El origen del poeta
Tú, poeta, eres y serás como cuerpo de luna amada.
Vas a heredar la muerte. Cada emoción posible y su agonía.
El relámpago abre el cielo, quizás muy brevemente,
y da la desnudez, la verdad que te mata.
O te lo explica todo.
A tí te amaré, como a tu madre.
Por eso te ofrezco la promesa; doy mi testamento.
¡Voy a revelar el origen que tienes, mi causa!
Tú quieres ver el cimiento y el semen de las cosas.
Porque así lo quisiste, te amaré.
Tú vas a verlo todo, poeta.
Lo has pedido y yo cumplo
a quienes así me solicitan.
Pedíste exactamente lo que quieres:
digno eres de luna.
«Házte mi canto con verdad desnuda».
Cántame. Y procedí con mi promesa:
Te haré profeta.
El sol que ha de matarte con su rayo te dará
el oficio misterioso. Ese es el precio.
Cántame hasta que yo te diga.
Voy a quitarte la vida de repente, voy a sacar
del vientre de tu asombro el poema pavoroso.
Tú hablarás de mis gestas y placeres.
Yo fundaré el habla de tu canto
y al don de tu tristeza,
lo transformaré en contínuas
y sucesivas alegrías.
Del libro Estéticas mostrencas y vitales
Revista Literarte creada en Noviembre de 2001 para la difusión de todas las disciplinas del arte.Declarada de Interés Cultural por el Honorable Concejo Deliberante de Vicente López en Diciembre de 2002. DECLARADA DE INTERÉS CULTURAL POR LA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA PRESIDENCIA DE LA NACIÓN ARGENTINA SEGÚN RESOLUCIÓN 1706/10, en Junio de 2010 Si querés publicar tu texto, música, pinturas, esculturas, danzas; enviá el material a: revistadigitalliterarte@gmail.com
lunes, 21 de marzo de 2011
Josefina Fidalgo-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2011
La noche empantanada
arrepentida de llanto
prisionera del perdón
transcurre por un lento andén
La duda la verdad el error.
Acurrucada en el temblequeo de sombras
se pierde en el mudo morir de las horas
El aroma enfermizo residual
de pasos perdidos
soba las pulsiones
Brisa amarga en los ojos marchitos
Una pasión de lodo va tejiendo su esgrima
Mirtha Gaitán-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2011
LAS ALAS PERDIDAS
Elevo mis brazos
atrapado y sin aliento,
con las alas gastadas
quedo en silencio.
Me sostienen las ramas
en mi lecho enjaulado,
son cuerdas que atan
ya que partir no puedo.
Mi alma me abandona,
mi prisión es eterna,
se cristalizan mis lágrimas,
prisionero y sin fuerza.
Siento que me ahogo,
en el hueco suave
del árbol vencido
guardo mis temores.
Por los senderos oscuros
de mi destino impróvido
sueño los soles perdidos,
mi corazón embriagado.
Enrique Catalano-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2011
AGUAFIESTAS
¿Quién era o es
el aguafiestas de la vida?
¿Quién era o es
el promotor de las derrotas?
¿Quién construyó las calles sin salidas?
¿Quién es el responsable de las almas rotas?
¿Quién puso tanta espina
debajo de mis plantas?
¿Quien socavó la gloria iluminada?
¿Quién puso un paredón detrás de mi horizonte?
¿Quién no deja pasar mis ansias y mis ganas?
¿Quién era o es
el que trastoca mis sentidos?
¿Quién era o es
el que mi mente está enturbiando?
¿Quién quiere confundirme
desde que yo he nacido?
Quién sino el miedo,
que siempre está aquí, latente,
merodeando.
Anna Rossell-Cataluña, España/Marzo de 2011
APRENDER VIVIENDO
COMO AGUA ENTRE LOS DEDOS
Miguel F. Villegas
Ediciones Aljibe, Málaga, 2010, 302 págs.
Anna Rossell
Encantadora y principal esta nueva novela de Miguel F. Villegas. Encantadora en el sentido literal, pues atrapa al lector como por arte de encantamiento –aunque nada en ella sea sobrenatural, aunque todo se deba a las virtudes tangibles de la buena capacidad para la escritura y la fabulación de historias-. Principal, porque todo en ella es esencial para una cuestión fundamental en toda sociedad responsable y civilizada: la educación de sus jóvenes.
Miguel F. Villegas (Jerez de la Frontera –Cádiz-), maestro, licenciado en geografía e historia, músico y escritor, cuenta a sus espaldas con una larguísima experiencia como profesor de instituto en Sevilla. Su dedicación a la escritura se nutre de esta experiencia, que ha ido forjando su convicción y su fe en el ser humano y sabe de la trascendencia de la etapa adolescente para la vida de todo individuo. El autor reúne las cualidades de un verdadero maestro, el que sabe enseñar aprovechando las cualidades positivas de cada cual, en las que cree y por las que apuesta firmemente. Como agua entre los dedos destila este espíritu por los cuatro costados. La novela, cuyos protagonistas son chavales de instituto de quince años, apunta y ha de atraer a un público lector más amplio aún -aún más joven-, con lo cual asegura un mayor impacto educativo, objetivo que el libro se propone claramente. El autor sabe manejar a las mil maravillas todos los ingredientes que han de sazonar, en sus justas cantidades, un libro así para surtir el efecto deseado en sus lectores. Frescura, simpatía, suspense y tensión dramática son los aderezos para un texto que toca en mayor o menor medida los problemas más acuciantes de nuestra actualidad: la democracia, la homosexualidad, los fanatismos, la violencia gratuita –incluida la de género-, la ecología y las graves consecuencias de una conducción irresponsable. Y, aunque fácilmente pudiera haber caído en el tópico recetario maniqueo del clásico pedagogo teórico, Miguel F. Villegas sabe evitarlo. Si a veces tiende a tratar las situaciones con cierto esquematismo, lo hace en su justa medida como tributo al público al que se dirige en primera línea (aunque también es de interés para profesores), para captar su empatía, algo que a buen seguro logra. La historia de Como agua entre los dedos - aunque el nombre del centro, Mercadante de Bretaña, insinúe su ubicación en Sevilla, ciudad en cuya catedral trabajó el escultor bretón del siglo XV al que hace honor el título-, transcurre en un instituto de enseñanza secundaria que pudiera ser el de cualquier ciudad del mundo de nuestra órbita cultural. La iniciativa del profesor de filosofía, Samuel, un educador nato en buena sintonía con los chavales, juvenil, luchador, optimista y positivo, consigue poner en marcha en el instituto un proyecto de participación democrática e implicación de los alumnos que cambiará por completo sus vidas y los redimirá de su apatía. El texto da vida a una amplia palestra de caracteres que Villegas recrea con verosimilitud: la variopinta plantilla de profesores, la matizada idiosincrasia de los adolescentes, cuya psicología sabe pormenorizar hábilmente, sus enfrentamientos, su honradez, su agresividad, sus simpatías y sus odios, sus miedos y frustraciones… La rutina del instituto se ve alterada por el revitalizador proyecto de Samuel y la historia axial de suspense detectivesco en que acaban envueltos los protagonistas, una historia genialmente pergeñada alrededor del intento de asesinato de un alumno homosexual a manos de ultras. Encomiable la maestría del autor en el manejo del argot juvenil, que sabe matizar a discreción según la psicología de cada personaje, encomiable también la genialidad de las imágenes -casi siempre simpáticas, a menudo poéticas- de que hace gala la voz narradora. Por su parte, la editorial acierta en la tipografía y en las ilustraciones, de estética cómic muy en consonancia con la frescura de la historia. Falla sólo un poco en la revisión del texto, que contiene algunos errores dactilográficos que habrá que corregir en la segunda edición.
De Villegas se han publicado, además, La isla de los espejos (6ª edición), El monasterio perdido (3ª edición), Tocata y fuga con Bach (agotada la 2ª edición). Es también autor de poemas, obras de teatro para jóvenes y relatos. Según el Barómetro de Hábitos de Lectura 2008, publicado por la Federación de Editores de España, es el segundo autor español más leído, entre lectores de 10 a 13 años.
domingo, 20 de marzo de 2011
Luis Tulio Siburu-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2011
TRES LLAVES
Lo conocí a comienzos de la década del ochenta.Sus hijos jugaban al básquet con los míos y entre partido y partido , viajes al interior del país por intercambio con otros clubes , cenas de los viernes , asados de los domingos y vacaciones junto a otras familias , fué naciendo una amistad.
Tenía una personalidad muy particular.Pasaba de la carcajada estentórea a la hosquedad profunda. De algún gesto propio de adolescente a una seriedad de hombre maduro , quizá mas madura que su edad real. Tenía un acompañante permanente , el diario La Nación , al cual llevaba bajo el brazo o tomado por la punta de los dedos. A veces , mientras esperaba se hicieran las brasas o en el ocio de la playa , lo reemplazaba por un libro. Quizá me equivoco , seguramente en el fondo de la canasta de las viandas , estaba acurrucado el periódico. Es que las noticias de economía y política – y en especial los editoriales - le apasionaban , aunque lo hicieran renegar.
Era abogado de una institución bancaria relacionada con el gobierno de turno por su carácter promocional de créditos para el desarrollo , pero no era un fanático de su profesión , hasta le parecía una carga, una pesada carga.El ambiente del banco lo agobiaba y de alguna manera su rostro cansado , semidespeinado , en los atardeceres de los días laborales , traslucía su interior.
Era un hombre afable , buenazo , pero había un tema que lo rebelaba , que lo transformaba.Era anti-imperialista fanático , para él no había mal argentino que no tuviera principio y final en la influencia norteamericana o de algún estado europeo.En esos casos era mejor dejarlo hablar , no disentir , porque el tono de su voz subía violentamente. Creo que esa posición era una fachada que escondía algunas frustraciones interiores donde las banderas del primer mundo no tenían nada que ver.
¿Alguno de ustedes leyó La Tregua de Benedetti ?.......bueno , él era algo así como el personaje de Martín Santomé , a veces eufórico , a veces resignado . Alegría y fervor por fuera , tristeza y pesadumbre por dentro. Y el tremendo esfuerzo de mantener el equilibrio emocional.
Habitaba un departamento a metros de Plaza Italia pero sus hijos lo convencieron para venirse cerca del club, a Martínez , donde estaban las amistades de toda la familia.Una oportunidad también para vivir en un chalet que su esposa y él siempre habían soñado y donde tenían la esperanza que algunos problemitas de madurez que tenía su hijo menor mejoraran.
Se lo veía mas sonriente que de costumbre , en la casa siempre había algo para hacer . La señora renunció al banco donde trabajaban juntos y se estableció como independiente , abriendo una mercería y un video , en sociedad con mi mujer y otra amiga en común.La vida parecía tomar otros rumbos.
Una molestia , análisis , tomografía , operaciones , cáncer.En poco más de un año se quedó viudo y con tres hijos que extrañaban a su madre. Su vida cambió de mano de la misma manera que él cambió de vereda. Sí , extrañamente , cuando volvía del trabajo camino a su casa y pasaba frente a los negocios donde siempre a esa hora había alguno de nosotros parado en la puerta , él se cruzaba a la vereda de enfrente para no encontrarnos, sin saludarnos , como queriendo esquivar el pasado reciente o el revés de su destino.Lo comprendíamos pero creo que no alcanzábamos a interpretar , detrás de esa actitud de escape , cuan grande era su dolor, su soledad , su quiebre.
Un día llegó a su casa , estacionó el coche y lo cerró con llave.Era la primer llave. Luego abrió la puerta de la casa y cerró. Era la segunda llave . Recorrió los ambientes , se aseguró que no hubiera nadie, empujó la mesa , subió a la silla debajo de la araña , pasó la soga entre el gancho del cielorraso y su cuello y luego pateó la silla.Había utilizado la tercer llave.La llave que abrió el paso a la eternidad y cerró el laberinto oscuro donde se había perdido.
jueves, 17 de marzo de 2011
Marta Díaz Petenatti-Zona Rural de la Provincia de Santa Fe, Argentina/Marzo de 2011
El día cerraba sus ojos. Las sombras comenzaban a aferrarse a todo aquello que ocupaba un lugar.
Juan caminaba con displicencia hacia su casa, disfrutaba de la luz mortecina.
Llegar le causaba angustia. No soportaba estar solo entre esas paredes que las sentía tristes y no podía internalizarlas como suyas.
Llegó a la ciudad para completar sus estudios. Tanta magnificencia lo asombró, comenzando a sentirse solo entre tanta gente.
Esa soledad envolvía sus días, lo asfixiaba hasta producirle un dolor constante que no podía explicar, sólo sentirlo y padecerlo.
Entró, fue hacia la heladera, tomó una botella con agua y siguió hasta el patio. Se sentó y fue como si todo su cuerpo se desmoronara. El cansancio hacía estragos en él.
Bebía de a sorbos saciando en parte su sed. El agua fresca y cristalina le reinauguraba energías. Al mirar hacia arriba sus ojos vieron las primeras estrellas. Tuvo un momento de plenitud espiritual donde el silencio, el infinito y él eran los protagonistas.
Se recostó apoyándose en la pared, fue perdiendo noción del tiempo cuando una voz visiblemente contrariada lo increpó diciéndole:
_¡ No te apoyes!, ¿no ves que me lastimás?
_¡Perdón!_ dijo tímidamente_ no sabía que te molestara.
_¡Claro, nadie sabe nada… nunca! ¿Sabés lo que es aguantar las cabezas apoyadas en mí desde que nací? Y el motivo es siempre el mismo: están tristes, borrachos, delirantes, desahuciados. Muy pocos están alegres, eso hace que mis energías estén siempre alertas para padecer, escuchar, contener.
_¡Nunca imaginé que tuvieras sensibilidad!
_¡Claro que la tengo… y mucha! Todos estos años he conocido muchas realidades, he sido partícipe de amores nuevos, rencores viejos, desilusiones, pasiones, peleas, y todo aquello que la vida regala a personas como vos que no saben cómo manejar sus problemas.
Viven lamentándose sin saber aprovechar lo que la vida les brinda. En lugar de amar, odian; no ríen por llorar; son soberbios debiendo ser humildes, pero especialmente nunca están conformes con lo que tienen, y en lugar de mejorar copian, imitan, envidian. La mediocridad es una de sus mayores defectos.
_¡Hablas con tanta convicción!, me cuesta creer en tu sapiencia pero veo la realidad de todo lo que decís y me estás haciendo pensar en ello.
_¿Aún tenés que pensar? En lugar de pensar ponete alegre, alejá de vos la tristeza y agradecé que estás solo porque sos uno de los elegidos que pueden estudiar aunque debas pagar el precio con soledad, sacrificio, adrenalina, pero que el resultado es el objetivo logrado, la convicción de que uno es capaz y puede, que los sacrificios valieron la pena y que se debe agradecer por las oportunidades y por las aptitudes que nos dio la vida. Más no voy a decirte, analizalo vos.
El maullido de un gato hizo que se despertara sobresaltado. Al abrir los ojos, sintió seca la boca. Extendió el brazo para tomar la botella de agua y ahí mismo se dio cuenta de que su tristeza y angustia habían desaparecido.
Recordó lo sucedido y pensó que evidentemente había soñado, ¡pero le había hecho tanto bien! ¡qué diferente veía su vida ahora!
Se levantó presuroso a buscar los libros. Iba a estudiar en el patio, la noche estaba hermosa.
Mientras caminaba pensó qué importante sería si todos tuvieran “paredes que hablan”.
Tomó los libros y se fue a estudiar.
Delfina Acosta-Paraguay/Marzo de 2011
Buena junta
Hay gente que te contagia, ¡ay!, felicidad de felicidades, su amor apasionado por la vida, por el trabajo, pues su manera de ser es el reflejo más patente de la salud anímica. Busquemos la sombra de esa persona para darnos un refrigerio de sabiduría, y entender finalmente que la existencia tiene un sentido supremo y valioso para cada cual cuando se hace la tarea diaria con genuina entrega.
En tantas oportunidades llenamos nuestra pobre cabeza con las malas ideas que nosotros mismas inventamos. Y bien pronto, la maquinaria de los pensamientos empieza a descomponerse, pues muy mal uso le damos, y es entonces cuando nos descontrolamos y encontramos obstáculos para relacionarnos no solamente con los compañeros de trabajo sino también con nuestra propia familia.
Hay personas que tienen una notable visión del mundo y su incesante fluir, y se fijan una meta, y van hacia ella con el paso firme de su empeño sin considerar cuánto de sí dejan por la vía.
Tantos son los seres que perdida la brújula, desprovistos de viático, aún de amor propio, se encaminan a menudo hacia un punto muerto.
Pero yo hablaba de esos seres lumínicos, que no tejen problemas, sino descosen males propios e infortunios ajenos, y van clareando las mañanas pues sus buenas vibraciones se envuelven con el éter.
Ojalá nos pareciéramos a ellos.
Las personas tranquilas, risueñas, de buena voluntad y de corazón –permanentemente– abierto, aún en las más difíciles instancias, forman el resto de la humanidad que hace del Planeta un lugar donde aún se puede vivir y soplar algunas esperanzas.
¿Qué sería de nosotros si nuestro espacio vital fuera absorbido por las gentes que solo quieren echar una cortina oscura sobre nuestros emprendimientos, y desean tenernos al maltraer con sus quejas, sus palabras desabridas, su mala onda, su sentimiento despojado de sanas intenciones, su mal querer y su egoísmo?
Hagamos junta, pues, con las gentes que dan ejemplo de conducta rectilínea.
Después de tanto vivir, he llegado a la conclusión de que una acción inteligente que podríamos llevar a cabo todos los días es nutrir nuestro espíritu con el cariño de los calmos, de los serenos de corazón.
Necesariamente debemos ser selectivos.
Cuántas malas amistades han echado a fundir el ánimo de los hombres y de las mujeres.
Habla con un derrotista consumado más de una hora y el aire se te volverá irrespirable, y verás solo restos de oscuros nubarrones de lo que fue tu cielo.
Escucha razonar al pesimista, y al necio insistir en su necedad, y entenderás por qué es tan valioso buscar la buena compañía, y aferrarse a la familia aún con el viento en dirección contraria dentro de sus integrantes. La familia es siempre la familia. Esta verdad la escuché durante toda mi niñez. Lleva conversación con el optimista, con el triunfador, el luchador por excelencia, y habrás aprendido muchas lecciones que te servirán para seguir remando contra la corriente, si fuera necesario.
De niña, me juntaba con los niños, obviamente. Ahora que ya soy mayor, muy mayor, busco de nuevo la compañía de los niños, quienes con sus revelaciones ingenuas me hacen pensar que la existencia tiene su lado saludable. Hágase siempre la voluntad de los optimistas y alegres.
En tantas oportunidades llenamos nuestra pobre cabeza con las malas ideas que nosotros mismas inventamos. Y bien pronto, la maquinaria de los pensamientos empieza a descomponerse, pues muy mal uso le damos, y es entonces cuando nos descontrolamos y encontramos obstáculos para relacionarnos no solamente con los compañeros de trabajo sino también con nuestra propia familia.
Hay personas que tienen una notable visión del mundo y su incesante fluir, y se fijan una meta, y van hacia ella con el paso firme de su empeño sin considerar cuánto de sí dejan por la vía.
Tantos son los seres que perdida la brújula, desprovistos de viático, aún de amor propio, se encaminan a menudo hacia un punto muerto.
Pero yo hablaba de esos seres lumínicos, que no tejen problemas, sino descosen males propios e infortunios ajenos, y van clareando las mañanas pues sus buenas vibraciones se envuelven con el éter.
Ojalá nos pareciéramos a ellos.
Las personas tranquilas, risueñas, de buena voluntad y de corazón –permanentemente– abierto, aún en las más difíciles instancias, forman el resto de la humanidad que hace del Planeta un lugar donde aún se puede vivir y soplar algunas esperanzas.
¿Qué sería de nosotros si nuestro espacio vital fuera absorbido por las gentes que solo quieren echar una cortina oscura sobre nuestros emprendimientos, y desean tenernos al maltraer con sus quejas, sus palabras desabridas, su mala onda, su sentimiento despojado de sanas intenciones, su mal querer y su egoísmo?
Hagamos junta, pues, con las gentes que dan ejemplo de conducta rectilínea.
Después de tanto vivir, he llegado a la conclusión de que una acción inteligente que podríamos llevar a cabo todos los días es nutrir nuestro espíritu con el cariño de los calmos, de los serenos de corazón.
Necesariamente debemos ser selectivos.
Cuántas malas amistades han echado a fundir el ánimo de los hombres y de las mujeres.
Habla con un derrotista consumado más de una hora y el aire se te volverá irrespirable, y verás solo restos de oscuros nubarrones de lo que fue tu cielo.
Escucha razonar al pesimista, y al necio insistir en su necedad, y entenderás por qué es tan valioso buscar la buena compañía, y aferrarse a la familia aún con el viento en dirección contraria dentro de sus integrantes. La familia es siempre la familia. Esta verdad la escuché durante toda mi niñez. Lleva conversación con el optimista, con el triunfador, el luchador por excelencia, y habrás aprendido muchas lecciones que te servirán para seguir remando contra la corriente, si fuera necesario.
De niña, me juntaba con los niños, obviamente. Ahora que ya soy mayor, muy mayor, busco de nuevo la compañía de los niños, quienes con sus revelaciones ingenuas me hacen pensar que la existencia tiene su lado saludable. Hágase siempre la voluntad de los optimistas y alegres.
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