domingo, 14 de marzo de 2010

María Antonia Herrera-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2010



















Renuncia – Renuncio

Si renunciar me pesa
            renuncio
                        sin aviso.
La renuncia
se escuda
                        en el silencio.
El silencio
                        renuncia
a simular destino
no claro
            obstinado.
Cobardía soslayada
            elude
mi derecho
            a renunciar.
Urdo la telaraña
que tejo en mis pupilas
            y no renuncio
                                    a renunciar.

Roberto Glorioso-Azul, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2010















28

Dónde arrinconar esa sombra
que preña un animal
                                    con pelaje de túnel.

33

Toda su riqueza
es una canción que muerde
cotos de silencio.


            De campamento sin brasa



35

Un buitre merodea
lo que nunca alcanza de la fiesta.


Del libro Astillas, capítulo Notas lastimadas

Ester García-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2010


Aniversario de Malvinas

Desde aquel triste año...  
Una herida que no sana.
Una madre acongojada.
Con un triste desengaño.

Esa madre que solloza
Porque el hijo no volvió...
Un niño que no nació...
La muchacha desolada...                                                                                  

Ese poema de amor.                                                                                                   
Esa cama abandonada…
Nadie dormirá en su almohada.
Con su sombra y tu dolor

-Volveré con mi medalla
de valor y de coraje.-
No pensó en el ultraje...
¡Por esa fría medalla!

Anoche soñé con él.
Caminaba con la muerte,
Que dolor el alma siente.
Anoche soñé con él.

Gustavo Galliano-Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina/Marzo de 2010


CONFESARÁS TUS PECADOS


   
No pude controlarme más. Esa noche tenebrosa discutimos acaloradamente, más de la cuenta, y lo confesé sin tapujos ni reparos. Sabía muy bien que la ofendería, se sentiría humillada, bastardeada. Que no lograría superarlo ni perdonarme jamás.
Pero estaba realmente harto. Hastiado. Ya no toleraba sus celos infundados, sus persecuciones dialécticas. Sus falaces acusaciones plagadas de malicia. Que revisara en cada madrugada mi agenda, mi teléfono, mis bolsillos, mis recuerdos, hasta mis sueños por soñar. Siempre tratando de capturarme “in fraganti”.
Exploté como un volcán incontenible y colocando mi rostro muy cerca del suyo, se lo confesé gritando. Gritando a rienda suelta. Gritando desde lo profundo del alma. Mi esposa irrumpió en llanto, en convulsiones, en reproches entrecortados. Su histriónica histeria se desplegó en chillidos, chirridos, gemidos, pataleos. Se babeaba furiosa cual hiena desorientada, mientras balbuceaba frases como: “Mi madre siempre me previno… que eras un degenerado… un desgraciado  infiel… un pervertido”.
Me serví un trago,  respiré profundo y me senté en el sillón. Sinceramente gozaba contemplando su desquicio. Su andar de fantasma errática. Frenética. Despeinada. Gocé de mi vodka doble, tridestilado, con zumo de naranja y observé el ir y venir por la sala de sus pasos incoherentes, inconexos.
Poco a poco fue recobrando la calma, y se dirigió hacia nuestro cuarto; preparó sus maletas y se marcho en silencio, regalándome un estruendoso portazo, que tronó de maravillas. Se llevo nuestro auto.
Suspiré aún más profundo, feliz, relajado. Me serví otro trago. Resultaba un enorme alivio haberle confesado mi pecado, aquella culpa que me corroía en silencio. Y aquél fue el momento apropiado. La síntesis del éxtasis en el génesis.
Era imposible continuar callando.  Ya no podía seguir ocultando, que allá, por el sexto grado, portando mis once años, me enamoré de mi maestra. Imposible continuar callando.-

Lilia Elena Durand-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2010


Quisiera

Quisiera
doblar el horizonte
adentrarme en la frágil garganta
de la nube que huye y cobija
enroscada en el viento
que rompe cántaros de sal
en el suelo sin mares del abismo

Quisiera
llegar al fondo
profundo foso de vísceras vacías
en tierras holladas de silencio
en la orilla amarilla
de una voz sin palabra que se pierde
en el laberíntico camino del deseo

Quisiera
reposar lamiendo
la despejada orilla de algún río
que deslíe en corrientes moribundas
azuladas en música de lluvia.

Quisiera
navegar las arterias
meterme en el corazón abierto
                                  del árbol
y sorber el amargo sabor de la savia
lengua de fuego que se apaga
                                             desecada

Quisiera
trepar el tronco
cantar una canción al bosque
                  pero
no tengo herida ni sangre
que desborde en el borde tortuoso
                                   de la piedra

Juan Disante-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2010















EN BIO BIO

Clarita cruzaba día a día el puente viejo
y el lunes iniciaba su primera escolaridad
en Bio Bío,
pero el grito geológico quebró el puente,
incendió las fábricas,
volteó edificios.
(Los animales y las aguilas
escaparon el día anterior).

El asombro de Clarita nació
antes de su primer dia de clase
y tomada de la mano de su padre
no pudo cruzar más el hidalgo puente,
descubrió rostros de desolación,
impotencia,
en cada papá de Bio Bío.

Demasiado apurado
escuchó al gobierno decretar zona de catástrofe
y no la pequeñez de los hombres,
no la Historia por el piso,
no los respetos a la Pachamama.

Clarita poco antes de iniciar sus clases
vio la alteración de los viejos dioses,
la Araucania trasandina
con sus puentes vencidos,
sus olas gigantes,
sus carreteras partidas,
fiel Temuco,
duro puerto Patache,
musical Curicó.
vieja cultura Mapuche,
soberbio Santiago.

No se postergó la precariedad,
el Congreso de la Lengua se postergó,
no se suspendió la copa Davis en Coquimbo,
la escuela de Clarita sí suspendió las clases
y no podrá saber lo que ya sabe,
su papá espera réplicas
y ayuda
en Bio Bío.



http://juandisante.blogspot.com

Daniel Dalton-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2010



















Tenme en cuenta
 
Ten en cuenta, que la rosa de esa noche que se posara en tu mano, es carente de espinas lacerantes, solo están ahí para evitar un asedio de espíritus ya pasados que aún rondan tu alma casi solitaria.

La esperanza de la “no” soledad,  se ahoga cuando tu piel vuelve a ser mojada por el roció de el.

Verse, tocarse, espectáculo de un siglo de avatares  fortuitos,  que ciñe a la mueca de la sorna, para aquellos que no lo experimentan.

Cuando se aleja, tengo la sensación  de la muerte en vida, liberarse de todo lo que en ella trae, esas pocas palabras que al gemido suenan como rocas embestidas por olas de tormenta.

Quien no lo vea de este modo, puede dar  lugar a una infernal algarabía de insultos y sarcasmos al alma.

Vuelve a reír conmigo, tenme piedad.

Tal vez, regreses con aquella risa que todo lo cura, sin precariedades, con ahínco, con fiesta.

Tal vez, no sea para ti más que un buen pasatiempo del sin esperanza, contradicción de tu alma que aún espera ser llenada con los besos que otrora te dieran y que ya no están.

Manifestaciones hibridas y terribles de la sin pasión, que experimentamos cuando ya no tenemos aquel que diera la desproporcionada libertad de saber que aun esta, que aun nos espera.

El no tener un corazón con quien compartir, o tenerlo, pero no sentir, da igual para los sentidos que buscan de todas maneras, ampliar su necesidad de amar.                                                         

Con naturales esquemas de lo ya aprendido, por amores pasados, mi alma busca repetir escenas de lujuriosa felicidad, que siempre caen como agua fresca en mi alma seca por el olvido.

Déjame apoyar en tu pecho, para saber que ahí dentro,  palpita algo que tan solo por un instante, o una sola vez, de los cientos de miles de veces que lo realiza, solo una vez,  lo hace por mí.

Por eso, cuando frente al mar estés, piensa que del otro lado de el, existe alguien que late al mismo ritmo que late eso que te mantiene viva.


                                                                                                                                                                                      Finalmente más inválido de espíritu, y desarmado como un caballero sin su yelmo en la cruzada de la soledad por no tenerte, entrega su espada a las hordas insignificantes que laceran su existir.

Hombre de paz, que por  no tenerte, siente esa furia maldita de la soledad, que no deja de oradar su espíritu en busca de alguien, que  como un bálsamo curativo deje en paz su dolida existencia.

Sergio Córdova Farfán-Perú/Marzo de 2010















ATAVIADA DE HORIZONTE ETERNO



Como la noche bella
                         -serena    callada-
tu mirada atraviesa la mía
                el brillo de tu sonrisa
                resplandece el día más lindo de mi vida

Si no te veo te conviertes en nostalgia
miro el cielo te conviertes anhelo
si olvido de ti un día
                 ¿significa que no te quiero?

Estás lejana   tan lejana al olvido
                 eres mi infinito continuo
                        ataviada de horizonte eterno
               -dividiendo  mar y cielo-

Si pudiera hablarme tu dolor en mi oído   
                  sin saber ese secreto
descubriría que guardas frente a mis ojos
y
  abrazaría tu alma con solo un beso

Resurge hombre venturoso
intrépido ante todo mal presente
                   protégeme
                                    ¡no dejes de quererme!

Amiga descansa sobre mi alma
sabes cuanto te quiero
          conviérteme en la certeza de tu deseo
                        regálame tu calma

Perdóname si algún día me equivoco
resbalo en el más mínimo detalle
colócame entre Dios y mis defectos
                       ayúdame a nacer de nuevo
                                                                    enséñame a vivir
                       para poder sentirte
                                                                     tan cerca de mí