sábado, 23 de julio de 2016

Iván Villafañe, 28 años-Argentina/Julio de 2016



MICROPOESÍA...

Buscaban tanto a dios
que apareció, a través
de la conversación.

Diego Rosas, 18 años-México/Julio de 2016



EFÍMERA REALIDAD

Para los iniciados en la vida popular
¿Qué infinitos vacíos buscan llenar? al ofrendar
su finito tiempo a la pobre comunidad....
Vaga búsqueda del ser; Efímera Realidad.

Extraños cuentos que desembocan en otros más,
casi todos estos con ilusorio final.
A veces una clara perdida de tiempo,
otros un punto de partida al momento.

Buscar en las palabras el íntimo reflejo
de lo innombrable, extraños sentimientos
que pasan al inconsciente como espejos.
Al querer entenderlos quedaríamos perplejos.

Horas acumuladas en otras, finalidad
tajante e inherente a la fugacidad
del tiempo mismo, palabras que se repetirán
en la humilde boca de otro poeta más.

Buscan enajenarse en el mismo tiempo
pero solo nos encontramos en el presente
Yo prefiero enajenarme en la muerte
Disolverme será mi pasatiempo.

Joan David Neinadel, 24 años-Argentina/Julio de 2016



YO, MUJER
Accésit del IV Concurso Internacional-General de Poesía

Me siento golpeada. Llena de la impotencia.
Una sensación de no saber cómo seguir.
Juntar todo en un grito o soportar la demencia...

En la sociedad machista en que toca vivir.
Respeto es lo que pido. Un mundo de nuevos hombres.
Algunos, al tener fuerte la voz o la mano,
Mienten y se creen varones, dueños de casa.
Imaginen si sus voces tuvieran de humano.

Gritemos por justicia a la situación que abraza.
A la mujer sin dueño. A las mujeres sin nombres.


Elijamos el cambio en el acto individual.
No podemos callar. Un nudo entre las gargantas.


Momentos diarios. Acostumbrada a lo anormal.
Icono de la realidad que viven tantas.


Éfila Farana, 4 años-Argentina/Julio de 2016


Antonio Distel, 10 años/Julio de 2016


Cristhian Chiscul Uriarte, 20 años-Perú/Julio de 2016



LA TRISTEZA ACORTA LA VIDA, MIENTRAS UNA SONRISA LA ALARGA
Mención del IV Concurso Internacional-General de Poesía

Hoy me levanté
vestido de alegrías,
acompañado de aves cantoras
al son de su melodía.
Hoy me hago un gran traje
con las sonrisas
que veo durante el día.


Y llueven gotas de sudor
sobre mi conciencia,
en un mundo irreal

donde todo al parecer
es apariencia.

Donde "Soy"
el tornillo de mis dudas,
dando así variadas vueltas

hasta que encaje sobre mi cama,
pasando el tiempo,

a la espera del llamado
de la calma.

Emprendiendo una caminata
hacia el balcón de mis recuerdos,
con aquel frio
como abrigo,
teniendo como única testigo

de mi charla a la luna.

una charla intensa
sobre mi vida,
sobre la reflexión misma

de la poesía.

Así es un análisis interior
sin tanta prisa,
llena de cautela
llegando al corazón.

Sol Brissolesi, 15 años-Argentina/Julio de 2016



SUEÑO 
Ganadora del IV Concurso Internacional-General de Poesía

Esa noche
mirando el cielo
te encontré...

en las flores más bellas
de mi corazón.
Tan solo esa mirada,
un viaje por el mar
me regalaba.


Soñando estaba
y sin darme cuenta
un beso tuyo
me tocaba las mejillas.


Tan solo volabas,
dejando el perfume
de tus alas.


Tu camino seguiré
y veré si es verdad
que en el cielo
estás bien.

Darío Sebastián Emanuel Avila, 28 años-Argentina/Julio de 2016



TE QUIERO

Te quiero porque existes,
porque respiras y porque amas,
porque cuidas y celas,
te enojas y sonríes.
Aunque no estés aquí,
porque eres libre....
Te quiero

María Esther Ruíz Zumel-España/Julio de 2016



PALPITACIONES

Recuento una a una las palpitaciones de tu
ágil corazón,
Devuelves la paz,
Tranquilidad sosegada de gentileza.
Permiso intermitente.
Reposan sobre tu pecho robado.

Damarys de los Ángeles Zamora Escanell-Cuba/Julio de 2016



Retrospectiva I  

Una, dos, tres... ¿Por qué están tan lejos, papi? Cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve… ¡mira, se me escapó aquella, no la había visto! ¿O es que apareció ahora? Bueno, diez, once, dieciocho… ¡Son muchas mijo!, pero las voy a contar todas, toditas.- ¿Quién las hizo? …¡Lucen lindas adornando tanta oscuridad!
-Sigue contando, niña, creo que vas a poder contarlas todas. -¡Claro!  No, no, no, yo sé que no las puedo tocar porque están muy altas,…ciento cincuenta, ciento cincuenta y dos, doscientos treinta…y…uno…-Shssss, vamos pequeña, casi tengo los pies entumidos. Mañana si no hay nubes, podemos seguir contándolas…-Sí papi,…cua-ren-ta…y…cin-   co…

Luciano Zabala-Argentina/Julio de 2016



Para los sueños


Algunas veces pueden ser horribles pesadillas,
otras veces pensamientos que son maravillas.
Pero no se puede negar que momento extraño,
cuando estamos viviendo un sueño.
Un sueño puede ser como una misión
de lo que pretende una organización.
También lo que deseamos en la vida,
porque no hay nada que lo impida.
En ese momento, todo puede ser posible,
porque a la imaginación le sobra combustible.
Pero es muy bello saber que cuando despertamos,
estamos cerca de ese momento que anhelamos.

Nélida Vschebor-Argentina/Julio de 2016



ALBEDRÍO


Estoy alegre       quizá
Si la ventura hallo
disimulo
Si las flores expanden
a mi paso           las ignoro
Si por solaz
me encuentro rodeada
resisto


El tiempo deambula inexorable
latiendo campanas
El helado viento susurra
y en espiral me envuelve
La vida escurre a mi lado


Entonces
me agacho y recojo
Recojo un pedrusco irrisorio
inserto en el camino.
Es exiguo  
                    es opaco  
                                    es inocuo
Pero es mío.

Irma Verolín-Argentina/Julio de 2016






          Asomarse al universo poético de Revagliatti es entender la poesía como juego, como fanfarria del lenguaje, como un acto de desacralización y al mismo tiempo como
integración de lo diverso. Hay una cierta actitud de subversión frente al lenguaje y el tratamiento de la materia poética que incomoda y proporciona otro lugar. Surge lo farsesco, lo caricaturesco, lo irreverente, lo desopilante, lo burlesco, lo paródico, lo intertextual: un compendio de matices estéticos. Poesía con algo de fanfarria y, por momentos, de disloque que trabaja la evidente mixtura de distintos registros del habla. Suelen rastrearse giros pertenecientes a voces populares, así resulta inevitable encontrar resonancias de los antipoemas de Nicanor Parra y de la escritura de Oliverio Girondo y a su vez de Carlos de la Púa, de Gelman y de la propuesta lingüística del autor cordobés Juan Filloy. Se percibe cierto uso de la enumeración como recurso que da cuenta de la multiplicidad de una visión y de un cruce en alguna que otra esquina con la tradición de voces populares en el recorte del espectro temático y en la mirada, aunque la mirada tiene por momentos un sesgo paródico leve. Da la sensación de que Revagliatti busca otro lugar para el lector, de este modo el poema se presenta como pivote para expandirse y salirse de los márgenes. Poesía transfiguradora, que impone lo infrecuente, lo revulsivo, una poesía perturbadora que nos invita en cierto modo al escándalo ante lo convencional e instituido. 
          La tradición literaria está allí y Revagliatti juega con ella, dialoga con ella, hasta podría decirse que se divierte con ella. Poesía entonces en diálogo con diversas corrientes literarias que establece una relación lúdica y se permite ir y venir con soltura. Y detrás de todo hay un gesto sobresaliente, el de un escritor que no sólo escribe sino que se reescribe a sí mismo en nuevas ediciones de sus obras. La palabra está viva y está desnuda una vez más y es vestida para que se desvista después. La palabra es mutación, pasible de entradas y salidas, órgano que se reproduce a sí mismo como esos animalitos que regeneran sus partes amputadas, la palabra en estado de percance, de alucinación, cercana a un estallido, policromática. La palabra abarcando lo múltiple que no deja de cambiar.
          Realizando una mirada general se percibe un rasgo abarcativo que intenta capturar lo vasto, lo amplio, lo diverso, para decirnos que el mundo explota en su significación a cada instante. El lector se convierte de esta manera en el cómplice de un despliegue que promete no finalizar.

Azul Strauss Markuart-Argentina/Julio de 2016



PASAJERA DE LA ÙLTIMA MURALLA

Patagonia Argentina

Tierra Albina
tan lejos de mis ojos

tan cerca en mi alma

Patria mía, Patria blanca,

tierra misteriosa de espinosas hierbas,

catarro sin fin de ciclones blasfemos.

Allí aúllan entumecidos los glaciares
y ovulan espumosos, los inquietos ríos
serpenteando la hipotermia

de los coléricos remolinos,

entre las libélulas y las truchas.

Iris abierto sobre el horizonte,

dragón aislado,

amigo de un escarabajo albino.

Tierra viva,
pezón de la libertad argentina,

Patagonia querida

frívolo asfalto de hierro y plata,

vertical coqueteo

de aquellos desafiantes valles,

dónde la calidez de los tulipanes

te arranca un sollozo

y te hace sentir más viva,

más allá de la cálida embriaguez

que hoy se revuelve en mi sangre
al contemplarte.

viernes, 22 de julio de 2016

Federico Skliar-Argentina/Julio de 2016

los geriatricos

son  abuelos olvidados por una familia oficial,
dejados siempre de lado ya casi no pueden hablar,
algunos perdieron  la memoria otros,
en sillas de ruedas estan,
mirando el frio invierno donde nada haran,
rehenes de dueños de un geriatrico de capital, 
con la mirada baja aceptan su realidad, 
no tienen ningun futuro la muerte van a encontrar,
en esa esquina que dobla  cuando sus años los delataran, 
geriatricos donde utilizan a cada abuelo grupal, 
dejandoles en sus ojos las ganas siempre de llorar,
se han separado de sus sangres  cada minuto se les va,
no yendo a ninguna parte atados a la rutina semanal.

Luis Siburu-Argentina/Julio de 2016

El azafrán y la sirena

El joven murciano tenía una duda. Ir a pescar esa tarde a Cartagena o al Puerto de Mazarrón. Pero se definió por éste, dado que a la caída del sol podría comer los ricos churros de Carrañaca. Tomó las cañas, puso en marcha el Seat y allá se fue a ubicar en los montículos de piedras que rodean el lugar, bañado por el Mediterráneo.
En eso estaba cuando la línea tironeó fuerte y casi lo hace caer al mar. Miró hacia abajo y se encontró con una bella carcajada de mujer y un delicado brazo que pretendía ayuda para ascender desde la hondura de las olas que jugaban contra la costa, cansada ya ella de nadar desde un peñón cercano.
Al rato charlaban juntos tomando té moruno con hierbas aromáticas, en un romántico rinconcito de la teteria marroquí ubicada en el espigón. Intercambiaron nombres. Ella dijo que se llamaba Kimera y él le contestó que lo bautizaron Crocus.
Por supuesto que observando la belleza de Kimera, Crocus se olvidó de los churros y le propuso caminar completa la costanera. La distancia de punta a punta de la bahía daría tiempo para conocerse e intercambiar vivencias.
Los antepasados del muchacho eran griegos, de Salónica. A unos mil quinientos kilómetros, en línea recta, de la Alejandría egipcia de los antecesores de Kimera, aunque en realidad, como en todas las familias, sus árboles genealógicos les llegaban ya con las ramas algo torcidas, algunas rotas y otras imaginadas o inventadas. Seguramente muchos pueblos de oriente u occidente podrían decir que el origen de Kimera y Crocus les pertenecía. Así es la humanidad. Así es la historia. Se traslada boca a boca, dato a dato, con intereses, desvíos y matices.
Pero esa gran distancia entre pueblos y generaciones, se había achicado ahora a cinco centímetros, lo que separaba las manos de los jóvenes a punto de tocarse, con la mentirosa excusa de sostenerse sobre la deslizable arena.
El beso tardó un poco más en llegar, quizá porque la luna iluminaba demasiado o las farolas quitaban intimidad, pero la sangre de dos pueblos sufridos y guerreros en sus venas pudo más y ya estaban fundidos en un largo abrazo, tan largo que los camareros del cercano restaurant le brindaron olés y aplausos.
Colorados de vergüenza y rojos de pasión, volvieron abrazados hacia el centro. Crocus le dijo a Kimera que unos amigos le habían contado que en la calle Rueda había una pensión de una señora conocida como Pilar, que daba comida y alojamiento a los turistas. Quizás  podrían cenar allí y pasar la noche.
Subieron hasta el segundo piso, se presentaron y Pilar, al escuchar el nombre de ambos, le llamó la atención. Apagó el televisor donde escuchaba su favorito Telemurcia, pasó el trapo húmedo por la mesa y les dijo que se pusieran cómodos que ella volvía en media hora.
Se fue a la biblioteca de la casa, hojeó una antigua enciclopedia con los nombres escuchados y se le dibujó una sonrisa. Algo se le ocurrió en ese momento a la anciana cocinera para preparar un plato que relacionara más a la pareja en este primer encuentro de amor.
Ellos estaban aún pura caricia, cuando al rato retornó Pìlar con el grito entusiasmado de “ Chavales, este es el plato justo para ustedes…sopa de pescado al azafrán. Todo muy sencillo. Saqué del congelador un paquete de preparado de productos del mar. Agregué cebolla, tomate, ajo, puerro, zanahoria, vino blanco de Valladolid, pan, avellanas y almendras tostadas, aceite de oliva andaluz…y por último y fundamental… cuatro briznas del oro rojo del azafrán…un manjar…y no me digan que no les gusta o no lo van a comer porque en esta casa no se permite eso…Sus nombres me inspiraron…”
Los jóvenes se miraron y preguntaron a dúo…”¿Qué tienen que ver nuestros nombres con la comida que preparó?...
Pilar sentenció rápido…” No me van a decir que no sabían que Kimera significaba Sirena y que por Crocus se lo conocía al Azafrán…¿nunca les interesó saber porque le habían puesto nombres tan particulares?”
Entrecruzaron miradas. Parece que se habían elegido bien. Al menos había una sopa que los unía. En ese momento se animaron a preguntar…
-¿Podemos pasar la noche aquí?
- Por supuesto, acá el servicio es completo, es parte de mi negocio, tengo algo de Celestina…no se imaginan la cantidad de enamorados que han dormido en  esa habitación…y siguen juntos…y sirena y azafrán dan buen aroma…¿o no?

Alicia Scordomaglia-Argentina/Julio de 2016

DE MOÑO

No quise pelearme con Amalia.
-¡Sacate esa corbata! ¡Vas a llamar la atención! Es el casamiento más paquete del año.
¡No me vas a hacer quedar mal con mi hermana!
Raquel me lo aclaró muy bien: smoking negro, camisa blanca,  y moño al tono… ¡Nada de corbata! Ya no se usa.

En el momento  en el que ella fue al tocador a terminar de maquillarse, Jorge  corrió hacia el armario y descolgó de un tirón la más llamativa y pintoresca…  ¡Justo a tiempo!
-¡Ya estoy lista! ¿Nos vamos?

-¡Pero qué elegancia, chicos!- suspiró la madre del novio. Ya conocía de buena fuente las ocurrencias de su cuñado.
Él se comportó seriamente durante la mayor parte de la fiesta. Pero no pudo con su genio…
Durante la cena, en un descuido de su esposa, se filtró al baño de hombres.
Se cercioró de que no hubiese testigos… 
Arrancó aquella negra tortura del cuello, e hizo el cambio…

Las luces se apagaron…  Venía  el vals…
-¿Dónde estabas? Me distraje charlando con Mara, y de pronto desapareciste…
 Preparate que vas a estar entre los primeros para la foto.
Caminó agachado hacia su lugar, y se sentó…


Al  mirar nuevamente el video del evento, ella no pudo evitar reírse…
- ¡Naranja! ¡Con avioncitos verdes!....  Ahora entiendo la calentura de tu vieja…
¡Qué bárbaro tu tío, che! Tenías razón…




Edelweys Shaffner-Uruguay/Julio de 2016

UN INSTANTE

te mire y fuiste ,
hierro retorcido,
clavado en mi alma.
me miraste y fuiste,
esta orquidea negra
rara y exótica ,
nacida entre la lava .
pero no fue...
porque se quebro,
la rama de un recuerdo.
porque tu mirada y hilo el destino,
pero no le puso nudos al tiempo...
porque callo nieve,
antes de develarse el misterio,
y el rugido de los leones,
ahullentó a la cándida paloma...
y me quede allí,
en el espejismo de tus ojos,
apenas sintiendo...
mientras tu mirada tibia,
se diluía como el agua.
tu dedo me apuntaba,
retorciéndose  en mi llaga.
fue justo así...
un instante...eterno...
que me costo el olvido,
y una lágrima...

María Guillermina Sánchez Magariño-Mar del Plata, Argentina/Julio de 2016

EL CABECEO

     Desde la esquina se oyen los acordes empalagosos del bandoneón. A mitad de cuadra, una copa roja de neón se adueña de la noche. El Tuerto Gutiérrez entra a la milonga con la luna envenenada en los ojos. La orquesta de “señoritas” suda alcohol sobre el escenario. A los costados se apretujan mesas y sombras de hombres y mujeres. En la barra está la Turca Zoraida con las tetas sobando el mostrador. Sus labios violáceos se quedan pegados al borde del trago cuando lo ve ingresar. Desvía la mirada hacia el centro de la pista donde zapatos abotinados de charol y piernas con raya al medio se entreveran. Sabe que viene en busca de su escote y de su pollera tajeada. El ojo único la relame, provocándola. Ella separa las rodillas cortando en seco el humo denso del tabaco aferrado al taburete. El sombrero del Tuerto Gutiérrez se ladea hacia la derecha invitando al baile. La Turca Zoraida no se hace rogar. Avanza la seda eléctrica de su blusa desabrochada y se planta airosa bajo la luz alcahueta del reflector. Un brazo firme le rodea la cintura y siente en su mano el envoltorio de unos dedos febriles. Obediente, se abandona a los compases y a la marca del varón sobre la espalda. Ya es más de medianoche. Por la puerta entreabierta del boliche entrará, de un momento a otro, el Flaco Peralta con iguales intenciones. Sonríe pensando en que el Tuerto se envalentonará primero para arrugar después. Como noches anteriores, quedará en claro que ella es hembra de un solo macho. Entre cortes y quebradas relojea la entrada. El Flaco no aparece y la milonga sigue hasta que el sol despunta. El Tuerto Gutiérrez desmolda su brazo del talle de la mujer, no le ha dado ni un respiro. Durante el baile se ha calzado sus tetas y le ha metido su bufoso entre las piernas. La suelta de golpe a la Turca Zoraida, que trastabilla, y se va nomás, con la misión cumplida.
     En un zanjón del suburbio, el sol abraza el cuerpo baleado del Flaco Peralta y le saca las últimas ganas de milonguear de los ojos.

Juan Daniel Salica-Argentina/Julio de 2016


EL MÚSICO


            Cuando llegó, la mayoría de los chicos parecían desconocer su nombre, pero habían escuchado tantas veces su historia, que el músico era uno más entre ellos, como lo fue en los años transcurridos en el mismo orfanato. Él volvía a reír, y un eco pasado por paredes viejas le agregaba sonidos a la ancianidad de las luces. Todos ahí sabían que el músico caminó el mundo soplando colores guardados en su trompeta. Esos colores que seguramente tomó de la escasa primavera que mostraban las ventanas.
            Sin darse cuenta ya estaba rodeado de pequeños y nutridos abrazos de abeja, y él corola o derrame de miel, sonreía como nadie, abriendo de costa a costa su país de alegre monarquía.
            El comedor, sobrecargado de ojos impacientes, aguardaba la entrada gloriosa del músico. Ingresó cantando y con una fuente enorme y repleta de comida. Y sus amigos detrás, con más comida y pan para todos.
            No había prensa. El músico comía y se miraba en cada rostro. Disfrutaba de ellos y del ruidoso silencio de cubiertos, platos y dientes.
            Después de comer, todos pensaron que se iría, con la misma prisa de la mayoría de los visitantes, aunque él prefirió el pasillo oscuro y angosto al que recordaba como callejón, y lo conducía hasta los dormitorios. Se fue a acostar en la cama donde posiblemente haya soñado, casi despierto, alejarse para siempre. Primero se sentó y luego dejó caer su cuerpo oscuramente luminoso. El colchón le hizo sentir los elásticos en plena columna, sin embargo durmió un largo rato.
            Uno de sus amigos fue el encargado de interrumpirle el sueño y de recordarle el horario del ensayo. Se levantó sabiendo que tenía que despedirse. El ritual de abrazos se repitió y comenzó a alejarse, con un gesto perezoso a la distancia.
            Puertas adentro, los chicos sabrán esperarlo como a un mago o un rey de un país que desconocen, pero seguramente cuando toquen el primer sueño, ése que hoy va a costar más que nunca, porque en la oscuridad él estará comiendo con ellos, riendo y cantando. En ése costoso dormir querrán ser como él, y soplar colores y caminar el mundo y regresar, siempre regresar. Será en ese momento donde tendrán una sonrisa tan grande como su música.