Covid-19
Primero allanaron la casa del pangolín
y lo forzaron bajo amenaza de muerte.
Sus viejas y escasas películas adquirieron
actualidad y se lo buscó por cielo y tierra.
Su única visita era Marianne Moore.
Después se cargaron con colonias enteras
de somnolientos murciélagos sin trabajo.
Una razzia que evoca al lánguido Nosferatu.
Finalmente tuvieron que dejar entrever
que el asunto tenía ribetes de castigo divino
o de malentendidos con tubos de ensayo.
La vacuna de parabienes: terrón de azúcar.

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