca llegó.
Eso también es muerte.
Lenta,
silenciosa,
y jodida.
No te fuiste sin amor.
Te fuiste con rabia,
con el corazón lleno
y el alma cansada de esperar.
Te fuiste porque quedarte
te estaba matando despacio
y nadie llegaba a salvarte.
Te salvaste a ti.
Y eso,
aunque duela como el carajo,
es
muerte en vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario