Revista Literarte creada en Noviembre de 2001 para la difusión de todas las disciplinas del arte.Declarada de Interés Cultural por el Honorable Concejo Deliberante de Vicente López en Diciembre de 2002.
DECLARADA DE INTERÉS CULTURAL POR LA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA PRESIDENCIA DE LA NACIÓN ARGENTINA SEGÚN RESOLUCIÓN 1706/10, en Junio de 2010
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No pude controlarme más. Esa noche tenebrosa discutimos acaloradamente, más de la cuenta, y lo confesé sin tapujos ni reparos. Sabía muy bien que la ofendería, se sentiría humillada, bastardeada. Que no lograría superarlo ni perdonarme jamás.
Pero estaba realmente harto. Hastiado. Ya no toleraba sus celos infundados, sus persecuciones dialécticas. Sus falaces acusaciones plagadas de malicia. Que revisara en cada madrugada mi agenda, mi teléfono, mis bolsillos, mis recuerdos, hasta mis sueños por soñar. Siempre tratando de capturarme “in fraganti”.
Exploté como un volcán incontenible y colocando mi rostro muy cerca del suyo, se lo confesé gritando. Gritando a rienda suelta. Gritando desde lo profundo del alma. Mi esposa irrumpió en llanto, en convulsiones, en reproches entrecortados. Su histriónica histeria se desplegó en chillidos, chirridos, gemidos, pataleos. Se babeaba furiosa cual hiena desorientada, mientras balbuceaba frases como: “Mi madre siempre me previno… que eras un degenerado… un desgraciado infiel… un pervertido”.
Me serví un trago, respiré profundo y me senté en el sillón. Sinceramente gozaba contemplando su desquicio. Su andar de fantasma errática. Frenética. Despeinada. Gocé de mi vodka doble, tridestilado, con zumo de naranja y observé el ir y venir por la sala de sus pasos incoherentes, inconexos.
Poco a poco fue recobrando la calma, y se dirigió hacia nuestro cuarto; preparó sus maletas y se marcho en silencio, regalándome un estruendoso portazo, que tronó de maravillas. Se llevo nuestro auto.
Suspiré aún más profundo, feliz, relajado. Me serví otro trago. Resultaba un enorme alivio haberle confesado mi pecado, aquella culpa que me corroía en silencio. Y aquél fue el momento apropiado. La síntesis del éxtasis en el génesis.
Era imposible continuar callando. Ya no podía seguir ocultando, que allá, por el sexto grado, portando mis once años, me enamoré de mi maestra. Imposible continuar callando.-
Clarita cruzaba día a día el puente viejo
y el lunes iniciaba su primera escolaridad
en Bio Bío,
pero el grito geológico quebró el puente,
incendió las fábricas,
volteó edificios.
(Los animales y las aguilas
escaparon el día anterior).
El asombro de Clarita nació
antes de su primer dia de clase
y tomada de la mano de su padre
no pudo cruzar más el hidalgo puente,
descubrió rostros de desolación,
impotencia,
en cada papá de Bio Bío.
Demasiado apurado
escuchó al gobierno decretar zona de catástrofe
y no la pequeñez de los hombres,
no la Historia por el piso,
no los respetos a la Pachamama.
Clarita poco antes de iniciar sus clases
vio la alteración de los viejos dioses,
la Araucania trasandina
con sus puentes vencidos,
sus olas gigantes,
sus carreteras partidas,
fiel Temuco,
duro puerto Patache,
musical Curicó.
vieja cultura Mapuche,
soberbio Santiago.
No se postergó la precariedad,
el Congreso de la Lengua se postergó,
no se suspendió la copa Davis en Coquimbo,
la escuela de Clarita sí suspendió las clases
y no podrá saber lo que ya sabe,
su papá espera réplicas
y ayuda
en Bio Bío.
Ten en cuenta, que la rosa de esa noche que se posara en tu mano, es carente de espinas lacerantes, solo están ahí para evitar un asedio de espíritus ya pasados que aún rondan tu alma casi solitaria.
La esperanza de la “no” soledad, se ahoga cuando tu piel vuelve a ser mojada por el roció de el.
Verse, tocarse, espectáculo de un siglo de avatares fortuitos, que ciñe a la mueca de la sorna, para aquellos que no lo experimentan.
Cuando se aleja, tengo la sensación de la muerte en vida, liberarse de todo lo que en ella trae, esas pocas palabras que al gemido suenan como rocas embestidas por olas de tormenta.
Quien no lo vea de este modo, puede dar lugar a una infernal algarabía de insultos y sarcasmos al alma.
Vuelve a reír conmigo, tenme piedad.
Tal vez, regreses con aquella risa que todo lo cura, sin precariedades, con ahínco, con fiesta.
Tal vez, no sea para ti más que un buen pasatiempo del sin esperanza, contradicción de tu alma que aún espera ser llenada con los besos que otrora te dieran y que ya no están.
Manifestaciones hibridas y terribles de la sin pasión, que experimentamos cuando ya no tenemos aquel que diera la desproporcionada libertad de saber que aun esta, que aun nos espera.
El no tener un corazón con quien compartir, o tenerlo, pero no sentir, da igual para los sentidos que buscan de todas maneras, ampliar su necesidad de amar.
Con naturales esquemas de lo ya aprendido, por amores pasados, mi alma busca repetir escenas de lujuriosa felicidad, que siempre caen como agua fresca en mi alma seca por el olvido.
Déjame apoyar en tu pecho, para saber que ahí dentro, palpita algo que tan solo por un instante, o una sola vez, de los cientos de miles de veces que lo realiza, solo una vez, lo hace por mí.
Por eso, cuando frente al mar estés, piensa que del otro lado de el, existe alguien que late al mismo ritmo que late eso que te mantiene viva.
Finalmente más inválido de espíritu, y desarmado como un caballero sin su yelmo en la cruzada de la soledad por no tenerte, entrega su espada a las hordas insignificantes que laceran su existir.
Hombre de paz, que por no tenerte, siente esa furia maldita de la soledad, que no deja de oradar su espíritu en busca de alguien, que como un bálsamo curativo deje en paz su dolida existencia.