jueves, 22 de enero de 2015

Horacio Semeraro-Argentina/Enero de 2015

Con gran afecto y respeto intelectual la Asociación de Poetas Argentinos y Revista Literarte despiden al amigo, escritor, periodista y crítico literario HORACIO SEMERARO, que nos dejó el 25 de diciembre pasado
ESTIVAL  



Hasta el borde del mar
llegó tu sombra
y se casó con la mía.

Viendo mi desconsuelo
mi soledad
sobre la arena tibia
mansamente
se superpuso.
Así el comienzo
luego
un caprichoso viento
perseverantes olas
borraron nuestras huellas.

Cuentan los médanos
todos los días
que allí estuviste
que allí estuvimos
el ruido cómplice
del mar
mezcló las voces
-Babel improvisada-
apañó los gemidos
y fabuló la historia
de tu estrenado desconcierto.


Eso fue el primer año.

Ana Romano-Argentina/Enero de 2015

Sentencia

Los padres
juntos
se entregan
Es en las entrañas
donde destroza
el graznido
La fecha
titila
se aproxima
y atrapa.


Agustín Alfonso Rojas-Chile/Enero de 2015

EL INSPECTOR JIMÉNEZ


     Con los pies sobre el escritorio y las manos apoyando la cabeza, el inspector Jiménez, parece dormitar. La noche de  guardia en el cuartel “Moncura”, trascurre tranquila. Es miércoles 17 de agosto, son las 03:30 de la madrugada. Los ventanales de la oficina están empañados por el calor de la estufa eléctrica que tempera la habitación, afuera ha dejado de llover. Una espesa neblina se arrastra desde el mar cubriendo la ciudad.
Su ayudante, el oficial Mardones, revisa expedientes y fotografías de narcotraficantes para  investigar de acuerdo a la orden emanada del tribunal.
Jiménez, acaba de cumplir 65 años. Es su última guardia, debe acogerse a un merecido descanso luego de 45 años de servicio. En cambio Mardones, aún no llega a la mitad de su carrera. Un tazón de café negro y varias colillas de cigarrillos dejan de manifiesto la prolongada vigilia. Faltan aún cinco horas para terminar el turno.
A las 03:32  suena el teléfono. - Aló,  sí, con  el oficial Mardones.
- Oficial, le comunico que en la calle Cochayuyo a la altura del 042 se ha escuchado un disparo seguido de un desgarrador grito de mujer.
- ¿Cuál es su nombre, señor?
- Oficial, perdone, yo no quiero involucrarme, voy de paso por el lugar. La neblina no permite más observación ¡Pero ahí, corriendo hacia el mar se desplaza una sombra! ¡Me ha visto, yo…yo…!   Un fuerte estampido retumba en los oídos de Mardones. ¡Chuta, le han disparado!
-Inspector, en la calle Cochayuyo se ha producido un 125
-Informe al subdirector. Usted permanezca en la oficina, voy al lugar del suceso.
Mientras se dirige a su vehículo, Jiménez hace una llamada por el celular.
- Aló, Perejil.
-¡Sí!, dígame inspector.
-Encontrémonos  en 10 minutos en la plaza del Ancla.
-De acuerdo, inspector.
Perejil es un informante en estado de calle, aunque sólo en apariencia; él es un antiguo oficial del servicio caído en desgracia al ser sorprendido acosando a una prostituta. Debió hacerlo para que confesara su participación en una quitada de droga. Ésto le costó la carrera. Gracias a Jiménez, que intercedió por él, obtuvo una pensión vitalicia. Desde entonces es su incondicional ayudante infiltrado en los bajos fondos.
La mojadora neblina y reciente lluvia hacen resbaladizas las aceras. El carro policial se detiene bajo una luminaria cuyo haz de luz incide directamente sobre la cruz del ancla. Ahí está Perejil.
-Hola, jefe
-Hola Pere…- Rápidamente le explica sobre el tiroteo en la calle Cochayuyo, a dos cuadras hacia el cerro.
-En esa calle vive el negro Tapia. Es un cité donde se reúnen mafiosos, prostitutas, proxenetas y sicarios. Es un tugurio donde la vida y la muerte tienen un mismo valor.
-Bien, quiero que vayas a ese lugar y averigües bien lo sucedido. Nos encontraremos en dos horas. Mientras tanto, verificaré un posible crimen.
El inspector se dirige por la calle Almendros paralela a Cochayuyo, dobla por la avenida Solar. Bajo el escaparate de la tienda “Ringle”, hay un hombre que sangra profusamente. Una bala le ha atravesado el brazo izquierdo. Ante el requerimiento policial se identifica:
-Juan González, me dirigía a mi trabajo, soy panadero. Escuché un disparo y un grito, por ello lo llamé. Aquí tiene mi identidad.
El inspector revisa la herida. - Afortunadamente sólo le ha traspasado el brazo, sin afectar hueso.
El carro policial lo transporta al hospital. Jiménez retira el proyectil de la madera del edificio donde se ha incrustado. Por el impacto y deformación de este, calcula que fue disparado a no más de 20 metros, en un ángulo de 30 grados. Es decir, el arma fue disparada en el instante que el malandrín se cruzó con el transeúnte.
Con su linterna enfoca el haz hacia el piso buscando la vainilla de la bala. No le es difícil encontrarla. El metal brilla al recibir el rayo de luz.  Lo coge, lo compara con el proyectil. Es un revólver calibre .38 – dice para sí – una leve sonrisa se dibuja en la comisura de sus labios. Piensa que la mitad del enigma está resuelto. Vuelve a la plaza del Ancla. Espera 10 minutos. Se fuma un cigarrillo. En tanto, su mano izquierda juguetea con el casquillo y el proyectil en el bolsillo de su gabán.
-De entre la niebla aparece el “Pere”. – Jefe, tal como le manifesté, el “negro” Tapia se encontraba bebiendo con la chusma. De pronto se produjo una pelea por la rubia Amparo, usted la conoce. Al “negro” se le ocurrió que ella estaba coqueteando y le tiró un agarrón a uno  de sus pechos. El “mandinga”, pareja de la rucia lo sorprendió agarrándose a puñetazos. El “negro” sacó un revolver disparándole a quemarropa. El “mandinga” cayó de espalda. La “rucia” gritó pidiendo ayuda y el “negro” desapareció. El “mandinga”  tenía puesto un chaleco antibalas, tomó a la “rucia”, escapando del lugar. Los carabineros han tomado el procedimiento. -Pero, ¿sabe Inspector?, el “negro”  Tapia está oculto en el bar “El Porteño”.
            Diciendo ésto, el Perejil se esfumó entre la niebla, cada vez más espesa. El inspector Jiménez se dirige al lugar. Sin presionar demasiado al cojo Larraín – dueño del tugurio - le indica la pieza donde el “negro” Tapia duerme como niño de pecho en paz y sin remordimientos. En el cajón del velador encuentra el Smith & Wesson calibre .38.

            Son las 07:50 de ese miércoles 27 de agosto, al inspector Jiménez aún le quedan 10 minutos para entregar el turno. El negro Tapia fue detenido y procesado por cuasidelito de homicidio. Hoy está entre rejas. 

George Reyes (poema)-México/Enero de 2015

EL DESCENSO DE LAS SIETE SOLEDADES

Descenso III

«En ningún lugar hay mundo más que dentro». Rilke

El idioma de los pétalos borrado con el lenguaje de la ira
me partió en fragmentos de un gran lucero errante,
que con el índice rasgué nubes tercas y dormidas
por luz de solo un trozo de la luna llena,
por solo un verso de un llano en calma.

Mi sien se tropezó con piedra urbana de saliva,
derramó su amnesia al suelo y en su tela de recuerdos…
y un graznido de paloma
-----------------------------------a
-----------------------------------t
-----------------------------------r
-----------------------------------o
-----------------------------------n
-----------------------------------ó cual ruido de agua
----------------------------------------------------------------esta pasión.

Georges Reyes (ensayo)-México/Enero de 2015





DE LA INTENCION COMUNICATIVA AUTORAL I:
TEORIA LITERARIA CONTEMPORANEA

       En su ensayo “Nicanor Parra: el poeta de la demolición”, Javier Aranda Luna asume que Parra ha deconstruido la lírica tradicional:

         … [Parra] repudia la poesía de gafas obscuras de capa y espada, de sombrero alón. Descree de los signos cabalísticos, de las ninfas y tritones para su quehacer poético. No sólo (sic) eso: sostiene que los poetas de la retórica vacua deben ser procesados por construir castillos en el aire, malgastar el espacio y el tiempo redactando sonetos a la luna o por agrupar palabras al azar a la última moda de París.1

        Así como en su ensayo Aranda Luna pareciera  adherirse triunfalistamente a una moda literaria,2 otros autores lo hacen con respecto a teorías literarias que, entre otras cosas, propugnan la autonomía de los textos con relación a sus autores, un signo ideológico inequívoco de la teoría literaria posmoderna. En este ensayo abordaré un tema complejo, debatido y amplio: aquella teoría literaria contemporánea de moda hoy en el contexto de la crítica de textos, incluyendo los bíblicos, que  deconstruye la intención comunicativa de los autores y, por ende, defiende la autonomía de los textos con respecto a sus creadores y amina a una crítica de la misma naturaleza.
       Un concepto que continúa generando debate acalorado es el de la intención autoral, es decir, aquella intención comunicativa de los autores vía texto. Desde aproximadamente los años treinta y cuarenta del siglo veinte anterior, la mayoría de teóricos literarios (René Wellek, Austin Warren, W. K. Wimsatt, Monroe C. Beardsley  y otros), y amantes de la literatura en general, sostienen que los textos poseen significado o sentido como sistemas autónomos de signos y significados, lo que quiere decir  independientemente de sus autores quienes los producen. Y denominan “falacia de la intención” a la expresión comunicativa del poeta y a la exploración de la misma, por cuanto se la entiende erróneamente como plan subyacente en la mente del autor; sobre esta base,  se afirma que tal plan mental interno de los autores es imposible de recuperar en los textos y, si lo fuese, sería irrelevante al significado de los mismos. De ahí que no solo cualquier evidencia externa (el contexto de vida del autor, por ejemplo) en la crítica literaria de los textos se le niegue relevancia, sino que también se declare la autonomía de los textos y se opaque a la vez la objetividad de los mismos.
          En 1968, Roland Barthes canonizaría tal autonomía en su célebre ensayo “The Death of the Author” (“La muerte del autor”). En este ensayo, Barthes se queja de que:

          Aún (sic) impera el autor en los manuales de historia literaria, las bibliografías de escritores, las entrevistas en revistas, y hasta en la conciencia misma de los literatos, que tienen buen cuidado de reunir su persona con su obra gracias a su diario íntimo; la imagen de la literatura que es posible encontrar en la cultura común tiene su centro, tiránicamente, en el autor, su persona, su historia, sus gustos, sus pasiones; la crítica aún (sic) consiste, la mayoría de las veces, en decir que la obra de Baudelaire es el fracaso de Baudelaire como hombre; la de Van Gogh, su locura; la de Tchaikovsky, su vicio: la explicación de la obra se busca siempre en el que la ha producido, como si, a través de la alegoría más o menos transparente de la ficción, fuera, en definitiva, siempre, la voz de una sola y misma persona, el autor, la que estaría entregando sus “confidencias”.
          Más adelante, declara:

         …un texto está formado por escrituras múltiples, procedentes de varias culturas y que, unas con otras, establecen un diálogo, una parodia, un cuestionamiento; pero existe un lugar en el que se recoge toda esa multiplicidad, y ese lugar no es el autor, como hasta hoy se ha dicho, sino el lector: el lector es el espacio mismo en que se inscriben, sin que se pierda ni una, todas las citas que constituyen una escritura.
         Se podría señalar algunas consecuencias de la teoría literaria anterior. Una es que  la crítica literaria tradicional es ahora acusada, entre otras cosas, de confundir el significado de los textos con sus orígenes históricos y, por lo tanto, de ser ingenua y de no estar al día. Otra es que se tiende a nublar el rol del autor (el poeta) como genio creativo y a rechazar la noción de poema como expresión personal de ese autor; por el contrario, se tiende ahora a sobrevalorar el papel del lector en su lectura o crítica de los textos, pues la intención del autor es irrecuperable e indeseable como criterio o clave hermenéutica para el éxito de una obra de arte literario, y no existe significado o sentido alguno codificado en ella. Así como se piensa hoy que el poeta ha de renunciar a la razón y entregarse a la intuición y a su caudaloso mundo del inconsciente (Margarita Carrera, siguiendo a Freud), la crítica hoy ha de hacerlo con respecto al autor y a su intención comunicativa y quedarse solo con lo que el texto (léase el lector) pueda significar.                    

      En una dirección positiva, la anterior teoría literaria ha contribuido a una nueva comprensión de la naturaleza de los textos literarios. Pero tal cosa nos motiva a  reflexionar todavía más sobre este tema antes de seguir seducidos ya sea por aquella teoría que ahora es considerada positivista (Barthes) y moderna, o por aquella posmoderna actual a la que nos hemos referido. Es lo que trataremos en el próximo ensayo.  

Ascensión Reyes (Comentario libro)-Chile/Enero de 2015

“LA SEÑORITA CORA"
De Julio Cortazar – ARGENTINO

       Cora es la enfermera que atiende a Pablito, un adolescente que ha sido sometido a una delicada operación. Su estado es preocupante porque la fiebre no ha cesado.
            En esta historia, se advierte una curiosa forma de narración, el autor hace interactuar los pensamientos de los diferentes personajes, dirigiendo la trama. En ella, Cora, no puede evitar involucrarse con el enfermo a su cuidado, Pablito. A su vez el muchachito siente admiración por la enfermera, su aspecto juvenil y su hermoso rostro le impactan a pesar de su delicado estado.
            En cada frase el autor va dando pistas para descubrir el devenir de los personajes, involucrando al lector en estos sentimientos, tales como: la preocupación y ternura desmedida de Cora por Pablito, el amor y preocupación de la madre por su hijo, que llega hasta considerársele una persona antipática y desagradable, el novio de Cora que provoca los celos del menor, en un inicio de su propio despertar sexual.
            Una historia tierna y a la vez trágica en que la historia gira en torno a los personajes principales, el jovencito enfermo y la enfermera, terminando en un final que sólo se puede predecir.

            Sin embargo, y sin el ánimo de desmerecer a este famoso escritor, en las alas de la fantasía, en que todo es posible, y con el debido respeto, me atreví a continuar la historia, no satisfecha con el final casi abierto y conmovedor que su autor le da.  Salvé a Pablito de las garras de la muerte y a Cora le di un nuevo destino en Chile.  

Ascensión Reyes (Cuento)-Chile/Enero de 2015

UN CHISTE CRUEL

Manolo caminaba con paso seguro por la avenida iluminada por el sol poniente. Los jardines de las tiendas lucían floridos y sus perfumes parecían inundar el ambiente.
            Debía estar triste, pero muy por el contrario, me siento liberado, tanto como si una pesada mochila en mi espalda me hubiese abandonado. Por primera vez, después de mucho tiempo, voy sin prisa alguna. Su tranco lo acompasó al ritmo de sus pensamientos, ágiles y seguros.
            Era un hombre cincuentón, de buena figura a la distancia, y de cerca mejor, se podría decir atractivo. Sus ojos azules  en un rostro moreno, hacían resaltar su simétrica dentadura, ahora visible al sonreír ante su imagen reflejada por las grandes vidrieras de una tienda de autos.
            Tras el cristal, una mujer de mediana edad, rubia, posiblemente teñida. Sin duda bastante atractiva. Su cuerpo, bien formado, no dejaba indiferentes a cuanto varón se le cruzara, y su perfume, suave y penetrante, envolvía hasta el pensamiento.
            Mientras Manolo, contemplaba un vehículo que llamó poderosamente su atención, la rubia se acercó con cierto disimulo. Pero no tardó  mucho en decidirse y lo abordó, con una sonrisa cautivadora.
            -Señor, disculpe. Me agradaría conversar con usted. Soy publicista y estoy trabajando en un suplemento de vestuario. Es para una cadena de grandes tiendas y me hace falta una imagen de varón, así como la suya.
            El hombre pensó que podría tratarse de una broma de mal gusto, de esas que acostumbran hacer en algunos programas televisivos, por ello sonrió y enarcó una ceja, lo que le proporcionó más atractivo.
            -Perdón señorita, creo no entender. Veamos, ¿usted cree que mi imagen le puede servir de modelo?, o es un programa de esos donde a los incautos, por no decir algo más feo, les hacen creer en una situación equivocada. ¿Una vulgar tomada de pelo?
            -¡No!, dijo la rubia. – ¡Definitivamente, no! – Observándolo con atención y pensando, que no se había equivocado en su apreciación precipitada. –Es más, agregó.- Lo invito al café del frente, para explicarle con más detalle mi proposición.
            -¿Total qué puedo perder?- pensó y la siguió dócilmente.
             Al calor y agrado de un aromático café, le conversó de su oferta para que modelara ropa masculina de todo tipo, fijando sus honorarios y su horario de trabajo. Quedaron convenidos para iniciar la primera toma fotográfica para el día siguiente, y así avanzar en el aprendizaje de una actividad que no estaba ni remotamente dentro de sus conocimientos.
            De camino a su departamento, arrendado recientemente, iba pensando que su positivismo ante las dificultades lo había salvado. Hacía dos meses estaba cesante. Su patrón había puesto los ojos en su mujer: joven, bella y ambiciosa. Los lujos, y el auto último modelo, la convencieron de convertirse en amante con cierta ventaja en la vida del empresario.
            Él ya tenía un matrimonio anterior. Su fiel y devota esposa había fallecido, junto al bebé que esperaba. Tragedia que suavizó con el conocimiento de Ángela, quien muy luego buscó otro horizonte más productivo.
            Al otro día llegó temprano a la dirección indicada en la tarjeta, e inició sus primeros aprontes de modelaje, que en razón a su buena salud y disposición, le fueron más fáciles de lo que hubiese imaginado.
            A la semana siguiente, ya caminaba con la soltura propia de un modelo avezado. Se sentía poco menos que triunfador. Denisse, que así se llamaba su jefa, lo tenía medio trastornado. Su trato cordial, su figura espléndida y su perfume, cuyo recuerdo lo hacía divagar en sus noches de soledad, lo estimulaba en su nueva actividad. Al parecer, a la mujer tampoco le era indiferente, puesto que al configurar alguna imagen visual de tal o cual prenda, sus ojos oscuros quedaban prendidos en los suyos con un indefinible mensaje, todavía no analizado en profundidad. 
            Un día que el fotógrafo debió retirarse más temprano, Denisse le propuso posar unos nuevos modelos de ropa de playa, entre los que se encontraba un reducido traje de baño, un poco atrevido, pero sugerente para un hombre de su edad.
            En un giro rápido, mientras ella le indicaba cierta postura de brazos y piernas, los hizo toparse en forma brusca, ambos quedaron prisioneros de sus miradas al observarse tan cercanamente. Él, la acercó con cierta timidez y juntó su boca a la de ella. Sintió una sensación de correspondencia femenina, que lo hizo apretarla con más fuerza y hundirla en un abrazo que lentamente dio origen a caricias más íntimas. Desembocando en un silencioso estremecimiento de sus cuerpos entremezclados, hasta terminar en un clímax que detuvo el tiempo.
            Ya era medianoche y reinaba la oscuridad. Ella fue la primera en separarse, sin decir nada, como temerosa de romper el hechizo. Fue al baño a vestirse, componer su peinado y maquillarse. Manolo, aún aturdido, trataba de pensar. La pasión había sido desbordante. Sin embargo, algo extraño rodeó esta relación, que no acertaba a definir. Algo no encajaba en sus conocimientos acerca del amor.
            La mujer apareció compuesta. Ya dueña de la situación, cerró las cortinas y encendió la luz.
            -Lo siento, tengo que irme rápido- No obstante se notaba su confusión. -Mañana nos veremos. En la toilette te dejé una nota, te ruego la leas antes de retirarte.- Abrió la puerta y la cerró tras ella, suavemente.

            El hombre se incorporó y se dirigió al lugar donde lo esperaba el mensaje. La habitación todavía olía el penetrante perfume de la mujer. Leyó, tratando de comprender. Su rostro reflejó sorpresa, sus ojos ya no lucían ese brillo del hombre triunfador. Esta noche, la vida le había jugado otra broma cruel.

Ascensión Reyes (Poema)-Chile/Enero de 2014

EL MADERO

Aquel rústico madero
vio la luz en un monte enclavado
que entre tinieblas, odios y denuestos,
rudas manos
en cruz convirtieron.

Allí estaba el Redentor
el hijo del carpintero,
llamando al Padre en su agonía
entre un ladrón humilde y arrepentido
y otro de enraizada soberbia.

¡Que afortunado fue ese madero!
Sostuvo con amor ese cuerpo divino,
fue partícipe del sufrimiento, y
como dardos venenosos,
escuchó las blasfemias de los soldados .
Aquel paciente madero,  supo
del Salvador y su último suspiro.

Con el deslizar de los años
alguien lo debió encontrar,
viejo y apolillado, esperando su fin.
Sin embargo…
tendría el honor de abrigar,
el fogón de un  hogar

con aromas de bondad.