lunes, 24 de septiembre de 2012

Lénida-Hernando, Provincia de Córdoba/Septiembre de 2012


SEMBRADOR

Seguir sembrando...
es el desafío del labriego,
con tormentas a cuestas
sequías y mal tiempo.

Seguir sembrando...
en el mas infértil terreno,
con la fe que su trabajo
dará frutos buenos.

Seguir sembrando...
aunque algunas semillas
se las devoren los pájaros
o se las lleve el viento.

Seguir sembrando...
semillas de palabras,
para que la sientan todos
los sordos y ciegos.

Seguir sembrando...
con un sentido
que la paz perdure
en todos los pueblos.

Roberto Daniel Malatesta/Septiembre de 2012



Comentario bibliográfico de Roberto Daniel Malatesta a partir del poemario “Corona de Calor” de Rolando Revagliatti (Ediciones La Luna Que, Buenos Aires, la Argentina, 2003), publicado en la edición del 9.3.2006 del periódico “El Litoral” de la ciudad de Santa Fe, provincia de Santa Fe, la Argentina.

“No creas en nada que no te haga reír”


          Rolando Revagliatti, prolífico autor de poesía, amén de dramaturgia y narrativa, organizador de eventos literarios, dueño de una obra ampliamente difundida en revistas literarias y traducido a diversos idiomas, nos entrega el libro número quién sabe ya. Lo cierto es que “Corona de Calor” hace contundente un elemento que nunca dejó de faltar en sus anteriores poemarios: el humor, elemento muchas veces desvalorizado si de poesía se trata, cosa extraña que ocurra en el lenguaje de Quevedo y Lope de Vega, cosas extrañas en nuestra memoria colectiva o será que nos enseñaron demasiado que debíamos, para leer poesía, fruncir el entrecejo.

          El tema del libro: el calor del cuerpo humano, el sexo, la edad, el amor, tomados desde un nada convencional ángulo desde donde nace el humor.

          La forma es la ruptura con la forma; aun así y pese a ello sus trabajos no están exentos de la musicalidad del énfasis y aquí, he de hacer notar, se pierde un elemento, ya que R. R. entre sus diversas experiencias con la palabra, ha grabado casettes con sus poemas. El énfasis en sus lecturas, su formación teatral hacen de R. R. un peculiar caso para el medio poético argentino: el recitado de sus propios poemas los mejora.

          El lenguaje, si por momentos llano: “Sólo me interceptan las niñas / en el bosque / y me tientan con el contenido de sus canastas”, otras veces juega con cacofonías, con sonidos: “la mal amada / ama / mal // endeudadas” o casi arrabalero aunque traducido al siglo XXI: “alardeabas con tu cabellera violeta y esponjosa / de una laya calificable de furibunda / atiborrada por aritos y otros adminículos / prensores en zonas tiernas”. Y todos estos recursos  se predisponen para la sorpresa, para el cierre inesperado del verso generalmente rematado en seco.

           Piezas cortas, poemas sonoros fuera de toda sonoridad tradicional, poemas, como debe ser, para ser leídos en voz alta. En realidad R. R. parece tomarse nada seriamente o será verdad aquello de que no ha de creerse nada que no te haga reír, precepto al parecer “seriamente” incorporado por R. R. ya que los títulos de sus libros anteriores  lo preanuncian: “De mi mayor  estigma (si mal no me equivoco):”, “Trompifai”, “Picado contrapicado”, entre otros. “Corona de Calor” heredero de toda una trayectoria parece ser, y aquí qué más da, soy subjetivo, su mejor libro.

Emilia Marcano Quijada-Venezuela/Septiembre de 2012


ROMANCE DE LA LADRONA 

Cuando te recuerdo miro
tu foto en aquel rincón
por quererte tanto y tanto
se me perdió el corazón.

Sangrando salió del pecho
y en su desesperación
de tanto y tanto buscarte
ya nunca jamás latió.

No se escuchó ni un sonido
ni un sístole de dolor
de tantos y tantos besos
que tu boca me entregó.

Esa ladrona de amores
no me tuvo compasión
se robó todos mis sueños
y nunca jamás volvió.

De tanto quererte tanto
de tanto llorar de amor
de tanto mirar tu foto
robándome el corazón. 

Beatriz Minichillo-Buenos Aires, Argentina/Septiembre de 2012


Las bastoneras


¿Usted qué número tiene? me preguntó agresivamente. Sin hablar se lo mostré. Estábamos en un banco a la espera de ser llamados para diversos trámites. Su mirada era dura. “A mí no me van a pasar” dijo, dirigiéndose a algún interlocutor que quisiera oírla. Parecía una viejecita dulce pero su tono de voz lo desmentía. Miré a ambos lados de mi ubicación y me encontré rodeada por dos ancianas, cada una de ellas ostentando un bastón que enarbolaban de manera intimidante. Es más, por el pasillo que quedaba libre entre los asientos y los lugares de atención, avanzaban otras, todas blandiendo sus respectivos bastones que golpeaban vigorosamente contra el piso .
A simple vista parecían inofensivas pero su poder estaba radicado en ese adminículo que sus manos sostenían como quien sostiene un arma. Un principio de pavor se apoderó de mí, sentada allí como un reo que aguarda su sentencia. ¿Serán una secta? me pregunté, porque no podían haberse concentrado todas en el mismo lugar en ese momento determinado. Algunas disimulaban sus achaques pero no la mirada dura, seca, la seguridad de saberse con un elemento poderoso en sus manos. Había escasos hombres y ninguno portaba bastón. Solo ellas, que se hablaban entre sí pergeñando vaya a saberse qué confabulación. Y lo más curioso: no estaban acompañadas por hijos o nietos solícitos. No, estaban solas, omnipotentes, dispuestas a lo que fuese necesario. ¿Una conspiración de jubilados, me pregunté? Y me hice chiquita en medio de la multitud.
Criticaban al personal femenino de la institución bancaria, simplemente porque se extendían en alguna consulta con personas que eran de la misma edad que ellas. Aunque en el fondo, tomando distancia de ambas posiciones, creo que era simplemente porque las empleadas eran jóvenes, tersas, caminaban rápido y daban respuestas precisas. Pero las ancianas iban por más, no querían oír las preguntas ajenas, solo estaban atentas, como cuervos ante la presa, al rosado número que tenían en sus manos. De vez en cuando se acercaban a alguna empleada y con un gesto dulce- pero artificial- la saludaban pero no por afecto sino como aquel que dice “aquí estoy yo , por favor no olvidarse que estoy yo.”
Sólo las delataba un leve temblor en el bastón, una leve sacudida, como quien carga y revisa el arma antes de utilizarla. Y se miraban entre ellas,astutamente, con una falsa ingenuidad. Sus ojos eran a veces llameantes, taladraban las otras miradas, como queriendo atravesarlas. Y no hablaban, solo estaban en posición de ataque. Estoy segura que ante el llamado de una de ellas las otras correrían -bueno, es un decir- caminarían lo más rápido que sus bastones se lo permitieran para iniciar el ataque.
Y allí, en ese instante lo supe. No más delincuentes juveniles o jóvenes, vestidos con remeras y jean o trajes de oficinistas, una nueva generación se estaba gestando: las bastoneras, que sin disparar un solo tiro ni proferir amenaza alguna, en un momento dado empezarían a caminar hacia las cajas, hacia los escritorios blandiendo su armamento de madera y sus ojos mentirosos de viejecitas nobles con sus pasos lentos pero nunca hacia atrás, sus figuras pesadas o livianas pero nunca débiles. Lo supe y empecé a retroceder mientras ellas comenzaban a avanzar como el guerrero que conoce su táctica y está seguro de su éxito.
Y puedo asegurar que no están solas, hay miles de ellas, no solo en los bancos, también en las carnicerías, los almacenes, los supermercados, los consultorios médicos, en la vía pública. Son un ejército anónimo y temible, ellas, las bastoneras, que sin ninguna duda tienen hijas e hijos dóciles y nietos rebeldes que desconocen su submundo. Por eso, si las encuentran, crucen de vereda, vayan a otro lugar, aléjense, porque corren peligro, no ellas, sino ustedes, nosotros todos. La única forma de salvarse es llegar a esa edad y apropiarse de un bastón, en especial esos que se apoyan con fuerte ruido en el piso, pero tengan en cuenta algo muy especial: no cualquiera puede ostentar el derecho a pertenecer a la secta. No, hay ceremonias de iniciación. No se sabe dónde las realizan pero existen. Cuidado con los centros de jubilados, cuidado con esas personitas que parecen endebles y a cuya vera descansa un bastón. Cuidado, no se descuide, mire a sus espaldas, esté atento. Las bastoneras están al acecho y usted, sí, usted puede ser su próxima víctima. Por lo menos se lo advertí.

Valeria Cecilia Pariso-Buenos Aires, Argentina/Septiembre de 2012


Para que no se den cuenta



Ahora me despierto y lo sé,
lo saben mi amiga
y los espejos,
me pruebo un vestido y lo sé,
veo besos y lo sé,
lo saben los que se besan
cuando me miran besándose
de reojo y siguen
con el beso y se ríen,
mi madre no lo sabe
pero lo intuye, es cierto.
La vecina dice que ando en algo raro,
me duermo y lo sé
rezo y lo sé,
vuelvo a despertarme y lo sé,

pondré prímulas en las macetas
para disimular mis obsesiones.

Rosalba Pelle Mancuso/La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Septiembre de 2012


SOLEDAD DEVASTADORA



Oscura soledad de mi barrio,
el miedo no encuentra tregua
ante incertidumbres cotidi
anas.
¿Cuál la clave para calmar esta sed,
dónde los ojos piadosos,
que me presten el beso del alba?

Turbio pozo,
torbellino sin interruptor,
precipitada maraña,
viaje sin escala y sin retorno.

Fortuita , casual, la nada.
Devastadora soledad.

Marta Díaz Petenatti-Zona Rural de la Provincia de Santa Fe, Argentina/Septiembre de 2012


POR FAVOR


Te pido por favor que me prestes tu sonrisa. Sé que es insólito, que no va a ser fácil  complacerme, pero quiero y necesito saber qué se siente al sonreir.
Te veo  con esa sonrisa clara, diáfana, alegre y entonces me pregunto ¿qué se sentirá cuando el rostro se distiende de esa manera, cuando los ojos se prenden de luces que chisporrotean por  doquier, cuando la boca se pone más rosada, más tibia, más hermosa mostrando los dientes que se ven blancos e inmaculados por el brillo del contexto?
¿Qué se sentirá cuando el alma canta a través del sonido de la risa, o cuando el aleteo de la nariz semeja alas que vuelan al viento, o la frente se contrae y se mueve rítmicamente al compás de los suaves vaivenes de los hombros?
¿Qué se siente  al reir?... ¡no lo sé!... por eso te pido que por favor me prestes tu sonrisa.
 Me la pondré sobre la cara para sentir ese brillo, ese calor, esa alegría, ese placer que se nota en  las personas que ríen.
Pero  no temas, te la devolveré pronto, sólo quiero saberlo  para estar preparada, para darme cuenta que si  algún día mi corazón se inflama de alegría, mi cara se prende de rubores y dulzuras, mis ojos se encienden e iluminan y  mis hombros bailan suave,   es solamente porque estoy riendo, nada más y nada menos…¡porque estoy riendo!, ¡porque soy felíz!

Nilda Antonia Pigazzini/Buenos Aires, Argentina/Septiembre de 2012

BUENOS AIRES
ME PEDISTE UN POEMA

Por la paz y la carencia
por los hijos de tus hijos
por esta tierra que nace
bajo los rayos del sol.

Por siempre serán oídos
serán sueños serán niños
mujeres de alto vuelo con
la comprensión del hombre.
Amor de padre en acecho
madres del dolor huyendo
en calma y soledad.
Reencarnaremos en almas
sólo pequeños humanos...
Te pido
Patria Mayor
reconocernos hermanos.
Seguiremos caminando
por la luz de los trigales
el pan dorado de sueños.
Por los nuevos hacedores
el amor y la armonía...

Honrarán brotes naciendo ,
amando lo que sembramos.
Abriremos surcos, brechas
de honra y de trabajo.

Seremos libres al fin...
Donde nacen los poetas
nunca morirán esclavos.