La niña que espera
No he tenido una buena noche.
Tomo unos mates, acompañados con algunos bizcochos y me voy al trabajo.
Al abrir la puerta de mi casa, en el corto pasillo antes de llegar a la calle, una niña rubia, de un metro cuarenta y cinco, con ropa un poco deteriorada, y dos zapatillas un poco gastadas y sucias, ...me detiene y pregunta si soy el señor que escribe.
La observo en su rostro y detecto una pálida tristeza.
--Si soy periodista y vos de dónde me conoces---
-- Señor, usted escribe en un diario notas de actualidad---
--Es lo que trato--
--Sabe señor que mi abuelo, me indicó que leyera sus notas---
---Disculpá, ¿qué edad tenés?
---Señor, soy misionera y tengo doce años--
--¿Tu abuelo vive contigo?--
---Señor, hace seis meses que me dejó sola---
--Pero, perdón, no sos muy chica para vivir sola tan niña en esta enorme ciudad -
---Mi abuelo, lo conoció a usted en una redacción de un diario que ya no sale más. Él también era periodista--
---Yo vivo solo, mi familia la perdí en un accidente de ruta --
--Mi abuelo Salvador Montarras me contó todo y me dijo una noche, que si él moría lo venga a ver a usted ----
---Salvador era un hombre muy leído y culto... pero vivir conmigo no lo veo probable--
---El abu me dijo que usted me diría eso en primer lugar--
--El abu me dijo más aún, que usted me ayudaría a escribir artículos, a ser periodista----
---¿Cómo te llamás? --
--Guillermina---
Estaba un poco oscureciendo la tarde.
Y a Guillermina la adopté como hija.
Han pasado muchos años y hoy, Guillermina reside en España como colaboradora del diario El País.
Pero siempre me gusta contarla en tiempo presenté y terminarla en otro presente que se llama futuro

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