Lazos familiares
En una reunión de domingo al mediodía, cuántas miserias salen a la luz y rompen con la idea de familia feliz.
Todos mienten.
La mentira que se esparce y corroe todo como el óxido.
La mentira es la base de la sociedad.
El que no miente, casi está obligado a hacerlo.
La madama, mujer insatisfecha, con pocas luces, sólo buscando viajar a cualquier lado y en cualquier momento para escapar de las desdichas piadosas de su marido.
El único respiro es llevárselo de viaje para retenerlo sólo para ella y convencerse que los cuernos no la tocan.
Él, el hombre que tiene su harén personal que responde a su cuenta bancaria, espera tener un respiro, que alguien se la lleve de viaje y él pueda tener libertad de flirtear con señoritas por derecha o por izquierda.
Esto es, fue y será. Dos hijos extramatrimoniales que viven tan cerca que cuando van a la panadería se cruzan.
Una nuera que adora a su suegro, se sienta en sus rodillas y siempre tiene un gesto demasiado amable con él.
Una nieta que no sabe lo que quiere. Creo que tiene que salir del placard, por eso se va a vivir a España, para repetir la historia de una prima lesbiana. Allí podrá dar rienda suelta a su personalidad.
Aunque, con todo este juego engañoso, los domingos son sagrados.
Todos alrededor de la mesa jugando a la familia feliz.

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