lunes, 20 de enero de 2014

Marcos Polero-Miramar, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Enero de 2014




CHANCHO PECARÍ



Cuando intenté abrir la puerta vidriada, algo  golpeó desde adentro, obstruyéndome la entrada y expulsándome hacia la vereda. Inmediatamente vi la explosión de sangre y vísceras que inundaron el salón y salpicaron de bastones rojoazulados las vidrieras del frente.
Los curiosos y los que “querían ayudar” entraron a borbotones y el aire se impregnó de un olor putrefacto y sanguinolento, que invadía los aromas epicúreos de la cocina, donde se adivinaba una salsa glaseada a medio hacer, que agregaba  las características del hueso quemado, empeorando la imagen olfativa.
Después del primer sacudón, ya analizando el panorama pude identificar, en el centro de la escena, una figura pequeña y regordeta, que según supe luego era la ayudante de cocina. Alicaída, ojos bajos, brazos colgando y,  en su mano izquierda, la más larga y grande de las cuchillas de destazar  medias reses chorreando líquido rojo.
En ese momento ya me  resultaba  impresionante y rara la violencia con que voló el destripado jefe de cocina dada la apariencia insignificante y frágil de la agresora,  y nunca antes había pensado que las tripas humanas hedieran de esa manera insoportable y tan duradera, que casi un año después persiste en mis fosas nasales.      
Enseguida la policía tomó control de los sucesos; colocaron una lona encima de la cabeza y pecho del finado Norberto y retiraron esposada, sin resistencia a Nilda, a quién no era nada fácil  reconocer como la autora del bárbaro hecho.
Nilda era paraguaya, nacida y criada en la ciudad fronteriza de Encarnación y estaba en la Argentina en forma indocumentada como tantos otros inmigrantes. Conocía muy bien el oficio de la cocina, era una verdadera artista manipulando sartenes y cacerolas. Había llegado a Buenos Aires con una recomendación de puño y letra, con la rúbrica del Coronel Antonio Amatte, poseedor de uno de los mas lujosos negocios gastronómicos de la mejor zona de Asunción,  ex socio y amigo entrañable del Señor Leal, dueño del restaurante céntrico donde yo había entrado a pedir trabajo justo en el momento en que se desataba la tragedia del destripamiento del jefe de cocina...
Desde el primer momento Norberto, que era muy pagado de si mismo y bastante xenofóbico, se las había tomado con la chica  paraguaya, que era bajita, gordita, morena y  con inconfundibles rasgos guaraníes; Le hacía todo tipo de bromas pesadas, de las cuales sus preferidas eran calentarle con un  encendedor la silla donde ella se sentaba a descansar para hacerla quemar con el plástico, o tomarse el trabajo de vaciar panes Felipe, amasar y calentar las bolas de miga a los costados de los mecheros para que se endurezcan y  asestarle migazos en la nuca y la espalda.
A la paragua, como le llamaban sus nuevos compañeros eso no le producía tanto dolor como la forma despectiva en que la nombraba  su jefe: Le decía chancho pecarí.
Pero lo peor había comenzado a suceder veinticuatro horas antes, cuando al cabo de haberla descubierto conversando con cierta simpatía con uno de los peones de cocina, el “Gurí”,  el cocinero se ensañó en groserías que aludían al aspecto grotesco de la pareja.
— ¡Me las vas a pagar!— le dijo Nilda al cocinero — ¡Seguí!, que vó a mí no me conoces, ¡Ya vas a ver! ¡Nde añacakópeguare! ¡¡Tovéntehina!      
Y la paragua que era honorable, como  sus antepasados guaraníes y no hablaba de más, cumplió su amenaza.
De esto ya hace un año, y yo que el día del crimen estaba buscando trabajo como peón de cocina, estoy ocupando el puesto que dejó la paraguayita, que hoy se encuentra alojada en el penal de Ezeiza, mientras sigue su juicio, todavía sin sentencia.  Juan José, el Gurí, la visita todas las semanas, el me contó los detalles de la historia. El dice que cuando le den la condicional se van a casar.   
                                                                                               



*Traduccion:
¡Nde añacakópeguare! (Tu, que fuiste originado en una vulva demoníaca).
¡Tovéntehina! (Que siga así, no más, que ya llegará el día en que arreglemos esta situación)

Nilda Antonia Pigazzini-Buenos Aires, Argentina/Enero de 2014

Las estaciones 

Esa tarde el amor incitaba a lo
 Desconocido,
Los pájaros dejaron de volar,
Desorientada me preguntaba
¿Qué voy hacer con este amor
Que nació en primavera ?
El verano fue cálido ,
el perfume propuso al otoño
cambiarle el color

Entre rosas marchitas
 Nacieron los poemas ,
caprichosos espinados ,
parían en una sombría
planta con dolor…

Fue en el invierno
 donde morían las rosas ,
 los pétalos mecían
plumitas de gorriones
 dispuestos a volar

Aquel día cualquier
 donde las mariposas
fueron en el sereno azul
del atardecer
La brisa rozó el parque ,
nació una luna nueva,
Los jazmines abrieron
como vientos al pasar

La noche germinó la calma,
 entre la oratoria del desencuentro ,
el desencanto del amanecer
 Con el ,dolor oculto
entre mis manos…
me pregunto
¿Qué hacer con este amor que
ha cambiado tan poco ?
Casi…es el mismo
Nació hace tanto…

En primavera.


Rosalba Pelle Mancuso-La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Enero de 2014



DE QUÉ SERÁN LOS VERSOS SINO DE AQUELLA SOMBRA
QUE HICIMOS SOBRE EL LECHO

Somos agua,
fuimos luz,
fui burbujas jadeantes
corriendo de sur a norte,
de norte a sur a la carrera
para el ritual de cada anochecer.
Fuimos albatros sobrevolando
las altas cumbres del universo
donde no importaba el ropaje
ni el dinero.
Recorría ese itinerario
con frenesí
para esperarte en rectángulo común
donde nuestras secretas aguas
se abrazaban amorosamente,
una vez y tantas más
hoy no te encontré,
sentí mordaza en tu boca
en tus manos
mientras una voz murmuraba
canciones fúnebres,
el invierno te desnudó el dolor
buscando sin buscar
el camino de la muerte
porque eso es,
algunas veces,
la soledad.
Las calles quedaron calvas
el tilo exhala un aroma sedoso,
el rectángulo en penumbra
guarda el perfume de tersa piel,
la desgarradora dulzura
de ese poema,
llueven, todavía,
tus besos en mi rostro.
Y ahora…?
Quedamos atados
con cadenas.
Ahora los versos serán
de aquella sombra
que hicimos sobre el lecho.


De: Poevida (Poemario breve)

Lilian Jorquera-Chile/Enero de 2014

A MI ESPOSO, COMPAÑERO, AMANTE Y AMIGO

Dame la mano compañero
iniciemos el vuelo al país de los sueños
donde podremos morar.
El paso del tiempo nos ha maltratado
olvida el ropaje ya desgastado
y alcemos el vuelo sin mirar atrás.
Desde lo alto miraremos la vida
la senda recorrida podremos evaluar.
Si miras con calma
no ha sido tan mala, porque
con risa cada lágrima se puede borrar.
Amante de toda mi vida
sostén de mis esperanzas
causa de mis alegrías.
Me diste fuerza cuando desfallecía
y  dormida en tu pecho pude descansar,
Me diste la calma, me abriste tu alma
has sido buen amigo, has sido leal,
acompañante de tantas jornadas
en mi Primavera me fuiste a encontrar.
En el Otoño dorado, los frutos sembrados
nuestro hogar vienen a adornar.
No tengas miedo al Invierno
si en silencio ha llegado
si hemos vivido, si hemos amado
el huerto cultivado deberá florecer.
No temas amado mío, mis manos
siempre de las tuyas buscan su calor,
olvida la pena, olvida el dolor
y como siempre el vuelo emprendamos
muy juntos los dos.  

Ceferino Daniel Lazcano-Olavarría, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Enero de 2014



Como un caballo

-         ¿Quién dijo que me gusta
cargar con tu humanidad?
Más que el bronce,
la libertad.
Al galope, soy una sombra del viento.
No soy un invento del gaucho
mi figura, al truco, poco ayuda
relinchar, morder, partir. Lejos.
Larralde y mortadela.
Mi fuerza hace caballeros
soy el que se va: aire y distancia
la tierra lleva mis huellas,
polvo y remolino.
Hicimos el amor,
hicimos la guerra.
riendas, frenos y tábanos
me quitan la sangre.
Como hierbas y piezas en el tablero.
Látigo, palenque y espuela
no alambraron mi alma.
Pará la oreja:
relincha, amanece
libertad  libertad  libertad.
Domar y usar
corro para que ganes
corro para que pierdas.
Pichicata y mancarrón
Gardel y Leguizamo
H.P. y White Horse.
Salto para que no caigas… aún.
Pero me gusta andar solo
y etcétera.
El barro del pisadero
el suelo de mi patria
equilibrio y procrear.

Héctor Labonia-Miramar, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Enero de 2014

  EL AGUJERO EN LA PARED

Estaba encamado, en el sentido de que me hallaba en cama por un accidente que hizo que me rompiera las dos piernas y otros magullones como un fuerte golpe en la cabeza que me tuvo inconsciente durante varios días .
Y allí estaba, completamente quietas y colgadas la piernas, solo podía mover la cabeza y los brazos.
No tenía dolor por los calmantes que me aplicaban, pero estaba muy aburrido, tanto que solo observaba las paredes del cuarto , y lo que más me llamaba la atención, era un agujerito común, como esos del que se cuelgan los cuadros, pero este me sorprendía mucho, porque cada día era más grande, negro , bastante negro y el sitio donde estaba colocado..
No entraba casi  nadie a la habitación y tampoco se acercaba a ese lugar de la pared, cerca del techo.
Yo esperaba ver la luz del exterior, pero eso no pasaba, se agrandaba cada día más
y a pesar de eso no lograba ver luz- sabía que del otro lado, no había nada, sólo ,vacío- no comprendía eso, y me quedaba extasiado mirando al despertar, cuanto había crecido ese agujero que tomaba forma irregular.
Pensé que sería una visión y no quería preguntar nada, porque tenía temor de que lo tomaran como una queja y dejaran de atenderme correctamente.
Pasaban los días y cada vez más grande, tanto, que me daba miedo,-era algo muy raro- y crecía solamente en la oscuridad de la noche, cuando la luz se apagaba.
Me atemorizaba y no deseaba preguntar a nadie y tampoco tenía nada a mano, de como llegar a él y tocarlo o atravesarlo.
Me estaba desesperando, no me lo podía sacar de la mente, más que no tenía otra cosa que hacer.
Comencé a tirarle miguitas de pan endurecido, pero no le acertaba, así que me quedaba sin saber si pasaba para el otro lado o no.
Estaba asustado e intrigado, demasiado suspenso me enloquecía, y es entonces que tomé un vaso vacío, con la mano que movía mejor y se lo arrojé y tanta fue mi puntería, que le di justo en el centro , como cuando dicen :¡ Péguenle al negro ! Y yo le pegué al negro, y sucedió algo inesperado y ni pensado por mí, ni me había imaginado, que iba a suceder lo que pasó.
Al darle en el centro del agujero , en vez de caer revoque o lo que sea , se fue expandiendo cada vez más, con la diferencia de que se iba viendo la pared, que era blanca, o sea que se destacaba el color del muro y no se veía agujero alguno y si cosas negras que se desparramaban corriendo por la pared sin saber donde ir, y ahí
me di cuenta que eran… ¡ Hormigas negras ! Si,  hormigas, enormes, atraídas por una cucaracha muerta en la parte alta de la pared, y reaccioné de la forma más vulgar, soltando un insulto muy largo y de grueso calibre, por los malos momentos que me hicieron pasar.
¡ Qué me iba a imaginar  que podían ser hormigas negras ! La p…

Carmen Guzmán Cedeño-Venezuela/Enero de 2014


EL TIEMPO DE A GOTAS


Espera...
Que es la espera?.
un verbo conjugado en tercera persona, aparece rotulado en el viejo diccionario
que aún vive!!
Más allá del mero aprendizaje de nuestra lengua...

Es la quietud solapada, para sorberte el tiempo de a gotas...
El consejo tranquilizador del amigo...como bálsamo verbal y minimizar la angustia...
¡ohhh!  Cuanta espera para vislumbrar tú presencia, pues se desesperan las ausencias...
ausencia que se acumula como algas secas....que  se volvieron piedras!!A la orilla del mar, su salobre beso...con dulzura envuelve la piedra que contiene el alga...que quedo en la espera...

Vez pasar en silencio consciente, el sonido sincopado del dichoso reloj...eclipses de luna, de sol
y tú ..En la espera!!
Espera...  hermosa espera la ostra en su estuche...el irisado nácar de una perla!!
Espera. Curtido por el sol el pescador en su alfombrada red  un cardumen platinado......de peces. Y esbozar una gran sonrisa!!

Mas mi espera...con cabellera suelta...inquieta en un sillón se me hace extensa como la llanura...la soledad…
cansada de esperar...se recuesta en mi hombro...su cansancio reconforta mi alma...como tibia mañana...
Vestida para amar...no quiero contar margaritas...me quiere, no me quiere...aguardo...
acunando una flor matizada en rojo en mi mano, y en la espera  encienda mis mejillas y coloree mis labios
Que cual capullo entreabra sus pétalos al aliento de un beso. En la espera!!

Apura el ritmo de tus metálicas manecillas... minutero del amor...son dos almas y la espera colmada de sentimientos...dos verbos y una sola realidad...el vendrá. Yo esperare!!!

Esther García-España/Enero de 2014


Yera Él…

Abrióse la puerta de sópitu. Daquién d’aquel.los atolondraos que taban nel conciertu, salió escopetáu del local. Aprovechéi’l momentu ya coléime ente’l tropel de xente que s’apelotonaba  delantre l’artista. El baruyu tapecía las notas musicales. Ya al.lí taba él, l.lantáu xunto a la columna d’espeyu, canturriando. Pasaran muitos meses dende la última vez que lu viera. Pero yera’l mesmu. El mesmu qu’atopara nel chigre, nel cine, nel aparcamientu… El mesmu que m’adelantó n’autopista, a gran velocidá.
El mesmu d’aquel.la nueite l.louca nel malecón. El mesmu.  Ya sonriume, con sonrisa dura, con sonrisa de diañu, de xuru.  Esta vez nun había dulda: l’espeyu reflexaba tolas caras, menos la d’él…

( Cuentos mínimos.  Mª Esther García López, marzu de 2007)