EL LOCO CEMENTERIO
Otro domingo, infaltable cita luego del desayuno. Con el más sencillo ramo de flores, ingreso al cementerio del pueblo buscando la tumba de Severina Villanueva, la mujer que casi cincuenta años atrás se hizo cargo de un gurrumín de seis años, que en pocos meses había sufrido el abandono de su padre y la muerte de su madre. La mujer que agregó un hijo más a la mesa de cuatro adolescentes que ya sabían del duro trabajo del campo y que a partir de ese momento fueron mi familia, la que al comando de Severina, hizo de mí un hombre de bien. No voy a contar mi historia, solo quería referir el motivo por el que cada domingo vengo a hablarle de mis cosas y darle las gracias a mamá Severina. Año y medio con los domingos comprometidos a visitar su tumba. Así es como ya, hasta Paulino sale a recibirme y me acompaña con su charla, cualquier tema la motiva. La tormenta que derribó árboles en la avenida, los resultados de la última fecha de fútbol o el número salido “a la cabeza” la noche anterior en la quiniela. Infaltable en la conversación algo sobre Argentino Luna, su última canción o el detallado informe sobre su gira artística, acompañado por el canturrear bajito de alguna de sus letras preferidas. Llegado a mi destino, se aleja buscando a quien ofrecer sus servicios, tales como lavar las lápidas, lustrar algún bronce o comprometerse a prolongar la vida de las flores que se depositan en ese momento. Raro personaje Paulino, raro y misterioso, no se sabe mucho sobre él. Por su arrolladora forma de hablar y alguna incoherencia de vez en cuando, se lo conocía más por “el Loco Cementerio”. Creo que se había ganado el mote una tarde de verano cuando se echó a dormir en un nicho vacío de la tercera fila y desde allí ofreció sus servicios a un grupo de señoras que andaba buscando agua para sus floreros. Las aterrorizadas mujeres dieron así con el apodo con que habrían de conocerlo en adelante “el Loco Cementerio”.
Cuando luego de mi tiempo de recogimiento emprendo el camino de regreso aparece Paulino a recordarme la dedicación dispensada a la tumba de mamá Severina agregando un, a voluntad. Después, reiniciando sus temas de conversación, me acompaña hasta la salida y me despide con una reverencia gorra en mano.
Extraño personaje sí, raro y querible. Parece no tener historia pero seguramente la tendrá.
Unas semanas más tarde, un domingo con llovizna, Paulino no sale a recibirme. Tampoco lo encuentro en mi recorrido. Unas personas con las que me cruzo comparten conmigo la sorpresa. Finalmente uno de esos chicos que insisten en ofrecer su ayuda, informa: ¿El Loco? Al Loco lo agarraron anoche entre cuatro tipos y lo mataron a palos.
Fin de la historia de un hombre sin historia. O quizá no.

No hay comentarios:
Publicar un comentario