Presentación del poemario «Preámbulos y ausencias»
Por Guilletrmo Razo Cuevas *
Señoras y señores:
En esta ocasión me toca darle la bienvenida, en esta Casa del Artista, a un joven proveniente de un lejano país, Suecia, a nombre de la Sociedad de Escritores de Bolivia, que como es una costumbre le abre los brazos a quien llega a su seno animado de buena voluntad y con el entusiasmo de su juventud y su talento.
Javier Claure Covarrubias es boliviano de origen, pero debido al vaivén de las olas políticas que imperan en el mundo, es también sueco desde hace muchos años. Javier nos ofrece un libro de poemas cuyo título es «Preámbulos y ausencias», donde conmina su breve paso por la vida y donde nos ofrece, a su estilo, los estados de ánimo que lo impulsaron a incursionar en el mundo de la poesía. En esta obra podemos observar muchos de los sentimientos que ha vivido y también aquilatar en todo lo que vale sus rasgos más característicos como escritor. A veces da la impresión de estar escribiendo desde una juventud muy marcada por los argumentos empleados pero es verdad, con la consabida aclaración, de que los escribió cuando pasaba por esa primera etapa de su vida. Otras veces da la impresión de que su imaginación se desborda para incursionar en la prosa poética.
Hay algunos momentos muy felices del libro, como aquel en que nos ofrece una proposición agitada, alegre, con rapidez y que termina variando el remate final con una lentitud y un ritmo contrastante. Me permito leer a continuación una parte del poema «Viajero del túnel»
«Y tomo la palabra
me aferro a la poesía
arma certera y desgarradora
desdoblo frases como serpentina
me adentro a su estructura
la miro, la estrujo como goma vieja
para romper el grito insurgente
de un mundo que gira con otra velocidad
con una gravitación más exacta
donde ríen, cantan, bailan, silban...
pero también lloran
por la música fúnebre que despide al difunto.
Y dicen que el viejo Antonio
ha muerto en honor al pueblo».
Claure Covarrubias nos regala estos versos salidos desde sus entrañas, y expresa lo que siente en un idioma mestizo como la propia piel iberoamericana que nos cubre a la mayoría por igual.
Lo más sobresaliente del asunto que nos ocupa esta noche, es que el libro de Javier es una muestra palpable del eterno devenir del que hablaba Parménides de Helea, ya que los temas que todas las generaciones han tocado, acá vuelven a revivir, con su huella digital, con su estilo incorporado y eso renueva, da vida a la poesía en general. Sobre el amor nos dice:
«El amor
asume el peso de la nieve
se luce en postales
en cartas
y en la espuma de las copas.
El amor
es una rosa llena de vida
que trae felicidad
pero a veces sus espinas
nos hacen sangrar profundamente».
En uno de sus poemas Javier muestra sus inclinaciones amorosas y le
dice a su amada con un lenguaje muy particular:
«Te necesito concretamente
porque amo
los octaedros de tus pechos
tus ojos almendra
el cubismo de tus piernas
y tu boca aterciopelada».
Javier es inteligente, es noble, es sencillo, sobre todo cuando le escribe a su hija Alicia Martha y lo hace en un plano de hermosa igualdad paternal, filial para que ella lo entienda.
Del poema «Cenicienta de mi vida» citamos el siguiente fragmento:
«Si tú supieras
de mis cicatrices a flor de piel
de mis fracasos y progresos
si tú supieras
de mis viajes nocturnos
cuando te cubro con mis brazos
y te llevo en mi alfombra mágica.
si tú supieras
que vivo contigo a mi lado
y te saco a pasear con mis pasos
si tú supieras
que los bosques me conversan de ti
y se me llenan los oídos con fábulas de amor».
Platicando con Javier nos dimos cuenta de que la inquietud de los bolivianos es la misma que lo nutre a él: le duele la explotación de los trabajadores, el saqueo de que ha sido blanco su patria y a pesar de la distancia que lo separa de América siente en aquellas gélidas tierras el peso de la opresión que gravita sobre Bolivia. Es un boliviano totalmente integrado. Y en el color de la sangre de sus venas se destacan los colores de la cantuta, de la bandera boliviana y de la mística Pachamama.
Veamos el siguiente fragmento del poema «Insomnio»:
«Dicen que soy ateo
que llevo dinamita en los bolsillos
que soy un canalla porque no me doblego
ante la corrupción
también dicen que llevo flores al cementerio
que soy irrespetuoso con los ortodoxos
y que las matemáticas me han vuelto un demente.
Yo sólo quiero decirles que sueño despierto
con una mesa popular
y un techo que proteja a cada mortal».
Hasta aquí esta pequeña introducción, que al mismo tiempo es una presentación y bienvenida al joven que se lanza en los laberínticos y siempre fatigosos caminos del buen decir. Siendo un primer libro, el que ahora comentamos, creo sinceramente que pasa fácilmente cualquier prueba por rigurosa que sea. Hay todavía mucho camino por delante, por supuesto, pero también hay inteligencia y un enorme potencial. Existen giros en la poesía de Javier que delatan elegancia, elemento este último que termina convirtiéndose en el lujo de la poesía y de la literatura toda.
Una vez más Javier, bienvenido a tu patria, a tu casa. Que los dioses te sean propicios en el arduo camino que te espera, pero que hoy, rodeado de tus amigos y de muchas personas de buena voluntad, comienza fatigoso, pero lleno de alegría plena. Felicidades por «Preámbulos y ausencias».
* Discurso pronunciado en «La Casa del Artista», 30 de abril de 2004, Cochabamba (Bolivia)
Guillermo Razo Cuevas es un periodista, abogado y escritor mejicano radicado en Cochabamba. Este intelectual construyó un puente cultural entre México y Bolivia. Ha publicado varios libros. Se dio a conocer en el ámbito literario, en 1996, cuando publicó su primera novela histórica «P’otojsi» (Trueno) inspirada en el pasado colonial boliviano. Es miembro de la Unión de Poetas y Escritores de Cochabamba. Su trabajo literario ha sido respaldado y auspiciado por organizaciones literarias de Bolivia.




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