sábado, 25 de agosto de 2012

Marcos Polero Vélez-Buenos Aires, Argentina/Agosto de 2012


UNO

Uno al principio está tan enamorado ¡Ah! El amor. Respira para ella, le dedica cada segundo. La sueña en  ausencia y sueña con ella, a su lado. Y uno siente un faltante lejos de ella como si a su cuerpo le saliera un apéndice, que es el otro cuerpo. Como si a su alma  le saliera un apéndice, que es la otra alma. Y uno no puede respirar ajeno a esos apéndices.
Y después, el convivir, los problemas, la rutina, el tiempo…, La vida.
Y un día uno toma conciencia de su alma invadida. Se siente asaltado por la evocación de la antigua libertad. Uno comienza a ver lo que “hubiera sido”, lo que “no fue”. A uno le agarra un ataque de libertad, un derrame  de congoja por recuerdos que no tienen lado oscuro (o uno no lo quiere ver).
Y es como una enfermedad. Crece a cada minuto. Uno se la pasa mirando para afuera. No hace miradas interiores enmarañado entre las hebras del capricho. Ve todos, todos los defectos.
Uno no recuerda, no quiere recordar el empeño compartido con “pan y cebolla”, los ahorros hambrientos del inicio, los momentos de mutuo apoyarse y hacer barricada común. Uno adquiere por arte de des-magia una memoria muy selectiva y se reencuentra con el viejo amor del egoísmo. Uno ya no piensa. Planea, quiere liberarse. Mira a los demás, envidia,  Se decide.
Y uno, amparado por la madrugada se levanta sigiloso, verifica los ronquidos.  Se para, toma las llaves, escribe una esquela chorreante de reproches y justificaciones. Ya se ha afeitado, se ha vestido, ha tomado todos los enseres imprescindibles y está a punto de abrir la puerta de calle. Introduce la llave, la va a girar. Está por irse, escaparse, evadirse.
Y entonces uno escucha pasos, pequeños pasos y enciende la lámpara del comedor.
—Voy a hacer pis ¿Me prendés la luz del baño?
—Si me das un beso.
Y uno recibe el pequeño beso. Alza y lleva a su hijito al baño y luego a su habitación y lo acuesta.
Y parece que pasó un eclipse de luna. Que el sol se libera del círculo negro que sólo dejaba a la vista su borde externo.
Uno rompe la carta que escribió hace un momento y es como si escribiera otra carta nueva, en revés, en negativo. Se desviste. Vuelve a la cama. Besa a su mujer, que casi se despierta y se da vuelta. Y se duerme nuevamente con una sonrisa. 

5 comentarios:

Abel Espil dijo...

El trasuntar del diario vivir, es en este relato excelso, el espejo de todos nosotros.
Claro que lo puede lograr una pluma plasmada de un largo y profundo vivir como el de Marcos.
Nos queda esperar futuros relatos o cuentos para el vernos en ellos.
Además del enorme placer de poder leerte.
Abel Espil

zuly dijo...

Marcos me gusto mucho.Muy buen relato que transcurre desde lo idilico del noviazgo hasta el rutinario compartir diario y como siempre los niños pueden con nuestro tiempo,gustos vida y alma. ZULY

zuly dijo...

Marcos me gusto mucho.Muy buen relato que transcurre desde lo idilico del noviazgo hasta el rutinario compartir diario y como siempre los niños pueden con nuestro tiempo,gustos vida y alma. ZULY

Marta Susana Díaz dijo...

Marcos:
Este es un relato que llega a lo más interno. Cuenta una historia común a la vida en pareja, siendo casi siempre los hijos los que apaciguan las tormentas. ¡Y está tan bien resumido! Mi admiración como siempre.

Leo Galea Apolo dijo...

Un buen texto que refleja muchas cotidianidades y con un final sorprendente. Delicioso de leer desde el principio.

Saludos