jueves, 23 de agosto de 2012

Marta Susana Díaz-Buenos Aires, Argentina/Agosto de 2012

MBUTÚ


Él vive en la selva.
En ella nació y en ella espera morir.
No tiene grandes ambiciones.
Sabe desde pequeño que la muerte forma parte de la vida y no le teme.
En su mundo las estaciones no las marca el almanaque sino las lluvias, los vientos, la caída de las hojas  y los calores intensos.
Las horas las dirige el sol y las semanas la luna.
En su niñez aprendió a contar con nudos de colores. Nadó en los ríos, construyó canoas y trepó con sus amigos por las ramas de casi todos los árboles vecinos.
Al llegar la juventud el espíritu se le enamoró.  
Se le enamoró locamente.
Se le enamoró así. Sin más vueltas. Y su cuerpo acudió al llamado de la especie.
Construyó su maloca de madera y caña brava. La familia le ayudó y entre todos techaron su morada con hojas de palmeras.
Y comenzó a compartir la vida con su amor, sin más trámites que sus almas enamoradas.
Su mujer se llama Yalín, que en su idioma significa “brisa azul”.
La llegada de los hijos vino a completarlo.
Él no sabe que existe otro mundo.
Nadie le explicó. Se deja llevar por el instinto.
Y este le funciona bien, porque lo guía su conciencia limpia que aún no contaminó  la  llamada civilización.
Él se llama Mbutú, que en su idioma quiere decir “alma pura”.
Vive en la amazonía ecuatoriana. A orillas del río Apaporís.
Sabe que hace muchos años su tribu tuvo que internarse aún más  en la selva ante el avance de los misioneros que querían enseñarles sus costumbres.
Pudieron salvarse, hasta ahora.
Cultiva tabaco y coca. Caza y pesca.
Él no sabe de guerras, petróleo, dólar, stress  ni injusticias.
Respeta las leyes sin conocerlas. No necesita tribunales.
Sabe que nace, crece, se reproduce y muere. Mansamente.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Marta: Me conmovió tu versión del paraiso. Alguien dijo por ahí "No es rico el que más tiene sino el que nada necesita". Un abrazo desde Miramar. Marcos.

Leo Galea Apolo dijo...

La reflexión que refleja en su relato es de la que dejan huella. Que la civilización tarde en visitarlos, los paraísos pueden existir en la tierra.

Saludos

Anónimo dijo...

Marta,como siempre me encantó tu trabajo.Me hizo recordar a mucha
gente de mi querida provincia..Gracias, cariños
RITA

Anónimo dijo...

Me encanto que hermoso si pudieramos vivir así.
Gracias por mandarmelo.
El caballo se llama Hidalgo.
Espero que el cumple de Alvaro halla salido hermoso desile que me acorde y le mandé muchas bendiciones.
Besos Teo.



Abel Espil dijo...

En un relato de construcción simple , nos cuentas el equivocado vivir de nuestra orgullosa y pedante civilización.
Gracias Marta , por las palabras que nos regalas, para que podamos desrrollar pensamientos sobre este equivocado vivir.
Abel Espil