jueves, 23 de agosto de 2012

Nechi Dorado-Buenos Aires, Argentina/Agosto de 2012

La presencia


No sé si es hombre o mujer, tampoco sé si es bestia. Sólo imagino su odio encarnizado y sus ansias de sed, incontrolables.
La presencia, diré, saciaba su gula  encadenando flores, salpicando horizontes, arrancando mañanas en aborto feroz de madrugadas.
Cabalgaba sobre nubes de odio desatando tempestades y dejando su semilla germinada  convirtiendo al mundo en un tormento.
Aniquiló historias arrancando hojas de las que serían las páginas futuras.
¡O agregando hojas, tal vez!
¿Quién no te dice que algún ayer derrumbado vuelva a renacer de sus cenizas?
Con paso firme, la presencia, lanzaba rayos de odio iluminando el confín donde  algún arco iris descolorido agonizaba su brillo, taponado por vómitos de humo. De momento.
Pese a tanto, hay algo que no pudo esa presencia intangible pero viva.
Lejos de su cueva abominable algo indicaba que la historia aún no había terminado.

1 comentario:

Leo Galea Apolo dijo...

Un buen relato conseguido con unas buenas letras.

Saludos