lunes, 21 de noviembre de 2011

Nélida Vschebor-Buenos Aires, Argentina/Noviembre de 2011

CONFESIÓN

            Sabes Mario, nuestros veinticinco años de casados pasaron sin pena ni gloria. No es una queja. Es cierto que tu presencia siempre se impuso en el hogar. Que la infidelidad no hizo presa de tu pensamiento. Que no pasamos necesidades. Pero ¿te acordás las discusiones cuando nuestros hijos cumplían años?  Jamás quisiste comprar un juguete. Para eso está el día del niño, decías. Elegías una nueva mochila para la escuela. O un delantal. A veces ropa. Quizá zapatos si hacía falta. Nunca un muñeco, un autito de colección, un peluche. En fin, los niños tenían respeto y un poquito de miedo. En el beso de las buenas noches ellos siempre se acercaban a besarte. Vos sólo ponías la mejilla.
           
Al fallecer mamá me escondí en los rincones a llorar mi pena. Acercándote vos dijiste “Nora, la vida nos da y nos quita. Piensa que tuvo una buena vida junto a los suyos”. Y de consuelo sentí tu mano sobre mi hombro. Cómo hubiese querido que me tomaras en tus brazos, que me acariciaras, para sentirme apoyada, contenida.
           
Mario, en veinticinco años no trajiste ni siquiera una mísera flor. Tus labios nunca dijeron “te quiero”. Hasta los momentos íntimos resultaron rutina.
           
Por eso hoy te traje este hermoso ramillete de rosas que
dejaré sobre tu tumba y haré de cuenta, que lo compartimos.

3 comentarios:

Graciela María dijo...

¡Ay amiga! Cada uno da, lo que está capacitado para dar y no podemos pedir al lirio, que nos dé una rosa. No obstante, extrañamente, hasta los cactus más allá de sus temerarias espinas, tratan de brindar sus más bellas flores...

Sonia Cautiva dijo...

Graciela Diana
Qué difícil es amar al indiferente. Y eso es lo que ha hecho tu personaje, amar a quien no le correspondía de igual forma, a quien no sentía ese dulzor del amor explicitado. Pero amó al fin. Y decían algunos que me han precedido en la vida, que muchas veces , entre dos, hay uno que ama y otro se deja amar. Posiblemente, Mario, no se haya atrevido nunca a demostrar su sentir. Hermoso cuento. Gracias por la oportunidad de leerlo en este hermoso lugar.
Sonia con un abrazo

silvia loustau dijo...

excelente desde lo psicólogico y desde lo narrativo.


SILVIA LOUSTAU