lunes, 21 de marzo de 2011

Alba Bascou-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2011

ULTIMO ROUND


            Tenía la mirada perdida-posiblemente- en las esperanzas sepultadas en la adolescencia.  El pelo corto, casi rapado y los ojos pintados de un azul petróleo que lastimaban a las miradas de los otros.. Venía vestida como un collage. Una campera de colores mezclados, donde el naranja y el verde sumados al brillo de la tela, hacían recordar esas ecúyeres de circos de barrios o a una muchacha de las esquinas de San Fernando, cercanas al Canal.
            Cuando se sentó y pidió el café, noté un mirar agresivo, penetrante. Al rato escuché su voz, pidiéndole a un cliente que le prestara el diario. Lo estoy leyendo, le contestó el otro. Está bien, siempre tan amables los tipos. E hizo una mueca de asco, desagradable, vomitiva.  El hombre no supo qué contestar y acostumbrado, quizás,  a las reminiscencias de una madre fálica, le ofertó el tabloide. Lo tomó con nerviosidad, la ansiedad la llevó a buscar vaya a saber qué. Y empezó a jadear. La gente recientemente llegada al lugar se empezó a sentir molesta porque asociaba esos ruidos orgásmicos con figuras o estertores que giraban en su inconsciente. Dos mujeres grandes se levantaron de las mesas vecinas dejando el pago junto a una taza. Una parejita reía , divertida como si estuviera viendo una película surrealista , a la que se agregaba cierto humor negro. Pero los espasmos iban en ascenso. Esa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, se agrandaba cada vez más hasta transformarse en un especie de quejido. Más agudo. El dueño de la confitería y los mozos no acertaban a hacer nada. Estaban petrificados. Por fin se detuvo en una hoja. De la mesa de al lado, de reojo se veía un copete con letras bien grandes y negras y la foto de un hombre. El jadeo finalizó en un grito rectangular que se arrombó hasta arromboidarse y desaparecer.
            El café ya no humeaba. No obstante, una sonrisa medio alocada, delirante, acondroplásica, demencial asomó y se prendió de sus pupilas, mientras revolvía el líquido amarronado con una cucharadita. De pronto la sacó, la miró, la tiró contra el suelo originando un ruido metálico en medio del silencio y abrió su cartera. De allí extrajo cpn suavidad-como para no dañarse—un cuchillo, cuyo filo resplandecía, plateado y del que goteaban hilitos de sangre negra, coagulada.   
            Con la punta revolvió varias veces el contenido del tazón, en tanto parte de la manga del pulóver se manchaba y el resto se mezclaba armoniosamente con el café ya frío. De un zaque se lo bebió. Después se levantó con la habilidad de un gato, devolvió el diario, depositó las monedas por la consumición y riéndose a carcajadas abandonó el lugar, dejando juegos de ojos de distintos colores más redondos por el asombro.
            Afuera ululaban las sirenas de la policía.
            Apostados contra una ambulancia, dos enfermeros sujetando un chaleco blanco amarillento, hacían guardia...

Alejandro Darío Insaurralde (artículo)-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2011

El rock “globalizado”


Como expresión musical de posguerra, el rock irrumpe en la sociedad de mediados del siglo XX con la bravura de una ferocidad juvenil que gritaba al mundo sus canciones pacifistas de no más de cinco minutos, simples himnos compuestos de pocos acordes, combinados con unos cuantos versos malsonantes, de factura bien callejera, directos y a la vez profundos. El repudio a las políticas beligerantes de la segunda guerra, de Vietnam y de Corea, redoblaba sus tambores contestatarios a través de esta incipiente música. Lo que parecía como una versión más económica derivada del jazz, y como una expresión más divertida que el blues - sus dos fuentes principales - se transformó en una cultura que trascendía lo musical y los salones de baile. Derivó en un movimiento en el que emergían borbotones de una sangre nueva que no quería heredar el olor a pólvora caliente que aún se percibía en las calles, ni el resentimiento de los combatientes, ni los traumas, ni toda secuela que deja una guerra. Aunque con vehemencia, se le cantaba al amor y a la paz - en cualquiera de sus concepciones - y se emprendía un camino de búsqueda de expansión de la mente y de los sentidos donde todos subían a un romántico tren colmado de alcohol y estupefacientes. En función de lo coyuntural y contexto social en el cual aparece, el rock tenía algo que decir, había que patear el tablero, había que alzar una voz visceral desde lo más hondo, con simpleza y sin rodeos.
No es en la génesis de este movimiento en donde voy a concentrarme, sino en como resuenan sus ecos en la actualidad. Han transcurrido más de 50 años desde su aparición, y hoy la realidad de esta música como de sus cultores es muy distinta. Es sabido que el fenómeno de globalización económica y de las comunicaciones caracteriza, entre otras cosas, al mundo posmoderno donde caudales de productos e información circulan a una velocidad que permiten acrecentar ganancias en menor tiempo. El mercado de la música en el cual el rock es gran protagonista, tiene su gravitación en este fenómeno. Toda obra artística que se lanza al consumo masivo basándose en términos de producción en serie para favorecer a la industria más que a la expresión, se vuelve una mercancía, y se desvirtúan allí las condiciones esenciales del arte.
Con el tiempo algunas facciones dentro del rock mutaron en una subcultura, actitud estereotipada, o en estilos fusionados con otros géneros. Precisamente, tales mutaciones obedecieron a modas, pautas de mercado o simples experimentaciones, y cambiaron algo de aquella esencia que había dado origen al rock, pese a que muchos estilos lograron calidad desde lo  musical, desde lo conceptual o desde lo estético. Me parece loable el resultado obtenido en algunas de esas transformaciones, que habla de una evolución y exploración músico-sonora casi inevitable debido a que los gustos e ideologías se renuevan continuamente.
El problema que amenaza al rock, como a otros géneros, no es el cambio ni la exploración, ni siquiera el factor comercial - que puede mejorar las condiciones de la expresión genuina - sino cuando el viraje hacia lo económico se torna razón exclusiva para su subsistencia. Aquí es donde se resisten aquellos que, tentados por la viperina señora del consumo masivo, se desvían de su odioso camino, tan seductor e itinerante, y mantienen sus principios roqueros como pueden. Son los menos, y se podría decir que constituyen una especie casi extinta. Estos sobrevivientes de la tentación quedan relegados al mundo “under”, y en ellos se puede advertir esa legitimidad artística que tienen los que se comprometen con lo que expresan. “Ellos son eso mismo que cantan o dicen”, y no siguen ningún capricho mercadotécnico o de oficinas de producción. Esto se ve también en otras disciplinas, como el teatro, la plástica o las letras.
Durante los años 70, la experimentación en el rock alcanzó hasta ese momento su punto álgido. Composiciones más sinfónicas y extensas, temáticas vinculadas a leyendas y mitos, o vivencias contadas con una poesía más esmerada y psicodélica, pintaban el panorama roquero de la década; las túnicas coloridas y el vestuario en general se ligaban íntimamente a estas temáticas.
Para finales de los 70 aparece una corriente que se alza contra los sistemas políticos y sociales establecidos: el punk, una subcultura que le cantaba a la anarquía y a la no explotación del hombre por el hombre. Más tarde, otra corriente aparece para estremecer las bateas y los oídos: el heavy metal, estilo donde se reviven a personajes épicos, y donde el mundo antiguo y medieval se hacen presentes; el cuero negro es su uniforme, y la actitud hostil se acentúa con ejecuciones y timbres vocales más agresivos.
Casi paralelamente, en los 80 irrumpe el “glamour” con todo su andamiaje erótico y sensual; se podría decir, que ya entrábamos a la era del video, la era de la imagen, y se intentaba producir íconos andróginos que pudiesen agradar tanto a hombres como a mujeres; el pelo largo ya no era sólo una evocación medieval o gótica, como en los 70, sino un recurso sensual.
En los Estados Unidos predominaba el rock glamoroso, con textos vinculados al alcohol, la noche y las mujeres, mientras que el europeo mantenía las evocaciones míticas e históricas y alguna que otra filosofía callejera.
¿Dónde entraba lo comercial aquí? La respuesta es simple: en todos los estilos del rock, el comercio entra por los medios, las compañías encargadas de producir y editar bandas, las monumentales giras donde se emplean a cientos de operadores y técnicos, y las campañas de publicidad. Desde que ingresamos a la era del video, había que vender una imagen sea glamorosa, con reminiscencias históricas o contestataria, y el sonido debía cumplimentar las exigencias tecnológicas de la época. Para todo ello, la industria de la música se las ingeniaba para lanzar “productos roqueros” dirigidos en especial al público joven, que es el consumidor de música por excelencia.
Sería labor tediosa mencionar referentes de bandas o músicos que se desenvolvieron en este marco, porque la evolución en el rock, además, desliza variables en relación a ciertos exponentes que tuvieron algún toque de originalidad. Por ello me limito a comentar algunas características principales que desplegó esta música desde su aparición, y que hoy no escapa a la gran maraña “globalizada” en la que vivimos. Se le puede reconocer al rock su capacidad adaptativa a este fenómeno, pero debió pagar su precio: debió dejar atrás los reales gritos contestatarios, y cambiar ciertos ideales por el éxito comercial, la protesta sin concesiones por una rebeldía de entrecasa, los sueños de cambiar al mundo por el “establishment”, los circuitos pequeños y no rentables por los megaconciertos y festivales millonarios.
El rock que hoy escuchamos goza de jerarquía comercial porque se convirtió en un bien de mercado sostenido por la tecnología y el profesionalismo. Pero no se puede culpar a ningún género o estilo musical por responder a los paradigmas de una cultura capitalista que hoy rige en todos los órdenes de la vida social. Sólo aquellos productos que operan en el mercado con efímera vida para satisfacer una moda o manipulación comercial, sería un digno blanco de críticas. El resto no es más que una adaptación a los tiempos que corren.

Oscar Alfonso Vera-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2011

Entre mate y mate



A la mañana temprano,
como que es ley en mi pago
yo me prendo al mate amargo
de mis yerbales hermanos.

Yo lo tomo bien caliente
porque soy buen cordobés
ni cambio yerba, ya ves
es mi secreto pendiente.

Cuando lo hago, pienso tanto
en mi origen, en los campos,
en truenos, quejas y lampos
en tormentas de verano.

Y en los fríos soberanos
que pasé sobre el caballo
vaya un recuerdo a mi bayo
al que lo encontré orejano.

Que con delicada mano
lo hice a mi gusto parejo,
liviano como un vencejo
pero guapo y soberano.

Yo era un pichón de paisano,
seguro, que el me entendía
si hasta a veces parecía,
que me besaba la mano.

A veces entre mate y mate
yo le desgrano mis glosas

hasta que viene mi esposa

Tan dulce, tan bien cumplida
regalándole a mi vida
su aroma cual flor hermosa

Yo le repito, preciosa
que tengas hoy un buen día
sabiendo de la alegría
de ser los dos, misma cosa.

Edilberto González Trejo-Panamá/Marzo de 2011

Extravíos Urbanos

Peces
Fuera del agua.

Hombres ligeros
En aguas profundas.

Pez de Agua
Hundido en aquel
Hombre de Tierra.

Nadando
En su cardumen,
Muriendo todos secos,
Nadando en seco;
Caminando secos
En la multitud…

Falta el aire:

Preciso el Abismo.

Maximiliano López (artículo periodístico)-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2011

Orson Welles o el eclecticismo disruptivo (variaciones sobre “El ciudadano Kane” y “Sed del mal”)

Orson Welles tuvo rasgos particulares que lo marcaron y aun marcan como un personaje sumamente influyente dentro de la historia del cine. Uno de ellos fue el de ser en muchas de sus películas director y actor al mismo tiempo. No todas los que integran el mundo del cine pueden jactarse de ello. La característica de este director fue, quizás, esa obsesión de controlar todas las variables para que ningún aspecto de sus proyectos se estropee a causa de cualquier imprevisibilidad. En esta ocasión enfatizaremos su faceta de realizador y en las características mas importantes que poseía desempeñándose dentro de ese rol. Todo esto en un marco de  análisis de sus dos películas que causaron mayor impacto en el publico; “Citizen Kane” (1941) y “Touch of evil” (1958).

 Tanto en una como en otra de estas películas, Orson Welles dio rienda suelta a su arsenal de recursos técnicos y estéticos habientes en su background cinematográfico así como en el escaso margen de recursos económicos y de infraestructura con los que contaba. El no aportó en si ninguna innovación en el lenguaje visual, lo que logro con éxito fue el uso de todas las técnicas cinematográficas existentes con resultados positivos. Sin caer en el vaciamiento de contenido de sus películas.

 Sin embargo, dentro de la mezcolanza de recursos reforzadores del lenguaje cinematográfico, su estilo tuvo en si un norte atraído por la estética barroca. Esta, claro, matizada por la atmosfera ‘noir’ que predominaba en el entonces nuevo cine estadounidense que llegaba para desbancar a las grandes producciones del mainstream fílmico de la época.

 Una de las muestras de la sugestión de Welles por lo barroco radica en las características de los personajes femeninos que aparecen en sus películas, que se presentan en escena con cierta belleza misteriosa y/o tímida y cuyas personalidades, todas ellas con accionar propio y emancipador, van tomando intensidad con el pasar de la trama, a diferencia de ciertos “prototipos” machistas y pasivas doncellas hollywoodenses.

  Otro punto de barroquismo se encuentra en como se representan las escenas del filme, en donde aparece la importancia del realizador al momento de hacer el manejo de cámara. Llenos de largas secuencias intervenidas por los personajes en cuestión. En las cuales se puede apreciar la enfatización estética de mostrar de la forma mas equitativa y heterodoxa posible (en relación a las técnicas a las que el director acude) todo lo que sucede en cualquiera de sus tomas.

 Las películas de Orson Welles, en su mayoría, tocaban temáticas ligadas al poder así como los sentimientos y conductas que este hace emanar desde la parte más oscura de la naturaleza humana. “Citizen Kane” y “Touch of evil” no fueron la excepción a la regla; Una se mete en el entramado de negocios, intereses y fortunas del Sr Kane, un burgués de la vieja escuela, mientras que el otro film hace foco en la policía. En los manejos y métodos turbios de esta sobre los cuales basaba su autoridad en un pueblo situado en la frontera entre México y EEUU.

 El cine del norteamericano cuenta con elementos disruptivos no solo en el aspecto de la técnica sino también en el aspecto de la trama. Welles fue un director de dejó una pauta personal a la hora de dirigir películas, las cuales, a pesar de ese tinte personalista, pudieron ser reformuladas y/o resignificadas hasta el presente.

Liliana León Trujillo-Cubana, residente en Buenos Aires, Arentina/Marzo de 2011

…Y que tu amor me salva del aullido nocturno
Cuando loba demente la fiebre me arrebata.

(Maria Elena Cruz Varela).


No hay nada más temible
Que dos bestias peleando.
Nada más deleitoso
Que dos bestias haciendo el amor.
Nada más concreto, asegurado
Que bestias así como tú y yo
Sintiendo.
Nada como bestias en estado de quema,
De fase lunar,
Vibrando,
Rugiendo, aullando.

Me acaricias el rostro
Se que es peligroso y como gimes te dejo.
Podrías devorarme ya, y te dejo.
Todas las noches, todos los días,
Con la soga al cuello
Y la  mirada del animal cautivo.

Carlos Caposio-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2011


Fusión



Una gaviota de plomo,
caga al soldado Juan Salvador
que recorre Comala
buscando a Pedro Páramo.

En la isla del silencio
se esconden sotanas de fuego
las piedras alcanzan el cielo
sin jugar a la Rayuela.

Memorias del convento
sin máquina de volar
para leer el evangelio
según María Magdalena

Ensayo sobre la visión
de doce cuentos de burgueses
con cien años de compañía.

Un buen día
habrá un túnel sin celos
sin resistencia antes del fin.

Perdidas en las bermudas del Aleph,
las gotas de nieve
manchan la sangre
de una Infancia sin Inocencia
de Juventud y Desgracia.

En el día boca abajo
el lobo está en la ciudad,
Sidarta está en la estepa
de los Ojos de gato rojo

El Hijo de hombre
lee poemas de Goethe sin barca
y es supremo en el baldío.

Neruda, paz en Machado
Bukowski, Octavio en Baudelaire
Y el Principe no es tan Maquiavelo
sino guerrero de la oscuridad

Oliverio que no gira hondo
porque Pessoa interpreta los sueños
de todos los Freud

Una masacre a sangre fría
sin operación
cuenta ovejas que no caen
por el desbarrancadero

El llano en aguas
Escribe cartas para plagiar
por el tubo de Papillón

Ya no vuelan más hojarascas
la maga está con el Horacio
.

Carlos López Dzur-Orange Cove, Estados Unidos/Marzo de 2011

El origen del poeta


Tú, poeta, eres y serás como cuerpo de luna amada.
Vas a heredar la muerte. Cada emoción posible y su agonía.
El relámpago abre el cielo, quizás muy brevemente,
y da la desnudez, la verdad que te mata.
O te lo explica todo.

A tí te amaré, como a tu madre.
Por eso te ofrezco la promesa; doy mi testamento.
¡Voy a revelar el origen que tienes, mi causa!

Tú quieres ver el cimiento y el semen de las cosas.
Porque así lo quisiste, te amaré.
Tú vas a verlo todo, poeta.
Lo has pedido y yo cumplo
a quienes así me solicitan.

Pedíste exactamente lo que quieres:
digno eres de luna.
«Házte mi canto con verdad desnuda».
Cántame. Y procedí con mi promesa:
Te haré profeta.

El sol que ha de matarte con su rayo te dará
el oficio misterioso. Ese es el precio.
Cántame hasta que yo te diga.

Voy a quitarte la vida de repente, voy a sacar
del vientre de tu asombro el poema pavoroso.
Tú hablarás de mis gestas y placeres.
Yo fundaré el habla de tu canto
y al don de tu tristeza,
lo transformaré en contínuas
y sucesivas alegrías.


Del libro Estéticas mostrencas y vitales