lunes, 21 de septiembre de 2026

Alejandro Insaurralde-Argentina/Septiembre 2026


 

Las delicias wokes

 

 

Ni Helena se salva

 

Si el sector woke de Hollywood quiere incluir afrodescendientes, muy bien: que hagan películas sobre Muhammad Alí, Martin Luther King, Malcolm X, Pelé, Michael Jackson, B.B. King, Magic Johnson u otros. Y si quieren producir algo de corte antropológico (como fue en su momento Quest for Fire), muy bien: que traten sobre el comienzo del linaje homo, los primeros humanos en África. Hubo muchos afros destacables en la historia como para inspirarse y llevar al celuloide.

Que aparezca Helena de Troya negra en la última Odisea de Christopher Nolan no es absurdo porque sea negra. Lo es porque, en la época micénica, había pocos afros en el Peloponeso y ni uno solo pertenecía a la élite espartana. En las múltiples representaciones que hay sobre Helena en pinturas, frescos, vasijas o esculturas, se la muestra siempre con tez blanca.

No hay evidencia histórica de que Helena haya existido, es cierto. Las artes y la arqueología le dieron vida con tez blanca, y tal vez sean interpretaciones. Pero, al ser todas coincidentes, también están haciendo historia.

Hay elementos que respaldan la figura de una Helena blanca: por un lado, los registros fehacientes de que en la corte espartana solo los blancos podían ser monarcas. Y, por el otro —siendo Helena un mito—, no hay manera de concebirla como negra debido al estilo de vida que muestra en los relatos homéricos. Con lo cual, poner una Helena afro es innecesario.

 

 

Y hacen su entrada triunfal: las licencias

 

Sabemos que en las artes hay licencias: se pueden cambiar u omitir elementos e incluso romper con un contexto cultural. Pero aquí no hay un efecto satírico o poético que justifique una licencia. No hay una intencionalidad estética, sino ideológica. Como licencia, es dudosa; desplaza la lógica del personaje y confunde por completo el contexto cultural de la historia. Por lo tanto, una Helena afro no es coherente ni verosímil.

Si pusieran un Michael Jackson rubio, sería lo mismo: no habría ninguna relación con el lugar donde él fue criado. Jackson vivió de joven en un barrio afroamericano de Indiana, con el estilo de vida propio de ese lugar. Un rubio allí sería muy extrapolado.

Por cierto, no solo está la cuestión de la piel y la raza. Están los aditamentos culturales. ¿Sería lógico vestir a Helena de Esparta como una soberana africana? ¿Debería una reina negra en Esparta tener súbditos que bailen a orillas del Mediterráneo danzas africanas al compás de melopeas tribales? Como se verá, son culturas distintas. Manipular eso es burlar la historia de los pueblos.

A veces hay rigores que son necesarios mantener porque acompañan el contexto cultural de la obra. Por tal razón, una Helena negra es una maniobra sesgada. Y lo sesgado conduce a lo injusto y poco objetivo.

¡Ah, no, claro! Cuando a Helena la llevan de Esparta, era blanca; el sol ardiente del Egeo le tostó la piel y llegó a Troya como negra. Ahora entiendo... ¡Perdón, Nolan!

Estas cosas ocurren porque son parte de una agenda. Pero las hojas de una agenda se gastan y se consumen rápido. Las hojas de la historia no y, aunque se pongan amarillas, quedan.

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