viernes, 22 de julio de 2016

María Guillermina Sánchez Magariño-Mar del Plata, Argentina/Julio de 2016

EL CABECEO

     Desde la esquina se oyen los acordes empalagosos del bandoneón. A mitad de cuadra, una copa roja de neón se adueña de la noche. El Tuerto Gutiérrez entra a la milonga con la luna envenenada en los ojos. La orquesta de “señoritas” suda alcohol sobre el escenario. A los costados se apretujan mesas y sombras de hombres y mujeres. En la barra está la Turca Zoraida con las tetas sobando el mostrador. Sus labios violáceos se quedan pegados al borde del trago cuando lo ve ingresar. Desvía la mirada hacia el centro de la pista donde zapatos abotinados de charol y piernas con raya al medio se entreveran. Sabe que viene en busca de su escote y de su pollera tajeada. El ojo único la relame, provocándola. Ella separa las rodillas cortando en seco el humo denso del tabaco aferrado al taburete. El sombrero del Tuerto Gutiérrez se ladea hacia la derecha invitando al baile. La Turca Zoraida no se hace rogar. Avanza la seda eléctrica de su blusa desabrochada y se planta airosa bajo la luz alcahueta del reflector. Un brazo firme le rodea la cintura y siente en su mano el envoltorio de unos dedos febriles. Obediente, se abandona a los compases y a la marca del varón sobre la espalda. Ya es más de medianoche. Por la puerta entreabierta del boliche entrará, de un momento a otro, el Flaco Peralta con iguales intenciones. Sonríe pensando en que el Tuerto se envalentonará primero para arrugar después. Como noches anteriores, quedará en claro que ella es hembra de un solo macho. Entre cortes y quebradas relojea la entrada. El Flaco no aparece y la milonga sigue hasta que el sol despunta. El Tuerto Gutiérrez desmolda su brazo del talle de la mujer, no le ha dado ni un respiro. Durante el baile se ha calzado sus tetas y le ha metido su bufoso entre las piernas. La suelta de golpe a la Turca Zoraida, que trastabilla, y se va nomás, con la misión cumplida.
     En un zanjón del suburbio, el sol abraza el cuerpo baleado del Flaco Peralta y le saca las últimas ganas de milonguear de los ojos.

2 comentarios:

Josefina dijo...

Muy bueno tu cuento tanguero María !!! beso Josefina Fidalgo

guillermina dijo...

gracias josefina me alegra que lo hayas disfrutado un saludo cordial