lunes, 18 de octubre de 2010

Oscar Alfonso Vera-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2010

Yo árbol

Si en cada amanecer veo la vida
y el canto del zorzal alumbra mi alma
de árbol centenario casi en calma
que de pie resiste  la envestida.

De malones de vientos y tormentas.
si siempre he sido un árbol, noble bueno
porque ahora me vienen las tremendas,
¿o es que estorbo talvez, en tu terreno?

Porqué, hombre no razonas
y piensa, mis ramas te cobijan,
 te cubren de la lluvia te dan sombra,
al viento lo  transformo en una brisa

Entre mis ramas, el cardenal te avisa
que inicia un nuevo día
y en su trino celestial la reina mora
transformará tu pena en melodía-.

Soy un viejo que juega como un niño
con mis hojas acaricio, tanta vida
me enternece descubrir un nuevo nido
pero lloro, cuando veo un ave herida

Si cada amanecer nos trae vida
y en todo  anochecer veo dormidos
en mis ramas, un millar de nidos,
me siento orgulloso de ser árbol
aunque esté en mal lugar, y mal nacido.

Porque entonces hombre noble, tú me matas
si los pájaros se quedan sin mis brazos
en tu mente golpearán los mil hachazos,
que me asestas se conciente, guarda tu hacha.   

Ronie Von Martins-Brasil/Octubre de 2010

HOMEM SENTADO

     Engolia todas as dores. E já se acostumara. Não havia dor que não estivesse acostumado a engolir. Todas. Friamente às engolia. Às vezes mastigava-as. Lentamente. Tudo ao seu redor era lento. Denso. Tudo era denso. Densidades estratificantes que lhe cobriam, envolviam em camadas. Como uma cebola. Não comia cebolas.
     Os movimentos eram raros, da cama ao assento frente a parede que não se abria em janela, mas que se fechava em parede. E mesmo assim, seus olhos paravam ali. No espaço que só o olho do homem sentado conseguia ver. Ver? Seria uma frincha? Existiria a possibilidade de o olho buscar e se esgueirar pelos interstícios invisíveis e “impossíveis” da parede?
     Comia dores e bebia chimarrão. Amargo e quente. E não escuta o rádio. Mas sempre ligava o aparelho. Uma estação além das vozes chiava dialetos singulares e vetustos. E seus olhos por breves instantes pareciam brilhar.
     O tempo era impreciso, já não era possível determinar se era presa de Kronos ou Aion, ou se decidira deixar o corpo para um e o resto para o outro. Mas parecia que já havia preenchido seu quinhão de real com várias toneladas de memória e delírio.
     Pelo substantivo louco, era definido pela família. Nunca apareciam, mas pagavam uma funcionária para limpara o pequeno apartamento. Ela chegava lépida, faceira, pequenas e infames piadinhas nos lábios, barriga volumosa e satisfeita, espantando fantasmas e poeira com seu espanador encantado.
     Ele ordenava a sua máscara que forçasse um sorriso. Cordialidade. E o que saia era uma careta engraçada que fazia a mulher sorrir e dizer mais besteiras.
A funcionária era um vento. E soprava  com força todo o silêncio e a solidão do espaço do homem, mas quando saia, a gravidade puxava-os para baixo. E ele realmente não sabia se gostava do agora ou do antes.
     “O que estás vendo?” às vezes a mulher perguntava e ele respondia que via a cidade da memória. E ela ria. Aquecia mais água para a térmica, perguntava se ele não queria trocar a erva. “Uma carteira de cigarro” ele dizia, mais que pedia. “Eles disseram que você não pode fumar” e ele sorria. E ela trazia a carteira e ele incendiava o lugar. O fósforo incandescente por segundos frente aos olhos e em seguida a fumaça se esvaindo e abraçando o ar em valsa erótica. Lascívia. “Eles se amam.” Ele dizia. “Quem?” perguntava a mulher. “A fumaça e o ar.” A gargalhada era dela, o silêncio dele. “Você é esquisito mesmo, hein?” “É.”, dizia o verbo pensando na conjunção “e”. Este era o problema. A finitude das coisas e de si mesmo começavam a lhe causar estranhamentos. Gostaria de se ligar a outra oração, acrescentar eternamente. O meio das coisas. O verbo ser. A palavra “é” definia, estagnava e prendia tudo que não deveria ser nas estruturas  sedimentares do “é”. O ser.
     Ria desta suposta unidade. E se esvaia em fumaça. E dissolvido em nevoa, qual vampiro, perdia-se inteiramente pelas frestas do seu corpo real e organizado. 

Nélida Vschebor-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2010

ALTERAR



      De pesares saciado
se llena el pensamiento
             escurre entre los dedos
                        resbala por los ojos
                                    entorpece la voz


                                                Cuando alcanza tu sombra
                                    ocupando el vacío
                                                            afloran recuerdos
                                                            promesas       ficción


                        En esa bruma te escondes
                            muestras acertijos
                                 interpretas sueños



Quieres cambiar la vorágine
     de la vida que pasa
Quieres cambiar el halo
     que perturba tu alma
Quieres cambiar al destino

                       
                 
                 pero niña
                                  nunca cambies la luz
                                   que perdura en tu mirada.
                              

Diana Mesterman-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2010

Pasión

Es duro el amor cuando se niega. Un día, sin embargo,
recuesta sus abrazos apoya su misterio en mi cabeza
                                                                             y me lleva a vivir el primer piso de un incendio.

Roberto J.  Santoro

Rompió la noche
enrojecida por la pasión
              y
quedaron versos desnudos.
Rompió la noche
                        atravesando gargantas.
Respiro deseo
en violetas invisibles.
Estrella de candil
cierzo tranquilo y pausado
luna de viento
             y
sol de madrugada.

Rompió la noche.

Atrapada en el futuro
vivo un presente inaudito.

Rompió la noche
y
grité
pidiéndole explicaciones a la soledad.
Lloré la nostalgia
y
las palabras me hicieron del mundo.      

Rompió la noche
            y
como hoguera blanca
         tracé
con manos de seda
la pasión mundana
sin azar
            y
se rompió la noche.

Zuleika Merced-Puerto Rico/Octubre de 2010

MIRANDO LA LUNA

Mirando la luna va llorando el silencio,
mis noches van buscándote en la distancia.
No oyes como el silencio, en silencio te llama.
¡Acaso no sientes cuando la miras, mis besos,
los que dejara en tus labios donde dejé el alma!
Donde fui despacio desnudándote el aliento,
donde pétalo a pétalo de luz me deshojé de ganas.
Dibujando en las sombras el próximo encuentro,
luceros tus ojos que a mi cielo, esta noche le faltan.
Donde noche a noche se tiende triste el desvelo
rasgando de luz el recuerdo sublime de tu mirada.
Sobre las manecillas rotas, añejadas del tiempo
donde sólo el silencio siempre en secreto te aguarda.
A ver si estás de nostalgias mirando igual el cielo,
donde todo es infinito en sombras de la nada.
Donde se hilvanan huellas imborrables de los te quiero
y se van quedando una a una, clavadas de ansias.
Mirando la luna, imagino ser lluvia y viento,
rocío cayendo en destellos sobre tu cuerpo cada mañana
Donde vuelvo en locuras a tus brazos, delirante me pierdo.
Luego soy en ti sólo el reflejo de la luna en tu ventana.
La noche insiste en deseos quitarse su manto negro
y mirando la luna insisto, si de ti esta noche, ¡me hablara!

domingo, 17 de octubre de 2010

Yatel Soler-Ushuaia, Argentina/Octubre de 2010

A  él, que sabe de lo que hablo


I

Imán ascendente y piedra, imán ascendente y piedra.
Volvió, parece parido de la entraña del propio Dante.
Tiene los ojos como arrancados por la muerte misma.
Motivado al parecer por alguna extraña fuerza cósmica,
que acentúa sus movimientos. Mirada firme, ojos desorbitados.
Lo estoy viendo, lo veo, sigo viéndolo.
No cree en mundos internos, continúa fumando, toma
todo el aire del cuarto, del mundo, dice que así se
gana las millones de estructuras verbales y audibles
¿Las oyen?.
Dice que ama su anatomía desecha, que el asesinato es
la forma más precisa y perfecta.
Fuma como loco, de a ratos parece un tren en la
habitación que gesticula.
No habla de la humanidad en términos que desconozco,
el dice que todos son humanos por síntesis y raspa
pastillas, acarrea baldes con pequeñas gentes, diminutas personitas
que profieren extraños gritos, no oigo
qué dicen, ya casi no veo.
Él dice que su vestido dominical hace años que le
queda mal, pero yo no puedo verlo.
-No veo, no veo!!.
Me dice que no grite, que voy a despertar al muro.
Me duele mucho la cabeza, una voz suelta le grita a
sus pasos libres de todo organismo, que pateen una chata antigua.
-No la quiero, no la quiero!!.
El espejo de la cómoda, me devuelve llorando a un
extraño estiércol amarillento.


II


-¿Qué te pasa querido?- dice ella.
Tengo la certeza de que se llama Delia.
-Tengo el sueño del idiota, dice.
¿Quiénes son? ¿qué dicen?
Ella lo toma de la barba y le da una cucharada de
algo. Veo manchas de humedad sobre el azulejo verde.
Él se desnuda, tiene gordos gusanos rosados
urgándole la piel. Ella al verlo parece enloquecer y
comienza a bailar a su alrededor, él se solidifica a
medida que ella acelera su danza. Puedo sentir su tensión,
como piedras en mi tímpano.
Ella sabe que los veo y exagera sus movimientos. Lo
Muerde con frenesí, con hambre bestial.
Él, ahora, tiene siete años. Está jugando con un tractor
amarillo que le regalaron.
¿Qué es eso? ¿ Nubes?.
Sí, nubes, que explotan en regaderas, en inciensos húmedos.
Él ya no es un niño, tiene dieciocho años, los gusanos
explotan en flores amarillas, mientras ella baila y
baila. De vez en cuando se detiene, intenta tocarme.
Tiene los ojos verdes, dentro del iris giran racimos
de antorchas, semejantes a falos corintios. Ahora la
imagen se torna difusa, ella quiere privacidad, sabe
cerrar dimensiones cósmicas.
-No veo, no veo.
Un orden parece reestablecerse, estoy tirado en lo
que parece una plazoleta, en mi sobretodo barro.

III


Hay mucho viento en esta ciudad del sur, una temperatura
inestable, no salga, no salga!.
Me advierte que no salga. Sigue diciéndolo desde ese
televisor amarillo. El ampo gira, gira.
¡No salga, para adentro, para adentro!.
Hay  polvos inestables en la vagina giratoria de Rita,
hay gerontes con terribles peras de goma a la espera
de enormes culos desprevenidos, no salga, repito.
Hay mucho viento en la ciudad, asaltaron la fábrica
de intestinos, repito, no salga, no salga!.
De repente se corta la imagen, estalla la oscuridad
contenida.
Dos enormes luces iluminan un terrible escenario,
adornados con cuadros de la época victoriana.
Elizabeth interpreta Wagner. Un repentino público
enardecido la aplaude. Ella se arranca la piel y corre
disfrazada de cucaracha, se trepa por el telón y se
pierde en la sombra.
Se enciende el televisor...
¡No salga, no salga!. Hay mucho viento en la ciudad,
repito, no salga.

IV


Juan enciende el auto y Mariela, pelo corto ella,
jovencita, corre con su cuerpito de muñeca.
Pero se vuelve plástico de a poco. Él  está escuchando
música a través de sus dedos luminosos, está aterrado,
hace gestos. Mariela parece  esforzarse en sonreír con
su ridícula encía de plástico.
Voces en off gritan:
-Retrocediendo, retrocediendo, retrocediendo, va a
defecar su inmoral sorete de platino.
Juan se come las uñas y las yemas, los metacarpos y
Falanges, el hueso está descubierto.
Mariela está en el piso repitiendo.
¿La escuchan?. Repite mecánicos versos rayados, una
y otra vez.
-Soy tuya mi vida, ésta soy yo, soy tuya.
Juan está a músculo descubierto, se nota que le arde
rozar con el asiento, pero sin embargo se esfuerza
por sonreír, como si fuese sumamente necesario.
Una gran bosta los tapa.

V


Jorge toma vitamina o- b- h- f –j- k, come bananas y huevos,
verduras, corderos y tartas de limón, bebe y fuma
marihuanas añejadas al ron.
A mi me da miedo, estoy girando como un ventilador,
entonces giro.
Jorge come ensaladas, pastel de papas, copos de algodón
de circo, tornillos. Cada tanto una lucecita se proyecta
en su ombligo y se apaga. Sigue comiendo, yo
vomito. Él sigue comiendo pepinos con dulces y jamones.
Se bebe todas las aguas, come ranas fritas, peras con
miel y mondongo.
-No quiero seguir viéndolo comer!.
Vomito nuevamente. Jorge come cremas heladas, aspira
gasolina, se aturde con psicotrópicos violeta, se come
botiquines.
No resisto más, que esto termine, que esto termine!
Jorge se detiene. La luz roja ya no titila sobre su
ombligo. Una extraña incertidumbre me bivorea en
el estómago. Jorge explota. Todo él queda chorreando en
la pared.

“De las Aguas Bajan con sombreros-manuscritos originales octubre de 2006”

Deb Stofen-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2010

Castigo divino



Abrazados frente a la gota que cae y nos agota. Es que dejame recordar querido ¿cuántos plomeros decís que han pasado por nuestra casa? Avelino, Sandor, el filósofo, Leíto, ¡bueh! creíamos que era plomero. Y ahora Nelson. Al fin  Karen ayudándonos a resolver las pérdidas. Por primera vez tu analista te da un recurso claro y útil. ¿Tardará mucho en llegar Nelson?
Vamos por la cuarta vuelta ya. No, no estamos corriendo alrededor de una plaza, no estamos haciendo aerobismo, estamos intentando descubrir de dónde viene la pérdida.
 Gotea y gotea y no para de gotear.
Son las ocho de la mañana del día martes trece de enero y Leo toca a nuestra puerta por cuarta vez en lo que va de los últimos cuatro días. A la misma hora, con la misma ropa, las mismas herramientas y el mismo fin. Ver de dónde viene el agua. Tenemos un hermoso balde rojo en el comedor, pegadito a la pared del cuadro de Miró, dos lindísimos trapos de piso color gris de trama gruesa y una preciosa caída de agua que baja por la bovedilla haciendo tac, tac, tac en forma intermitente.  Pero… ¡eso sí! , no vayas a decirle a Leíto que te está destruyendo la casa ¡no!, de ninguna manera que se ofende, hace pucheritos y lo llama a su papá para contárselo todo todito.
Pero Leo, ¿por qué te ponés así? Debí comprender que vos sos el hijo del plomero, no el plomero mismo.
Haber terminado con este final tan poco romántico entre vos y yo, con un portazo de tu parte y aquellas palabras que, honestamente, no pretendieron ser hirientes, simplemente sinceras.
Son las 12.00 del mediodía y Leíto se está yendo a la misma hora, con la misma ropa, las mismas herramientas y su nueva pose: Leo, modelo aplastado.
Recuerdo el primer día, canchero, seguro y contento, diciéndome: -Asunto terminado !Son trescientos pesos!


Te fuiste tranquilo a tomar una birra con los amigos. Les contaste que tu viejo te dejó laburando, mientras él veraneaba, que por cuatro horas no está nada mal. Que el viejo se lo merece. Medio plomos en la casa del arquitecto, siempre se ligan todos los “vicios de la construcción”. A vos te dicen: -Rompé, y vos rompés y seguro que te mandás alguna macana. Pero al final te comprenden porque pasa eso en las obras. Si no es uno, es el otro. El pintor se queja porque el electricista ensucia mientras hace las canaletas. El plomero que acusa a los albañiles de tirar material dentro del caño de PVC. No querés hacerle daño a nadie, vos venís a hacer tu trabajo y vas de a poquito rompiendo un pedazo por aquí, otro por allá, un poquito más y más hasta que no sólo sacaste el bidet, desarmaste la bañera, seguiste por el piso del cuarto de planchar y así, como una hormiguita laboriosa, fuiste avanzando por la casa.
-Ay Leo, ¡qué sensibilidad¡ para mí que vos no sos plomero, para mí que sos poeta o cantante de ópera.
Te quiero comprender, disculpame que no preste suficiente atención a tus tan lógicos argumentos, alguito estudié en la facu, vasos comunicantes, capilaridad, Arquímedes, Boyle y Marriot. Pero ¿sabés qué? Yo no te ando contando mis cuitas, de modo que cuando vos o el arquitecto intentan explicarme que debe seguirse “investigando” que debe buscarse la “ruta”, “la pista”, “ la huella”, a mí me entra por una oreja y me sale por la otra, al igual que ha de hacer el agua que, evidentemente, entra por un caño y sale por el otro, ya que todo lo que entra sale y también sube a la planta alta y luego baja, tac, tac, tac, por la gotera del comedor.
Cuando hoy, valija en mano, te ibas, Leíto, disculpame si con cierta rudeza  o con el apuro de llegar a casa, acalorada, o quizás malhumorada por el tránsito, pensando en vaya a saber qué, te pregunté inocente : -¿Ya está terminado, verdad ? y a tu respuesta de -Aún no se puede tapar hasta ver qué pasa pero: YA ESTÁ SOLUCIONADO, con un leve dejo de escepticismo,   infundado en nuestra humilde experiencia de estos cuatro días de convivencia, te contesté bajito: -¡Ah!


Qué cosa, me decís siempre lo mismo y cada vez la casa está más rota. A lo cual me respondiste: -Y ¿qué quiere? ¿que me meta dentro del techo y se lo seque?
Como hubiese hecho mi sabia madre, dije el diez por ciento de lo que pensaba, y me fui silbando bajito hacia afuera, simplemente para no hablar más del  asunto y dedicarme a escribir este testimonio, que dudé si llamarlo : vicios de la construcción. La madre del borrego, dónde está? Leo y sus explicaciones que no me conforman. Los caños, ¡coño! Los plomeros me hacen llorar, etc., y finalmente titulé: Castigo divino.
Lo que yo no sabía Leo, era que nuestra historia no terminaba aún. No sabía que después de irte. Después de dejarme. Después de responderme y yo callar mi : -¡A este pendejo tengo ganas de matarlo!, iba a llamar tu papito, para decirle al arquitecto que la señora de la casa te había maltratado y que el trabajo no lo iba a terminar porque al nene, cuando rompe, no le gusta que lo molesten, que se pone mal, que ahora voy a tener que pagarle unas sesiones con Karen, que el chico es grande pero no tanto y que si quemó la alfombra con el soplete será porque se distrajo, que a cualquiera le pudo haber pasado.
Como somos del gremio, todo lo comprendemos. También este bajón de Leíto.
Y tanto te comprendo Leo, que al tiempo que caen las gotitas que van lentamente llenando el balde rojo, que hoy es el toque de color que se presenta como fuente de energía que emerge y fluye y confluye en él, me he puesto mi impermeable comprado en Falabella, un  paraguas y galochas, feliz, contenta, radiante, exultante, aguardando que Nelson, el plomero que Karen nos ha recomendado, llegue.
Mientras tanto, Pablo toca los primeros acordes de Singing in the rain, para que bailemos y alegremos más aún nuestros corazones.
Perdón Leíto, debí agradecer al Altísimo el haberte conocido y no perder el tiempo escribiendo sobre este castigo. Divino, Leíto. Divino.

Luis Siburu-Buenos Aires, Argentina-Entrevista/Septiembre de 2010

GABRIELA, RESILIENCIA Y BASTANTE MÁS

Hoy nos fuimos lejos de la Redacción de Literarte. Desde Vicente López cruzamos la capital hasta Quilmes, para conocer a una joven escritora e investigadora nacida en dicha localidad, que ya ha publicado dos libros acerca del tema de la Resiliencia, sobre el cual esperamos  aprender hoy.
Sáenz Peña e Islas Malvinas. Quilmes Oeste o Barrio de La Colonia, nombre con que lo conocían antiguos moradores de la zona. Menuda, sonriente, hiperkinética, María Gabriela Simpson nos recibe en su “lugar en la casa”; la Biblioteca, con libros, apuntes, trabajos de la rutina diaria de enseñar, divulgar, aprender…

L:
-¿Sos de las que esconden la edad?
MGS:
-Para nada, disfruto de mis 44 años, de mi esposo Flavio y de mis hijos Ludmila de 17 años, que termina el Secundario e ingresa a la Facultad para cursar Ingeniería de Alimentos y de Mauricio, de 15, aún en el Secundario y con ideas futuras de Ingeniero Agrónomo.
L:
-¿Cuáles fueron tus estudios?
MGS:
-La formalidad dice que soy docente, Profesora para la Enseñanza Primaria (Escuela Normal de Quilmes) y Grafoanalista (carrera oficial en el Instituto de Estudios Superiores A. Vels, CABA). Pero también recorrí caminos por el periodismo radial en Radio Rivadavia (me encargaba de la producción de Marca de Radio , el programa de Eduardo Aliverti entonces en Radio Rivadavia) y gráfico en el Diario El Embajador y Revista La Otra. Hoy, puedo decir que soy una especialista en Resiliencia, trabajando en proyectos de investigación, de  capacitación docente y profesional y de orientación vocacional, ocupacional y profesional. Además del trabajo docente en nivel primario.
L:
-Seguramente estarás cansada a la siguiente pregunta de ¿Qué es Resiliencia y su continuadora Resiliencia Socio Cultural (RSC)? pero te la vamos a realizar igual porque somos profanos en la materia……
MGS:
-La resiliencia sociocultural es una nueva mirada de la resiliencia, teoría o constructo teórico ya tradicional y muy difundido en las Ciencias Humanas, definido como la capacidad de personas, familias, grupos, instituciones y comunidades para superar situaciones adversas. La RSC amplía la mirada a los ámbitos sociales y culturales que generan esta capacidad, teniendo en cuenta que el hombre es un ser social: llega a “ser”, en tanto y en cuanto esté rodeado de pares, de “otros” y que al atravesar la vida crea, precisa y utiliza bienes culturales que le permitan alcanzar su estatus de “hombre”, para sobrevivir y para vivir plenamente. Existen espacios que, de por sí, fomentan resiliencia entre quienes los atraviesan, favoreciéndoles las soluciones para las dificultades de la realidad y llegar a una adaptación positiva. Existen fuerzas sociales y culturales que dan esta energía. Así es que, naturalmente o deliberadamente, se puede trabajar para alcanzar este objetivo.
L:
-¿Dónde se aplica la RSC?
MGS:
-Los grupos sociales puede tomar este constructo, capacitarse en ella: aprenderla y comprenderla para adoptarla como mirada para facilitar su tarea. Desde una familia, un grupo, una institución o una comunidad puede orientar su quehacer con el planteo de objetivos y estrategias que le iluminen sus actividades normales, porque no es necesario pensar en cambios drásticos, sino en la reorientación de lo que habitualmente se realiza. Quien haga su “tarea” social de manera consciente, responsable y éticamente ya está generando resiliencia, en el nivel individual y colectivo. Esta capacidad no es nueva, es una propiedad que la humanidad posee desde siempre, sino no hubiéramos llegado hasta aquí. Así, aparecerán como positivas determinadas acciones que se hacían y se propondrán otras nuevas que tengan como ejes a los factores o principios movilizantes de la RSC: fomentando cultura, valores, identidad, pertenencia, educación, comunicación, capacidad para expresarse, salud, humor, los integrantes de los grupos se fortalecerán para enfrentar las adversidades.
L:
-Cual es su difusión en Argentina y en el mundo. Cuando empezó esta movida????
MGS:
-Se comenzó a trabajar a mediados del siglo XX, pero recién finalizando ese siglo, esta teoría o constructo teórico (se le dice constructo porque es un concepto dinámico , se está construyendo siempre )  llegó a una difusión amplia. Existen dos corrientes de investigación a nivel internacional: la anglosajona (más pragmática) y la de los países francófonos (con una base más filosófica, más humanista). En nuestro país está ocupando un lugar cada vez más importante. Aunque existen leyes y proyectos de ley que la promocionan y que crean instituciones a nivel público para su difusión todavía no se alcanzó esos objetivos. Falta una inserción institucional más fuerte y una integración de todos los que trabajan en el tema, que son muchos. En la Universidad de Lanús funciona el CIER, Centro Internacional de Resiliencia, que trabaja desde hace mucho en el área.
L:
-¿Cuales son los beneficios de la RSU en la educación o en otros campos?
MGS:
El máximo beneficio es el cambio de mirada que propone, de acuerdo al cambio de paradigma que las Ciencias está viviendo: el pasaje de un modelo patogénico, con un acento puesto en las enfermedades, carencias, aspectos negativos, por otro salugénico, que toma en cuenta los recursos positivos con los que se cuenta, que no es tan categórico en sus diagnóstico, que centra su tarea en los factores de resiliencia. Es un modelo de desafío, más esperanzador, aunque no una panacea, un remedio infalible. Cambia la mirada.
L:
-Sabemos que has publicado libros acerca del tema….



MGS:
-Efectivamente. Primero fue “La resiliencia en el aula, un camino posible”, Ed. Bonum, 2008 y 2009: 2da edición, distribuido en toda Latinoamérica: con muy buena llegada en Chile, Paraguay y Colombia. En este último país fue adquirido por el Ministerio de Educación en una licitación. La segunda publicación fue “Resiliencia Sociocultural, del yo puedo al nosotros podemos” Ed. Bonum, 2010.
L:
-¿Cuales son los alcances y objetivos de tu Blog Espacio R http://resilienciasociocultural.blogspot.com/?
MGS:
-Espacio de comunicación cuyo eje es la Resiliencia, esa capacidad humana de sobrellevar las adversidades y salir fortalecido de ellas, es la protagonista. Este ámbito que en este caso aprovecha los beneficios de los medios de comunicación virtuales y que intenta constituirse en una usina de resiliencia.
El objetivo central de este Espacio R es generar puentes de comunicación para dar a conocer casos, instituciones, trabajos, relacionados con la Resiliencia y generar Resiliencia como una usina, no sólo en quienes sean lectores, oyentes, visitantes, sino también en quienes lo realicen y formen parte de él como contenido. Es un espacio que se autoconstruye, sistematizando informaciones, conocimientos, experiencias, testimonios y tendiendo redes de comunicación. Es como un libro de crónicas.
Entonces, en este espacio los visitantes encontrarán:
Casos R, Quehaceres R, Debates R, Glosario R, Fuentes R, Escuelas R, RR.RR. y un Buzón R (espacio-r@live.com.ar ).
L:
-¿Contános tu experiencia en Puan, Uribelarrea y en Chile, donde sabemos que estuviste trabajando?
MGS:
-El recorrido planteado por las presentaciones del primer libro, fue llevándome por distintos caminos y conociendo distintos lugares, instituciones, grupos y gente que naturalmente era generadora de resiliencia y producía un Espacio R, una usina a su alrededor. Comencé a trabajar con el Museo de Puan, Pcia. de Bs. As. En un proyecto de investigación y capacitación. Fueron apareciendo Uribelarrea, partido de Cañuelas, El Ceanim, centro de resiliencia de Chile, Lázarum, buscador de internet sobre discapacidad y otras instituciones que aparecían como Espacios R. Todas esas observaciones, investigaciones y trabajos se sistematizaron en el segundo libro que define a esta mirada desde el punto de vista teórico y lo entrecruza con las crónicas de los recorridos por estos Espacios R.
L:
-¿Que son las Escuelas R?
MGS:
-Son o debieran ser las escuelas que adoptan a la resiliencia como mirada y que trabajan como habitualmente lo hacen pero con un nivel de conciencia más amplio, con un trabajo más responsable sobre los valores adoptados. Son las que permiten a sus docentes innovar, le dan libertades y los apoyan en el desarrollo de nuevas herramientas que colaboren para entender y trabajar sobre la realidad cada vez más compleja que se concentra en este ámbito social: todas las riquezas y las miserias de la sociedad aparecen en la escuela, potenciándose y complejizando la tarea de enseñar y aprender. La crisis de valores se hace patente de una forma cruda allí. Y como institución social con el mandato de dar continuidad a la cultura propia, de generar identidad y pertenencia tiene que redefinirse y la resiliencia le ayuda en ese aspecto. Sino cambia, sino se reformula, seguirá siendo una cáscara vacía que sólo junta gente, que no la reúne.
L:
-Te dejamos a vos la posibilidad de cerrar la nota con algo que quisieras compartir con los lectores de Literarte…..
MGS:
-Quisiera compartir con ustedes un fragmento del primer libro que resume mi relación con la resiliencia.
“Creo en lo sagrado de la tarea de enseñar y de aprender. Creo en cada uno de mis maestros, como les creí cuando me enseñaron. Creo en los ejemplos de vida: en los malos y en los buenos, de todos pude sacar algo positivo. Creo en la dimensión trascendental del hombre. Creo firmemente que todo lo que ayude a “humanizarlo” es válido. Creo en la Resiliencia como visión. Creo en el conocimiento, en el trabajo y en el esfuerzo diario para alcanzarlo. Creo de crear y creo de creer, en tiempos en los que la incredulidad inunda”.
Y aparte agrego para finalizar la nota y aprovechar el espacio que ustedes gentilmente me ofrecieron en Literarte…..Creí en los profesores que me formaron. Creí en los odontólogos del Programa de Prevención “Sonríe Argentina”, en su tarea constante y desinteresada frente a realidades verdaderamente adversas. Creí en los docentes que con lo poco que les pude trasmitir hicieron experiencias maravillosas. Creí en la opinión y en la crítica de quienes leyeron con anterioridad mi trabajo. Creí y creo en todos ellos. Y también, y por sobre todo, en quienes son mis “otros significativos”, a quienes siempre tuve y tengo cerca, quienes me amaron y aman incondicionalmente.
Y finalmente, porque creo que todos creemos en algo y nos jugaríamos enteros, por ello y porque sé que en este momento, en algún lugar, se debe estar dando el mágico momento del enseñar y del aprender de algo en lo que se cree: quiero seguir aprendiendo, creando y creyendo...”  

Nos vamos caminando hasta la estación para tomar el tren que nos llevará a Constitución pensando en lo lindo que es jugarse por entero por una idea que se lleva muy profunda y por la cuál alguien estudió y trabajó mucho para desarrollarla, aplicarla, enseñarla. Ese alguien es una mujer. Se llama María Gabriela Simpson. La hemos conocido en esta primavera del sur suburbano y se merece que mucha gente la conozca a través de Literarte.