Sin huellas en la piel
Tarde en la noche
vuelvo a mi aposento satisfecha.
Sigilosa retomo la pose de mujer ingenua
y puedo
mirarte a los ojos sin sentir culpa.
He vagado
largas horas el arco iris
luminoso
casi ciega de amores y tormentos,
siempre dispuesta a recorridos nuevos,
quebrando las barreras insalvables,
con fantasías doradas a mis pies,
de esas que no dejan huellas en la piel,
pero sí en el alma.
Y por qué sentir culpa,
No hay porque sentirlas,
si los años sobre el vientre no las sienten,
si el temblor del cuerpo lo permite,
y las lacras
ocultas en el alma lo reclaman.
Hago con mi vida lo que quiero y puedo.
Que se pudra la crítica y el desprecio ajeno,
que se muerdan la lengua los hipócritas,
los que niegan sus sentires y se amargan,
con el amargo cruel de la desidia
y la envidia
mortal de los idiotas,
de esos idiotas que no viven,
ni te dejan vivir como tú quieres.
Porque tu vida es una y es solo tuya.
2 comentarios:
Cuántas verdades Carmen, cuántas me son afines y no siento culpa.
Un canto sincero y libertario es poema en el que me reconozco. Felicidades. vic
Agradezco este maravilloso espacio literario poder compartir mis letras desde Puerto Rico al Mundo, Un abrazo solidario, Carmen Amaralis Vega Olivencia (CAVO)
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